De un tiempo a esta parte el nombre de Sixto Rodríguez parece estar omnipresente en el mundillo musical. Es uno de esos artistas de los que hasta hace nada nadie paracía conocer su existencia. De pronto se reeditan sus obras y da la impresión de que todos hemos estado en babia y nos hemos estado perdiendo una obra fundamental. Rodríguez es un músico de Detroit proviniente de una familia de inmmigrantes mexicanos que grabó dos discos a principios de los setenta. Con ellos se ganó el apelativo del Dylan chicano. Ninguno de los albumes de Rodríguez obtuvo grandes críticas ni grandes ventas, y el artista fue liberado por su compañía discográfica. Sixto dejó el mundo de la música y volvió a la oscuridad, pero durante toda la década ambos discos continuaron siendo reeditados en Sudáfrica y Australia, y sorpresa, llegaron a ser platino. Como suele pasar en muchos de estos casos, una de sus canciones fue sampleada por un rapero de moda y la música de Rodríguez ganó nueva relevancia.
Cold Fact apareció en 1970. Lo único que lo podría unir a Dylan es el transfondo de denuncia social de muchas de sus canciones y cierta tendencia a las letanías. Si acaso se podría asemejar tangencialmente al primerísimo José Feliciano. Pero no se confundan, Cold Fact es un bonito disco de folk-pop primorosamente arreglado. Contiene Sugar Man, una canción dedicada a un camello (estamos hablando de drogas, amigos, no de animales) que se ha convertido en su tema más conocido. Incluye además apuntes de freak-beat y psicodelia en Only Good for Conversation, y una producción digna de Love en Crucify Your Mind. Aunque lo que predominan son los sonidos acústicos con toques barrocos, como los de Forget It, que guarda una extraña similitud con el You've Got a Friend de Carole King. La, esta vez sí, definitivamente dylaniana Jane S. Piddy cierra un disco que se revela como un testimonio del lado oscuro del sueño hippy. Cold Fact merecía mucha mejor suerte que la que corrió.
Coming from Reality repite en 1971 las agudas observaciones de sus divertidísimas letras, pero el sonido es mucho más crudo y eléctrico, mucho más trippy, más groovy. Algo que se percibe desde el primer corte, Climb Up on My Music. Con mayor profusión de arreglos, más orquesta y más teclados, pero también teñido de mayor melancolía, resulta cercano a Cat Stevens y al Paul Simon de Bookends. Es igualmente un disco muy paladeable, variado y lleno de ingenio que, como ya sabemos, pasó sin pena ni gloria. Es una lástima que temas como To Whom It May Concern y Halfway Up the Stairs quedasen perdidas en el limbo. La moraleja de esta historia la ofrece el mismo Rodríguez en La Canción Más Repugnante: "He hecho todo tipo de actuaciones. He tocado en bares de maricones, en bares de putas, en funerales de moteros, en palacios de la ópera, en salones de conciertos, en mitad de una casa. Y en todas las partes en las que he tocado, la gente para la que he tocado es siempre la misma gente. Y cada noche es lo mismo. Colocarse, emborracharse, ponerse cachondo. Perdido".Calificación: 4
5 Comentarios:
Acompáñese con un cubalibre.
A este tampoco lo conocía. Qué cambio entre el primer tema y el segundo que has enlazado (me va más Crucify your mind...pero tampoco me parece un tema maravilloso). Esto es una opinión personal que no tiene nada que ver con este hombre, eh?
Al estar tan machacada la música de los grupos y solistas líderes de los sesenta (no hace falta dar nombres) parece que aquellas cosas que no destacaron son maravillosas (y bueno pueden serlo algunas...pero yo siempre pienso que los que quedaron y permanecieron eran los mejores). Estoy generalizando y habría que matizar mucho el comentario, ¿vale?.
El tema de Forget it si tiene ese aire al tema de Carole será por la letra, ¿no? A mí no me recuerda tanto. Un airecillo en todo caso.
Jane S. Piddy sí que es más Dylan...
En fin, vale el tío era bueno...pero igual no era tan bueno. De hecho, fundamental para otros.. no para mí por lo que me has enseñado.
Un saludito.
Qué bueno es este tío. No lo conocía de nada y me he pillado sus discos gracias a tu recomendación. Me han gustado muchísimo. ¡Gracias!
Un placer.
Las locuras de los gringos, este Sixto es maravilloso, me conmueve hasta el alma. Hace varios años descubrí a Townes Van Zandt, casi desconocido por casi todo el mundo, tan geniales los dos.
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