Está dentro del ADN de los norteamericanos. Aquí cualquier artista graba un villancico y las carcajadas se oyen hasta en Pernambuco. Allí, sin embargo, no hay músico medianamente importante que no haya intentado colar alguna grabación de Navidad en su haber. De Frank Sinatra a Bruce Springsteen. Claro, lo más cercano que tenemos nosotros es El Pequeño Tamborilero de Raphael, y tampoco es eso. Es el Espíritu Navideño. Les encanta. Cuántas películas se ruedan ex-profeso para estas fechas.
Hablando de espíritus, decíamos ayer como Fray Luis de León al volver a su cátedra tras cinco años en la cárcel, que The Spirit se encuentra en mi podium personal de obras maestras del noveno arte. Todos los comics clásicos, los que empezaron publicándose en los periódicos, deslizaban su pertinente mensaje de felicitación en la tira o página dominical de ese día. Will Eisner, curiosamente un artista judío, le tenía un especial cariño a las historietas que por Navidad realizaba para The Spirit, llegando a convertirse en una tradición que sólo se interrumpiría con su llamada a filas.
La obra magna de Eisner siempre ha sido un vademecum de estilos: género negro, humor, ciencia-ficción, poesía, surrealismo, metalenguaje... Nada se escapaba a la incisiva mirada de Eisner. En sus páginas navideñas el artista aprovechaba para destilar un compendio de todo lo que pretendía hacer en el comic, experimentar con el lenguaje y con la estructura de página. Empleando diferentes estilos narrativos, muchas veces agazapado tras altas dosis de ironía, el maestro dejaba siempre un mensaje de esperanza y fe en el ser humano.
Tanto cariño sentía Eisner por este tipo de historias que no sólo las realizó cada año desde el comienzo del personaje en 1940, sino que la primera historia que dibujó al volver a él tras pasar tres años y medio en el frente de la Segunda Guerra Mundial, fue precisamente la correspondiente a la Navidad de 1945. Publicada el 23 de diciembre de ese mismo año, The Christmas Spirit: Horton J. Winklenod retoma una tradición que sus continuadores habían olvidado durante el periodo de guerra. Con estas siete páginas Eisner no sólo vuelve a su creación, sino que la reclama como propia.
En aquel momento The Spirit se encontraba muy alejado de lo que había sido en un principio. El estilo de dibujo de Lou Fine era totalmente diferente al de su creador, el fino sentido del humor de los guiones de Eisner parecía olvidado y Fine utilizaba composiciones de página arbitrarias con nulo sentido narrativo. Se habían perdido las maravillosas splash-pages que habían caracterizado al personaje. Toda la audacia y la experimentación se habían marchado por el desagüe para dar forma a un producto digno, sí, pero sin ambición.
Cuando la historieta de esa Navidad comienza con el "Érase una vez" de los cuentos el lector sabe que Eisner va a utilizar uno de sus recursos favoritos: la fábula. Esa primera página es una maravilla compositiva y de narración. Con un sólo vistazo no sólo se muestra una rompedora viñeta que tiene la forma de un viejo álbum de estampas, sino que también se cuenta cómo The Spirit y su ayudante Ebony han colgado sus calcetines sobre la hoguera esperando el regalo de Papá Noel. Estamos en Navidad y los personajes están inmersos en su espíritu.
El protagonista es un multimillonario presentado como un hombrecillo simpático que no ha olvidado los sentimientos y que se ve minúsculo, casi ridículo, en un sillón que parece un trono. Es controlado por los tiburones de sus empresas que le desvelan que Santa Claus no existe. El rico millonario es todavía un niño en su corazón, y ese corazón queda roto por la dura realidad. Incapaz de asumirlo, renuncia a sus posesiones y desaparece. El comisario de policía Dolan tendrá que investigar esa ausencia.
La historia está llena de estereotipos entre el humor absurdo y el cine de buenos sentimientos de Frank Capra que está siempre tras cada uno de los comics navideños de Eisner. En ella se cruzan rocosos ex-presidiarios de corazón blando que también acaban creyendo en Papá Noel, un Spirit que recurre a uno de sus descacharrantes disfraces y, por supuesto, el verdadero Santa Claus, que aparecerá risueño para poner a cada uno en su sitio.
Una vez más, Eisner da una lección de como se cuenta una historia. Vuelven sus espectaculares composiciones en cada viñeta y desarrolla un nuevo estilo de dibujo que ya había apuntado antes de marcharse al frente en el que sus personajes tienen rasgos menos realistas, más caricaturescos, como si fueran de goma. Característico del artista, ya empezaba a utilizar a su personaje como pretexto para contar todo tipo de historia que le apeteciese, y es significativo que Spirit no sea, como tantas veces pasará en el futuro, más que un mero espectador que sólo interviene en la última página.
