El día en que le dijeron a Raquel que se moría, le concedieron sus superpoderes. La enfermedad que la estaba matando, la hizo indestructible. Medio año, había dicho el médico, y Raquel descubrió que le quedaba ese tiempo para vivir de verdad. Todos tenemos fecha de caducidad, pasamos por los días como si no se fuesen a acabar nunca, pero ahora Raquel sabía cuál era su plazo límite. Había vivido su vida a solas, como una hormiga responsable, estudiando, trabajando, pensando en el mañana. Y de pronto no había mañana, tenía que cosechar los frutos hoy.
Raquel se saltó las fases de negación y furia para ir directamente a la aceptación. Y con ella llegó la sabiduría. Ese día Raquel salió del hospital y anduvo sin rumbo fijo durante horas, sólo por el placer de hacerlo. Hacía un día espléndido y Raquel tiró por el camino el reloj y el móvil a la basura. Ahora lleva la cabeza rapada por comodidad, siempre le fastidió cuidar aquella espesa melena rizada que tenía, y sólo se viste con ropas amplias y ligeras. No piensa esforzarse, no quiere sufrir por aparentar belleza. El otro día, al salir de una pastelería, un chico se giró a mirarla y le sonrió. Fue agradable. Raquel supo que podía llevárselo a su cama al instante. Pero ahora Raquel piensa que el sexo está sobrevalorado. No tiene ninguna gana de tener que ponerse a satisfacer a un tipo al que luego va a tener que soportar. No quiere escenitas ni aguanta desdenes. Raquel ya no tiene responsabilidades.
Raquel no ha vuelto a aparecer por el trabajo. Hace semanas recibió por correo certificado la carta de despido, pero ni siquiera se ha molestado en abrir el sobre. Ya no tiene prisa, va a todas partes caminando y no ha vuelto a quedarse en casa mirando por la ventana. Sólo hace y dice lo que quiere. Es libre. Es feliz. Aunque por fuera su mundo parece girar a cámara lenta, por dentro explota como una supernova.
Raquel ha recibido noticias hoy en el hospital. El tratamiento está dando resultado y el médico tiene esperanzas de que pueda salir adelante, o por lo menos de que viva durante bastantes años. Raquel ha salido a la calle con una ligera sonrisa y una gran sensación de paz. Su mirada se pierde en la lejanía del horizonte. No se ha dado cuenta de que ante ella hay un hombre que le está diciendo algo. Le está agarrando el bolso y con la otra mano sacude una navaja. Pero Raquel no va a soltar su bolso. Si ese hombre lo quería, podía habérselo pedido. El hombre está gritando y su saliva le salpica a Raquel en la cara. Raquel está sonriendo, da un paso adelante y apoya el pecho en la punta de la navaja. El hombre tira del bolso, pero Raquel no lo suelta. Raquel podría reparar en que el hombre está muy nervioso, pero no se fija en eso, no le importa. Raquel empuja un poco más adelante y el hombre hunde la navaja en el pecho de Raquel.
Raquel se desploma de rodillas en el suelo y lentamente resbala hacia atrás. El hombre se ha ido corriendo con el bolso entre las manos. Mientras una gran mancha roja se extiende sobre el pecho de Raquel, ella contempla el cielo fascinada. Hoy también está precioso, de un azul intenso y limpio. Parece una pintura. Parece un sueño. Raquel se queda plácidamente tumbada boca arriba mirando al cielo mientras se desangra. Dos calles más allá el hombre se guarece en un garaje y abre el bolso. Está vacío.
Raquel se saltó las fases de negación y furia para ir directamente a la aceptación. Y con ella llegó la sabiduría. Ese día Raquel salió del hospital y anduvo sin rumbo fijo durante horas, sólo por el placer de hacerlo. Hacía un día espléndido y Raquel tiró por el camino el reloj y el móvil a la basura. Ahora lleva la cabeza rapada por comodidad, siempre le fastidió cuidar aquella espesa melena rizada que tenía, y sólo se viste con ropas amplias y ligeras. No piensa esforzarse, no quiere sufrir por aparentar belleza. El otro día, al salir de una pastelería, un chico se giró a mirarla y le sonrió. Fue agradable. Raquel supo que podía llevárselo a su cama al instante. Pero ahora Raquel piensa que el sexo está sobrevalorado. No tiene ninguna gana de tener que ponerse a satisfacer a un tipo al que luego va a tener que soportar. No quiere escenitas ni aguanta desdenes. Raquel ya no tiene responsabilidades.
Raquel no ha vuelto a aparecer por el trabajo. Hace semanas recibió por correo certificado la carta de despido, pero ni siquiera se ha molestado en abrir el sobre. Ya no tiene prisa, va a todas partes caminando y no ha vuelto a quedarse en casa mirando por la ventana. Sólo hace y dice lo que quiere. Es libre. Es feliz. Aunque por fuera su mundo parece girar a cámara lenta, por dentro explota como una supernova.
Raquel ha recibido noticias hoy en el hospital. El tratamiento está dando resultado y el médico tiene esperanzas de que pueda salir adelante, o por lo menos de que viva durante bastantes años. Raquel ha salido a la calle con una ligera sonrisa y una gran sensación de paz. Su mirada se pierde en la lejanía del horizonte. No se ha dado cuenta de que ante ella hay un hombre que le está diciendo algo. Le está agarrando el bolso y con la otra mano sacude una navaja. Pero Raquel no va a soltar su bolso. Si ese hombre lo quería, podía habérselo pedido. El hombre está gritando y su saliva le salpica a Raquel en la cara. Raquel está sonriendo, da un paso adelante y apoya el pecho en la punta de la navaja. El hombre tira del bolso, pero Raquel no lo suelta. Raquel podría reparar en que el hombre está muy nervioso, pero no se fija en eso, no le importa. Raquel empuja un poco más adelante y el hombre hunde la navaja en el pecho de Raquel.
Raquel se desploma de rodillas en el suelo y lentamente resbala hacia atrás. El hombre se ha ido corriendo con el bolso entre las manos. Mientras una gran mancha roja se extiende sobre el pecho de Raquel, ella contempla el cielo fascinada. Hoy también está precioso, de un azul intenso y limpio. Parece una pintura. Parece un sueño. Raquel se queda plácidamente tumbada boca arriba mirando al cielo mientras se desangra. Dos calles más allá el hombre se guarece en un garaje y abre el bolso. Está vacío.
2 Comentarios:
Está vacío. Esa línea es...eeeeerrrrrrrr ¿estupenda?
Me ha gustado.
Yupi.
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