Si hay un fulano que puede proclamar "confieso que he vivido", ese es Stephen Fain Earle. Ha dejado el colegio y se ha marchado de casa con 15 años, ha corrido juergas con Guy Clark y Townes Van Zandt, se ha divorciado seis veces, se ha casado por séptima vez con la espectacular Allison Moorer, se ha metido toda sustancia ilegal conocida en el cuerpo, ha pasado por la cárcel, ha combatido a Bush y ha sido perseguido por la ultraderecha norteamericana. Steve Earle ha sido un joven salvaje, un rebelde asociado con los Hell's Angels, ha traficado con drogas, ha robado para costearse su adicción y ha estado en el fondo del pozo sin importarle absolutamente nada. Ha salido reforzado y se ha postulado como un portavoz de las libertades. Ha sido el vagabundo y el patriota norteamericano en la más pura tradición de Woody Guthrie. Nadie lo sospecharía ahora al ver su aspecto de estadounidense medio calvorota y barrigón enfundado en su camisa a cuadros de leñador.
Muchos han visto siempre a Earle como una versión más paleta de Bruce Springsteen, más rural aún que John Cougar Mellencamp. Eso sería demasiado simplista. Su obra es profunda, enérgica e inabarcable. El trabajo silencioso y fluído de un pensador y un genio musical. Nacido en 1955, apenas era un adolescente cuando se marchó de casa en pos de una evanescente carrera musical. Con 20 años se instaló en Nashville, la cuna de la música country, donde trabó amistad con el legendario artista Guy Clark a tiempo para participar en su album más famoso, Old No. 1. Allí se empleó como compositor interpretado por Carl Perkins, Vince Gill y Patty Loveless. Cuentan las crónicas que el mismísimo Elvis Presley iba a grabar una canción suya, Mustang Wine, pero El Rey, con un comportamiento por aquel entonces ya bastante errático, no llegó a presentarse a la sesión. De esos inicios de los 80 quedan una serie de demos que más tarde serían recopiladas en el album Uncut Gems.
Durante la primera mitad de esa década el joven Steve prensa un puñado de singles de rockabilly esquelético que no dejan de tener su gracia, en donde se incluye la primera versión de su himno The Devil's Right Hand. Unas canciones que serían también reunidas en el disco Early Tracks. Su momento llegará en 1986 con el album Guitar Town, que lo presenta ya desde su portada como un John Mellemcamp mucho más cabreado. Un inadaptado que escupe toda su frustración en canciones cargadas de rabia. El tema que da título a este primer larga duración es un himno de carretera que se convertiría en su sello durante muchos años en sus conciertos, y la carta de presentación que pondría su nombre en el candelero. La sombra de Springsteen pesa en los momentos más saltarines y el paralelismo con su contemporáneo Dwight Yoakam aflora en los más tradicionales. Earle todavía está tanteando en busca de su sitio, pero ya compone baladas como pedradas. Fearless Heart y My Old Friend the Blues dan testimonio de ello.
Exit 0 al año siguiente sonará algo más reposado y aún más embebido en las raíces de la música para vaqueros, pero totalmente alejado del sonido anquilosado y almibarado que se estaba haciendo en la capital de Tennessee por aquel entonces. Es un disco un tanto más ligero, con un himno para la posteridad, I Ain't Ever Satisfied, y algún pastiche de Buddy Holly, además de las acostumbradas tonadas campestres. Será su último trabajo más puramente country. Para Copperhead Road su sonido se endurecerá sensiblemente. La portada del disco muestra a las claras los indicios de por donde van a ir las cosas a partir de ahora. Earle vive en el margen, es un tipo rudo que se viste con chaleco de cuero, monta una Harley y luce largas greñas. Su música se vuelve más rockera, mezcla el country con el hard rock y los Ángeles del Infierno lo adoptan como uno de sus artistas de cabecera. Al mismo tiempo Earle entra en una peligrosa espiral de drogas y violencia que acabará dando con sus huesos en la cárcel unos años después.