Calificación: 3
Hablando de espíritus, decíamos ayer como Fray Luis de León al volver a su cátedra tras cinco años en la cárcel, que The Spirit se encuentra en mi podium personal de obras maestras del noveno arte. Todos los comics clásicos, los que empezaron publicándose en los periódicos, deslizaban su pertinente mensaje de felicitación en la tira o página dominical de ese día. Will Eisner, curiosamente un artista judío, le tenía un especial cariño a las historietas que por Navidad realizaba para The Spirit, llegando a convertirse en una tradición que sólo se interrumpiría con su llamada a filas.
La obra magna de Eisner siempre ha sido un vademecum de estilos: género negro, humor, ciencia-ficción, poesía, surrealismo, metalenguaje... Nada se escapaba a la incisiva mirada de Eisner. En sus páginas navideñas el artista aprovechaba para destilar un compendio de todo lo que pretendía hacer en el comic, experimentar con el lenguaje y con la estructura de página. Empleando diferentes estilos narrativos, muchas veces agazapado tras altas dosis de ironía, el maestro dejaba siempre un mensaje de esperanza y fe en el ser humano.
Tanto cariño sentía Eisner por este tipo de historias que no sólo las realizó cada año desde el comienzo del personaje en 1940, sino que la primera historia que dibujó al volver a él tras pasar tres años y medio en el frente de la Segunda Guerra Mundial, fue precisamente la correspondiente a la Navidad de 1945. Publicada el 23 de diciembre de ese mismo año, The Christmas Spirit: Horton J. Winklenod retoma una tradición que sus continuadores habían olvidado durante el periodo de guerra. Con estas siete páginas Eisner no sólo vuelve a su creación, sino que la reclama como propia.
En aquel momento The Spirit se encontraba muy alejado de lo que había sido en un principio. El estilo de dibujo de Lou Fine era totalmente diferente al de su creador, el fino sentido del humor de los guiones de Eisner parecía olvidado y Fine utilizaba composiciones de página arbitrarias con nulo sentido narrativo. Se habían perdido las maravillosas splash-pages que habían caracterizado al personaje. Toda la audacia y la experimentación se habían marchado por el desagüe para dar forma a un producto digno, sí, pero sin ambición.
Cuando la historieta de esa Navidad comienza con el "Érase una vez" de los cuentos el lector sabe que Eisner va a utilizar uno de sus recursos favoritos: la fábula. Esa primera página es una maravilla compositiva y de narración. Con un sólo vistazo no sólo se muestra una rompedora viñeta que tiene la forma de un viejo álbum de estampas, sino que también se cuenta cómo The Spirit y su ayudante Ebony han colgado sus calcetines sobre la hoguera esperando el regalo de Papá Noel. Estamos en Navidad y los personajes están inmersos en su espíritu.
El protagonista es un multimillonario presentado como un hombrecillo simpático que no ha olvidado los sentimientos y que se ve minúsculo, casi ridículo, en un sillón que parece un trono. Es controlado por los tiburones de sus empresas que le desvelan que Santa Claus no existe. El rico millonario es todavía un niño en su corazón, y ese corazón queda roto por la dura realidad. Incapaz de asumirlo, renuncia a sus posesiones y desaparece. El comisario de policía Dolan tendrá que investigar esa ausencia.
La historia está llena de estereotipos entre el humor absurdo y el cine de buenos sentimientos de Frank Capra que está siempre tras cada uno de los comics navideños de Eisner. En ella se cruzan rocosos ex-presidiarios de corazón blando que también acaban creyendo en Papá Noel, un Spirit que recurre a uno de sus descacharrantes disfraces y, por supuesto, el verdadero Santa Claus, que aparecerá risueño para poner a cada uno en su sitio.Una vez más, Eisner da una lección de como se cuenta una historia. Vuelven sus espectaculares composiciones en cada viñeta y desarrolla un nuevo estilo de dibujo que ya había apuntado antes de marcharse al frente en el que sus personajes tienen rasgos menos realistas, más caricaturescos, como si fueran de goma. Característico del artista, ya empezaba a utilizar a su personaje como pretexto para contar todo tipo de historia que le apeteciese, y es significativo que Spirit no sea, como tantas veces pasará en el futuro, más que un mero espectador que sólo interviene en la última página.
Calificación: 3
4 Comentarios:
El (E)Spirit(u) de la Navidad. Felices fiestas, Nemo.
Un abrazo de esos que tanto te gustan.
Excelente, muy bueno lo tuyo, interesantísimo, sigue así y no cambies... Espera, no. Lo que es bueno es lo que hice yo aquí hace una pila de tiempo xD
http://perso.wanadoo.es/primogose/protagonismodiscutible.htm
Es un articulo sobre The Spirit en el que toco alguno de los mismo temas que tú. Y en Comic Sans!! (Todos eramos más jovenes).
Es Nochebuena, David. Déjate de leer frikadas y vete a cenar con tu familia.
Muy buena ocurrencia la de acordarte de Eisner en estas fechas, aunque Eisner y su The Spirit es una referencia valida para todo el año.
Impacientes Saludos.
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