En 1943 el inglés Charles Laughton ha hecho de Nerón en El Signo de la Cruz, ha interpretado al Doctor Moreau en La Isla de las Almas Perdidas, ha encarnado a ya saben qué rey en La Vida Privada de Enrique VIII, ha dado vida a malvados como el inspector Javert en Los Miserables y el capitán Blight en Rebelión a Bordo, ha sido Rembrandt y Quasimodo. En 1943 Laughton es ya uno de los más grandes actores de la historia del cine, pero aún no ha interpretado a un héroe, aún no ha dado vida a un hombre corriente, aún no ha sido el personaje con quien se identifique el espectador, no ha desempeñado un papel que le haga desplegar ternura, humanidad, empatía. En 1943 el francés Jean Renoir, de quien Orson Welles diría que fue el más grande de todos los directores de cine, ya había firmado innumerables clásicos del cine mudo y sonoro, había salido de Francia tras la invasión nazi y se había reubicado en Estados Unidos. En 1943 las tropas alemanas con Adolf Hitler al frente se habían engullido media Europa y amenazaban con hacer lo propio con la otra media.
En 1943 director francés y actor británico coinciden en Estados Unidos para rodar en plena Segunda Guerra Mundial un film de propaganda anti-nazi que pone en boca de sus personajes ideas, explicaciones y porqués. Las ideas de un Renoir que ha abandonado su patria amenazado y disgustado, las explicaciones de cómo el poderío nazi ha llegado hasta donde ha llegado, y por qué hay que hacerle frente antes de que la libertad sea sacrificada en aras de conseguir la paz de los cementerios. Esta Tierra Es Mía llega en el mismo momento convulso en el que Woody Guthrie escribe This Land Is Your Land, himno por excelencia en pro de los derechos civiles que ha sido interpretado por artistas de todas las épocas como símbolo de resistencia. La película refleja la acititud de un pueblo "en algún lugar de Europa" ocupado por los nazis. Muestra a los políticos e industriales colaboracionistas, sí, pero también nos enfrenta con el silencio de los que saben, otra forma de colaboracionismo. El conformismo de la mayoría silenciosa a la que le importa más conseguir leche para el desayuno saltándose las restricciones, que el periódico con las noticias de la invasión que causa esas restricciones.
No crean que calificar esta película como "de propaganda" sea un calificativo despectivo. Esta Tierra Es Mía pone de manifiesto que es necesario mostrar cómo más temible que la propia invasión es la facilidad con que rápidamente se extienden las ideas de los invasores. Cómo el antisemitismo irracional cala entre la población. Cómo los intentos por sobrevivir como sea, aún a costa de la propia dignidad, lleva a las delaciones para seguir adelante. Cómo cuanto más te humillas, más te pisan. Cómo de nada sirve el alivio de los supervivientes consienten en vivir agachando la cabeza. Y, sobre todo, cómo de vano es su consuelo cuando dicen "Hay orden, vivimos tranquilos, no importa mutilar ese libro, sólo son unas páginas". De ahí la insistencia que se hace a lo largo de todo el largometraje en la educación y en la infancia, y cómo se incide en que los regímenes autoritarios lo primero que buscan es erradicar la cultura y el libre pensamiento. En el fondo de Esta Tierra Es Mía lo que subyace es que hasta los seres más aparentemente ridículos pueden crecer hasta ser los verdaderos gigantes de la historia.
Todo el peso de la interpretación recae sobre Charles Laughton en otra exhibición magistral. Laughton interpreta a Albert Lory, un sencillo profesor de escuela, lejos esta vez de sus papeles de pérfido villano odioso. Lory es un hombre débil, cobarde, sobreprotegido por su madre, que encuentra el valor por amor a otra profesora interpretada por Maureen O'Hara. Cuando los criminales se presentan como héroes, Lory decide respetarse a sí mismo y ganarse el respeto de los demás, sentirse mejor persona para estar a la altura de la mujer que ama. En un impresionante discurso final usual en este tipo de películas, Laughton deja con las vergüenzas al aire a todos los diferentes tipos de personajes que intervienen en el drama de las tiranías. Su insistencia en que es débil y cobarde, en que es una persona corriente, nos señala a cada uno de nosotros. Todos podemos llevar un héroe dentro si mantenemos la dignidad cuando sentimos la bota encima de la garganta. Esta Tierra Es Mía es un revelador tratado del inconformismo. Habla no sólo de cómo saber morir de pie para no tener que vivir de rodillas, sino también de qué deberíamos hacer en nuestro día a día. Esta Vida Es Mía. Más sobre el asunto, mañana.Calificación: 4
6 Comentarios:
Acompáñese con un té.
y por la tarde! que gran pelicula, director y actores.Como echo de menos estas peliculas, saben de otra manera!
un saludo
Hace mucho que no la he vuelto a ver. Pero vamos, coincido con tu comentario (no el del té, el de la película, aclaro). Una gran película.
David Carradine hizo una "Esta tierra es mi tierra" muy bonita -aunque la vi hace años-, dirigida por no sé quién. Charles Laughton, eso sí que es otra historia. Para mi gusto una de las interpretaciones fascinantes de este señor es la de senador republicano en "Tempestad sobre Washington". Inenarrable. Puro teatro que solo se entiende viéndolo.
PD: Nemo, tu blog me parece muy interesante e instructivo, ya que por pereza he dejado los comics hace mucho y musicalmente soy un ignorante total. Así que gracias y un abrazo,
No he visto la película y desde luego que debe ser fabulosa. Nada más leer el título y la foto que Mr.Fran G ha puesto; me ha llevado a cuando de niño ví la película "Cabaret" donde un joven nazi canta durante una escena concreta una canción llamada "Tomorrow Belongs to Me" una canción tan emotiva y conmovedora que a la vez podía resultar sumamente terrorífica con las imagenes que acompañaban a esta.
Sí, una película muy bienintencionada en la órbita de p.e. La Sra. Miniver, aunque me gusta más el discurso y la peli de Wyler.
Laughton está muy bien en su papel pero su personaje y speech final no me convencen del todo. La peli ha envejecido regular. Pero coincido en que es un ejemplo de propaganda bien entendida.
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