Publicado en 1988, Copperhead Road es probablemente su obra más conocida. Un disco del que el propio Earle habla como su mezcla de heavy metal y bluegrass. En él ya apunta sus preocupaciones sociales con comentarios sobre la Guerra de Vietnam y las consecuencias de ella sobre los veteranos. Critica la política de los Estados Unidos y vierte una mirada sobre los más desfavorecidos de su país. Las composiciones basculan entre el rock más duro y el folk con The Pogues en Johnny Come Lately, entre el boogie y la relectura de su clásico The Devil's Right Hand, entre los temas de amor y Nothin' but a Child, el villancico que cierra el disco a dos voces con Maria McKee de Lone Justice. Para entonces la relación de Steve con las drogas es más que preocupante. Earle siempre había consumido estupefacientes, pero ahora ya es un adicto a la heroína y pasa más tiempo rodeado de camellos que de músicos. Su trabajo comienza a verse afectado, su siguiente disco tardará dos años en llegar y será el más criticado de su carrera.
The Hard Way, de 1990, no es un mal disco en absoluto. Earle siempre dice que lo defenderá a muerte porque casi muere durante su grabación. Sigue con su mezcla de música tradicional y sonidos más duros, pero algunas canciones dan la sensación de estar poco trabajadas o acabadas a desgana. Aún así, todo el LP está imbuido de esa aura de romanticismo que envuelve a la figura del perdedor ejemplificado en canciones como The Other Kind y Justice in Ontario. Como conjunto funciona tan bien como Copperhead Road. Incluye otro duo, en esta ocasión con su hermana Stacey, una artista por méritos propios, y también su primera gran canción anti-pena de muerte, Billy Austin. Pero Steve está en un estado lamentable. Se pasa el tiempo metido en su habitación pinchándose y sólo sale para vender algo, usualmente una guitarra, y volver a meterse algo en el cuerpo. Al final lo que le salva la vida es que lo encarcelen por posesión de drogas y de armas de fuego. En la cárcel se desintoxicará y volverá cinco años después, en 1995, con un nuevo trabajo.
Train' a Comin' es un album de transición. Totalmente acústico, se rellena de viejas composiciones que Earle no había grabado todavía, y de algunas versiones. El disco, en el que colabora Emmylou Harris, le sirve como terapia para recuperar sus raíces e iniciar un nuevo periodo en su carrera, el más interesante y fructífero, con un Steve Earle renovado e inquieto que trabaja codo con codo con el productor Ray Kennedy, gran responsable en el sonido que desarrollará a partir de ahora. Los primeros frutos de esta nueva etapa llegan con la colaboración que hace en la banda sonora de Dead Man Walking, la canción Ellis Unit One, otro tema que aboga contra la pena de muerte, y el fantástico larga duración I Feel Alright, toda una declaración de intenciones y su primer trabajo realmente redondo.
I Feel Alright supone su primera tanda de canciones escritas totalmente limpio de drogas. Lo que en otros artistas representa un handicap aquí es una demostración de confianza en sí mismo. Canciones potentes, optimistas y llenas de fuerza como la que titula el disco y la extraordinaria Hardcore Troubadour. Pop pegadizo en More Than I Can Do, baladas estremecedoras como Hurtin' Me Hurtin' You y Valentine's Day, el blues escalofriante que retrata de un vistazo su pasado drogota en CCKMP, y un dueto con Lucinda Williams en You're Still Standing There que impresionaría tanto a la cantante que contrataría a Earle y Kennedy para producir su esencial World Without Tears. Al año siguiente El Corazón forma la pareja perfecta con su antecesor. Una continuación que podría haber sido un disco doble y un nuevo triunfo en donde destacan la balada dedicada a Woody Guthrie, Christmas in Washington; el duo con Emmylou Harris en Taney Town; Poison Lovers, otro duo con Siobhan Kennedy, la mujer de su productor, y el rock tontorrón, exultante y ramoniano de Here I Am.
