miércoles, 27 de octubre de 2010

Oar de Skip Spence, el gran timo del Rock 'n' Roll

Hay discos que en su día no los compró, seguramente por un buen motivo, ni la familia del autor, y que ahora son saludados por la crítica como incontestables obras maestras, como gemas perdidas celebradas en artículos incendiarios que ponen al lector los colmillos largos. Cuando con mucho esfuerzo y no poco desembolso consigue uno hacerse con la rodaja en cuestión, la decepción suele ser directamente proporcional a las expectativas que se habían puesto en ella. También hay músicos cuya reputación se cimenta en en el grado de locura que les afecte y/o la cantidad de sustancias ilegales que consuman. Drogas y enfermedades mentales suelen ir unidas en una relación de causa-consecuencia cuando se trata de rock and roll. No estoy hablando de excentricidades, me refiero a problemas mentales objetivos y severos.

Alexander Spence, conocido como Skip era en 1966 el batería de Jefferson Airplane. Con ellos grabó su primer disco, Takes Off. Antes de marcharse para fundar su propia banda, los legendarios Moby Grape, también dejó compuesta My Best Friend para Surrealistic Pillow, el segundo larga duración de los Airplane. La carrera de Spence con los Grape fue errática, pero intensa. Moby Grape fue una banda fundamental de la psicodelia de San Francisco que dejó un puñado de grandes discos y un debut imprescindible en la historia del rock. Su primer trabajo, de 1967, está lleno de canciones inmensas propulsadas por tres guitarristas, y cubría todos los ángulos de la música popular. La fábula de cómo los ejecutivos de su discográfica consiguieron que Moby Grape se hundiera en las listas de ventas por un exceso de promoción es ejemplarizante.

Spence empezó a vivir la vida del rock and roll a lo grande. Su ingesta de drogas era pantagruélica: ácido, cocaína, heroína, alcohol, lo que fuera. Poco sabían que ese frenesí iba a acentuar sus problemas mentales. El comportamiento inestable de Skip lo mantuvo en un discreto segundo plano en el resto de los discos de Moby Grape, llegando en ocasiones a limitarse meramente a aportar composiciones sin participar en la grabación, à la Brian Wilson. Con el tiempo empezó a ponerse violento y a proclamar que era el anticristo. Finalmente estaba tan deteriorado que fue ingresado en una institución mental donde le diagnosticaron esquizofrenia. Curiosamente fue en medio de aquella vorágine cuando dejó un disco en solitario que más tarde sería elevado a la estatura de obra maestra.

Oar, grabado en diciembre de 1968 con Spence ocupándose de todos los instrumentos por sí mismo, es el evidente producto de una mente enferma. Su locura hace que lo que salga de las sesiones sea una especie de folk psicodélico semejante a lo que hacía por la misma época Syd Barrett en solitario antes de que sus colegas de Pink Floyd metieran mano en las grabaciones. Un disco desnudo y desafinado, de instrumentación rudimentaria, que parece registrado dentro de una caja de zapatos. Tiene el pésimo sonido de una maqueta añeja y sus canciones de una sola toma parecen improvisadas. Las letras minimalistas acompañan a unas melodías susurradas que parecen a medio hacer. Es un disco descarnado cubierto de esa pátina de malditismo a la que los críticos más mitómanos les gusta encontrar el encanto, pero por ningún lado aflora el genio que se pretende escuchar en él.

Little Hands parece una maqueta inacabada similar a lo que hizo para Moby Grape, pero excesivamente repetitiva y sin elaborar. En War in Peace se acerca a la psicodelia americana. Diana habría sido una bonita balada si alguien se hubiera preocupado de terminarla. Lawrence of Euphoria tiene su encanto dentro de su torpeza. Book of Moses es un blues gospel espiritual. Margaret y Dixie Peach Promenade parecen novelty songs tocadas por un principiante, y el final con Grey/Afro es una tremenda tomadura de pelo que algunos se atreven a reclamar como precursora del drum 'n' bass, igual que hacen con Kreen-Akroke, la pieza con la que Paul McCartney cerró su primer disco en solitario. Con todo, lo que más abunda es el country con valium de Broken Heart, Weighted Down y Cripple Creek, frutos sintomáticos de la medicación sedante que Spence estaba ya tomando.

Oar es el documento de una mente que se disuelve, pero eso no implica que sea esa maravilla artística que se proclama. Al contrario, es dolorosamente insoportable escucharlo. La fotografía de la portada está tomada poco antes de que Skip ingresara en el psiquiatro, y no cabe duda sólo con mirar a ese rostro de que tras su mirada algo no andaba bien. El album fue reeditado con un montón de bonus tracks que van en la línea de improvisación con el bajo y la batería que quedaba al final del disco, y al mismo tiempo fue homenajeado en eso que erróneamente se llama un disco tributo. Entre otros, Robert Plant, Mark Lanegan, Alejandro Escovedo, Mudhoney, Robyn Hitchcock, Tom Waits y Beck (este último también lo ha versioneado íntegramente hace poco) se encargaron de rehacer las canciones de Oar. Su reputación de malditismo ha seguido creciendo entre los buscadores de rarezas hasta hoy. Alexander Spence murió en 1999 de un cáncer de pulmón sin haber vuelto a la escena pública.

Calificación: 1

2 Comentarios:

Fran G. Lara dijo...

Acompáñese con un té con menta.

David dijo...

Pues los enlaces que has puesto no me disgustan. Tampoco me apasionan, pero no están tan mal. No he oído el disco, y no voy a entrar en si es una obra maestra, una rareza o fallido... Igual esperabas mucho y te decepcionó, no sé.
Desde luego, una maravilla no me parece lo que he escuchado (ni de coña), y sí que parece que está como sin acabar (pero si tenía problemas mentales y se lo curró solo, pues no pidas mucho más, vamos).
Pero ya te digo que lo que has enlazado no me parece mal. Sin pulir, como dices.

En lo del malditismo tienes razón. Y no lo apliques sólo al rock. En todas las artes e incluso ciencias a la gente le gusta eso del genio con problemas (mentales, de drogas, de lo que sea...).
Saludito.