Al fin y al cabo sólo eran un grupo de chavales a los que les gustaba tocar las canciones de sus ídolos. Ellos mismos admitían que preferían escuchar el material original a sus propias versiones. Pero las cosas estaban cambiando a velocidad de vértigo en muy poco tiempo. The Beatles no dejaban de empujar a la música a límites cada vez más insospechados y, además, componían sus propios temas. Ahí estaba el prestigio y, sobre todo, el dinero. Hasta sus primos, The Pretty Things, escribían su repertorio. Los singles de blues y de rock and roll primitivo cedían paso ante el formato LP, y su productor y manager no dejaba de exhortarles a que compusieran. No podían permitirse ser otros Searchers. De esa época tentativa queda constancia en las numerosas grabaciones que aparecerían en recopilaciones de rarezas, pero The Rolling Stones no publicarían un album completamente escrito por ellos hasta 1966.
Llevaban ya un tiempo escribiendo tremendos singles de éxito cada vez más sofisticados, pero todo un LP eran palabras mayores. Aftermath, como su propio nombre indica, llegó como un compendio de todo lo que habían venido ensayando hasta el momento. Las canciones son de Mick Jagger y Keith Richards, sí, pero es Brian Jones quien toma las riendas del sonido, y por fin ve cómo se acerca su sueño de liderar a la banda. A lo largo de todo el disco Jones demuestra sus habilidades como multiinstrumentista y arreglista. Sitar, harmonium, dulcimer, teclados. Todos los instrumentos posibles pasan por sus manos dando vida a un sonido que los Stones no volverían a revisitar hasta el homenaje que supuso New Faces en Voodoo Lounge, su disco de 1994. Aftermath fue el primer indicio de que ellos también eran capaces de crear su propio Rubber Soul.
Es la época del Swinging London. Los Stones pasan por Carnaby Street para hacer acopio de camisas floreadas, grandes sombreros y gafas de sol de colores. Brian se ve cómodo con ese nuevo atuendo, a Mick todo le sienta bien, pero Keith parece fuera de lugar, como un crío escapado de un reformatorio que se hubiera disfrazado de buen chico. Su cara, constantemente colocada, lo delata. Paint It Black, Have You Seen Your Mother Baby Standing in the Shadow? y Let’s Spend the Night Together fueron tres singles que sirvieron de puente hasta su próximo album. El primero acusaba la moda del exotismo hindú, en el segundo por primera vez utilizaban una sección de viento y unas saturadas guitarras ácidas que auguraban una nueva época, el tercero llevaba en su cara B un nostálgico canto al flower-power, la paz y el amor. Llegaba la psicodelia.
A principios de 1967 entregan Between the Buttons, un trabajo encantador y todo un tratado de los tiempos. Una obra completa en la que los Stones se toman por primera vez el album como un todo. Más recomendable en su versión británica, que no incluía ningún single, es dulce como un azucarillo bañado en LSD. Un disco impregnado de la influencia de The Kinks y el music hall, donde las tendencias del rhythm & blues quedan recortadas a su mínima expresión y prevalece un acercamiento a la inocencia de la infancia. Es una época feliz para Brian Jones. En Between the Buttons despliega de nuevo sus mejores artes utilizando aún más instrumentos para construir un pop de cámara semiacústico y casi isabelino. Tremendamente divertido y enternecedor, es un disco muy lejano de lo que uno esperaría hoy en día de Sus Satánicas Majestades.
Y entonces The Beatles golpearon al mundo con Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Previamente John Lennon y Paul McCartney habían aportado voces al single We Love You / Dandelion, apoyando a Mick, Keith y Brian, que estaban cada vez más metidos en drogas, entrando y saliendo de la cárcel, y siendo anfitriones de redadas policiales. Las autoridades quieren darles un trato ejemplarizante. A estas alturas los Stones ya están desarrollando su concepto de la música psicodélica, un sonido mucho más espacioso y sideral que el de sus contemporáneos, pero el mazazo de Sgt. Pepper’s los llevó a una competición en la que se sentirían como un pez fuera del agua, vadeando fuera de su territorio y cometiendo no pocos errores insuflados por un consumo de drogas desatado, un hábito que está también empezando a pasar factura en las relaciónes personales dentro de los miembros del grupo.
Cuando a finales de año la portada de Their Satanic Majesties Request llega a los escaparates de las tiendas, queda claro que algo raro pasa. El disco es una imitación descarada y tardía del trabajo de The Beatles, pero el contenido naufraga. Contiene grandes temas con un concepto muy peculiar de la psicodelia, pero también demasiados ejercicios de autoindulgencia. Los Stones se pasan el tiempo colocados, Brian está totalmente volado y hasta Bill Wyman tiene su oportunidad protagonizando un temita a lo Pink Floyd. Más de la mitad del minutaje no son más que desenfocadas improvisaciones empujadas por las drogas. La música deja de tener importancia cediendo sitio ante todo lo que se estaba desarrollando alrededor de la banda. Es su primer paso atrás y les llueven los palos, pero ellos están demasiado ocupados con sus juicios y sus problemas con sus novias.
1968 es el año en que todos los grandes se recuperan de la resaca de la psicodelia. Dylan se encierra en Woodstock para recuperar las raíces junto a The Band, The Byrds integran a Gram Parsons en sus filas para crear el country-rock, y The Beatles se acuerdan de Fats Domino con el single Lady Madonna. Tras el barroquismo llega la simpleza. Es cuando empieza la época dorada de The Rolling Stones. A partir de Beggars Banquet descubren los fundamentos de su sonido, Keith Richards se convierte en el riff humano y Brian Jones se queda fuera de juego para siempre, primero por sus adicciones, luego porque los demás le hacen el vacío, y finalmente porque morirá de forma trágica y oscura. Antes, los Stones se despiden de la psicodelia con el single Jumpin’ Jack Flash, el primer aldabonazo de su sonido clásico. Un gran riff todavía con gotitas alucinógenas. Agazapado en la cara B quedaba su último tema lisérgico. A la vuelta de la esquina aguardaba la Simpatía por el Diablo y la leyenda.Calificación: 4
5 Comentarios:
¿4 para todos ellos?
Hombre mucha variedad, la psicodelia tímida de Aftermath en esas líneas de sitar en Paint it Black tiene muchos quilates, tantos como pocos tiene el satanic magesties, disco oportunista como pocos. Lo que está claro es que donde lo dejas empieza lo realmente bueno de los stones que duró solo tres o cuatro añitos.
Un saludo
4 para la etapa en su conjunto.
A mi esta etapa Rolling me encanta, y me da pena que la abandonasen de manera casi tan brutal.
Y pobre Brian. Para mi era una pieza genial del grupo, aunque al parecer lo marginaron los demás Stones porque él era bastante insoportable en todos los aspectos.
Por cierto, me has recordado que he colgar Stoned. ¿La viste? Es cuanto menos curiosa.
Jo, me ha encantado el post. Pero bueno, esto era como fácil, ¿no?
Y me ha hecho mucha gracia lo de "como un crío escapado de un reformatorio que se hubiera disfrazado de buen chico."
Saludito.
Stoned me pareció flojita, un pelín aburridilla y pasada de rosca.
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