En 1999 se permite un capricho y graba un disco de bluegrass ortodoxo con la Del McCoury Band. Para la ocasión se afeita, se corta el pelo y se enfunda un traje y corbata. Debe impresionar estar entre señores tan respetables. The Mountain es un ejercicio exquisito que le gana la simpatía del ala más conservadora de Nashville. Un disco de canciones narrativas en el que los dobros y las mandolinas vuelan en números como Texas Eagle, el guiño irlandés está presente en Dixieland, no falta el dueto romántico con Iris DeMent en I'm Still in Love with You, y concluye como la gran comunión que es, con un coro compuesto por todos los invitados. A estas alturas Steve Earle es el Richard Thompson americano, sus referentes ya no serán nunca más ni Springsteen ni Mellencamp. Es una categoría en sí mismo, ha creado un estilo propio e inconfundible que otros intentarán copiar.
En la cima de su talento, comienza el siglo XXI con Transcendental Blues, otro trabajo imprescindible y variado, con el sonido orgánico, moderno y a la vez tradicional que se ha convertido en marca de la casa, y unas enriquecedoras gotitas stonianas. Su incursión en el folk irlandés se profundiza con dos pepinazos seguidos, Steve's Last Ramble, una divertida sátira sobre sus correrías de juventud, y The Galway Girl, una tonada que se convertiría para muchas bandas de versiones en un standard en sus actuaciones en los bares. Esta vez el dueto que se marca será de nuevo con su hermana Stacey en When I Fall, y de nuevo el power-pop más inmediato aflora en I Don't Want to Lose You Yet. Pero también con el nuevo siglo su actividad política se intensifica. Steve Earle será uno de los intelectuales que responderá de manera más inmediata a los sucesos desencadenados alrededor del atentado a las Torres Gemelas.
Jerusalem será su disco post-11 de Septiembre, un trabajo inpirado por la política exterior de su país y su guerra contra el terrorismo. Canciones como America v. 6.0 y Conspiracy Theory manifiestan estas inquietudes, pero será John Walker's Blues la que desatará las iras de una sociedad traumatizada y paranoica. Earle había visto las imágenes del llamado talibán americano detenido por el ejército. Pensó que se parecía a su propio hijo Justin y se le ocurrió que en algún lugar habría unos padres viendo a su hijo en ese estado. Escribió entonces esa canción desde la perspectiva del mismo Walker intentando comprender qué había llevado a un joven occidental educado y acomodado a enrolarse en una secta fanática. Fue un movimiento ingenuo que le llevó a ser acusado de simpatizar con los terroristas. Al año siguiente se estrenó el documental Just an American Boy, acompañado de un disco en directo. Se focalizaba en la gira de ese año y en la ideología política de Earle, mientras Steve intentaba explicarse dando entrevistas acosado por los medios y tachado de antipatriota por todos los rincones.
Su respuesta fue The Revolution Starts Now, su desenfadada entrega de 2004 en la que hacía campaña por el candidato demócrata John Kerry, cantaba letras como "Fuck the FBI, fuck the CIA" y se cachondeaba de Condoleezza Rice en Condi Condi. El director Michael Moore, un tipo que comparte mucha de la visión del mundo de Earle, utilizaría su música para el documental Fahrenheit 9/11. A partir de ahí Earle parece relajarse, tal vez debido a su septimo matrimonio con Allison Moorer, una magnífica intérprete de country con ocho discos en su haber. Graba un disco en directo en Montreaux a solas con su acústica, y publica Washington Square Serenade, que incluye colaboraciones de su mujer y una versión de Tom Waits. Síntoma de su inquietud musical, en él experimenta por primera vez con los ritmos sampleados. Su último trabajo hasta la fecha, por el que ha recibido un Grammy, es un disco de versiones de su héroe Townes Van Zandt, en el interviene su hijo Justin Townes Earle, quien ya vuela por sí solo con cuatro discos en el mercado. Típico de sus contactos inusuales, Tom Morello de Rage Against the Machine y Audioslave añade su guitarra. La evolución física de Steve Earle en los últimos tiempos corre paralela a su actividad intelectual. Se ha dejado el pelo largo, ha engordado, se ha quedado calvo, ha adelgazado, se ha dejado barba, y ahora parece un venerable patriarca. Poco queda de aquel joven arrogante. Pero su independencia, su actitud indomable y un montón de buenos discos, perduran.Calificación: 4
8 Comentarios:
Steve es un verdadero Outlaw,tanto en su musica como en su actitud.Le vi unas cuantas veces y siempre me gusto,aunque el como buen rebelde,no es facil de trato,su hermana un encanto pase con ella y su marido una velada inonvidable, charlando y bebiendo!
El Earle actor tambien me gusta , en The Wire tiene un papel a su medida!
un abrazo.
Joder! Tremendo articulo! Qué gran repaso a la carrera de este hombre único!
Recuperaré hoy mismo sus discos de la estantería y le rendiré homenaje mientras recuerdo aquel imborrable concierto que presencié hace unos años y dónde me dejó noqueado.
Y también te recomiendo "The Wire", no ya sólo porque salga Steve Earle, sino porque es, junto a "The Sopranos", el mejor CINE que se ha hecho en años.
Intenso y extenso relato sobre Steve Earle al que pude ver en Bilbo en directo. No obstante vamos a no caer de tópicos. En 1987 cuando Steve edita "Exit O" se editaron álbumes de los que denomina "almibarados". En música country los llamamos crossover, efectivamente, pero también otros que respondían al resurgimiento de las raíces en el movimiento denominado nuevo tradicionalismo. Buenos ejemplos en ese año son los álbumes de Randy Travis "Always & Forever", Dwight Yoakam "Hillbily Deluxe", The Judds "Heartland" y muchos otros de artistas como George Strait, Hank Williams Jr., Asleep At The Wheel, Emmylou, Nitty Gritty Dirt Band, Rick Van Shelton, The Forester Sisters, por no hablar de los supervivientes outlaws como Waylon Jennings, por ejemplo. Es decir, no pongamos a toda la música de Nashville de 1987 en el mismo saco. Por lo demás enhorabuena.
http://soycountry.blogspot.com/
Repasando la lista de artistas que me ofrece puedo ver que se centra casi exclusivamente en personajes que siempre se han ubicado fuera del mainstream del country. Intérpretes inquietos y un tanto incómodos con más reputación que ventas. Si hasta me menciona a los outlaws. Lo que pretendo decir es que Earle encaría mejor al lado de Merle Travis que de Billy Ray Cyrus. De hecho, la apreciación de que los primeros discos de Earle dan nueva vida a un estilo que está instalado en el AOR no me la saco de la manga. Consulte a la plantilla de críticos de allmusic.com, por ejemplo.
The Judds, Dwight o Randy Travis ya eran "mainstream" en ese momento y vendían como churros, tenían una reputación excelente y, sin embargo recuperaron para Nashville aire fresco, fiddles, banjos, dobros... raíces. Hoy por el contrario si encajarían en esa descripción de incómodos y con más reputación que ventas.
Más que con Merle Travis, Steve me cuadra con Hank Williams, Johnny Paycheck, Johnny Rodriguez... personajes que vivieron la oscuridad, el éxito y el abandono.
"Guitar Town" es un disco netamente country y si alguien quiere incluirlo en AOR es su problema, por mucho que sea allmusic.com. Posteriormente se produjo la evolución que has descrito. Nada que objetar.
Saludos
Ups! Ha sido un lapsus. En realidad quería decir Merle Haggard. Todo un rodeo para evitar las opciones obvias: Guy Clark y, sobre todo, Townes Van Zandt, el artista con el que Earle siempre ha declarado sentirse identificado. Mejor que Dylan, dice.
Yo de Steve Earle apenas he escuchado algo de refilón cuando lo pone mi padre (el country no es lo mío, definitivamente)... pero me sumo fervientemente a quienes te recomiendan "The Wire". Earle hace un cameo sin excesiva relevancia, pero la serie, ay, la serie es lo mejor que he visto nunca en televisión (ex-aequo con "Los Soprano", que si no lo digo reviento...)
Pues yo aún no he leído el post. A ver si lo hago mañana. Pero de Steve Earle, más que escuchar, he leído un estupendo artículo en el que decía cuáles eran las 10 canciones favoritas de un grupo del que es fan... Ya sólo por eso, pensé: "a este habrá que darle una escucha" (ja,ja).
Saludito.
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