
Hace ya tiempo que cualquiera que escuche las composiciones de
Richard Ashcroft, alias El Intenso, se habrá dado cuenta de que el ex-líder de
The Verve es un hombre que ha encontrado la espiritualidad. Sus discos en solitario han supuesto
affaires cada vez más escurridizos, y la reunión de hace unos años con su anterior banda volvió a acabar yéndose por el fregadero sin pena ni gloria porque además debe de ser un tipo un puntín difícil de soportar. Ahora se saca de la manga
The United Nations of Sound, un invento que no consigue ocultar el hecho de que este es, otra vez más, un proyecto suyo y sólo suyo. Pareciera que
Ashcroft intentase desviar la atención sobre su persona y diluir así la responsabilidad de otro más que probable tropezón. Y es que su obra navega últimamente por un
neogospel aferrado a la repetición machacona de la que tanto gusta desde los tiempos en que
The Verve derivaban sus canciones hacia largas improvisaciones.
Ashcroft edifica los doce temas que componen su último larga duración sobre su declamación de predicador mesiánico, tan afectado que podría ser tomado por el
Neil Diamond de su generación, hasta que pronto se desliza con números como
This Thing Called Life hacia el
soul blandito que empañó
Keys to the World. Las múltiples capas que engordan sus tonadillas y esa visión tan focalizada, esa determinación tan apasionada que exuda el cantante, casi consiguen contagiar su entusiasmo al oyente, pero no logran hacer olvidar la sensación de que si despojaramos estas canciones de tanto ropaje, debajo quedaría algo bien enclenque. Temas como
America están, además, salpicados de pequeños detalles extemporáneos que recuerdan que el bueno de
Richard se ha agenciado las labores como productor de
No I.D. para que le cuelgue unos adornos que le sientan tan bien como si fuera un árbol de Navidad.
Beatitudes parece un refrito de
Suede cuando estaban en la cuerda floja, y da la impresión de que haga lo que haga,
Ashcroft ha perdido el paso y nada le sale a derechas. Y no es que nuestro hombre lleve ya un tiempo reescribiendo su propio repertorio, es que esta vez se le ha ido un poco la mano con la intertextualidad.
Are You Ready tiene un solo de guitarra que por momentos replica el de
Sympathy for the Devil de
The Rolling Stones,
Born Again cita la letra de
The Soft Parade de
The Doors, y
Royal Highness plagia (sí, plagia) algo tan reconocible como
Sweet Jane (¿o lo llamamos sampleado, que para eso hemos acudido a un productor de
hip-hop?). A partir de
Good Lovin' todo se convierte en una papilla eficiente, pero poco nutritiva, en la que los sabores se confunden y se hacen inapreciables, sin una pizca de cayena que haga al oyente saltar del asiento. Un
blues disfrazado, una balada del cancionero de
Elton John, un pastiche de
Curtis Mayfield, un sermón que proclama glory hallelujah... No me malinterpreten. No es que
The United Nations of Sound sea un mal disco. Es que no es lo bastante bueno. Se escucha con agrado, se archiva y se deja olvidar. Eso es lo que le lleva pasando a
Richad Ashcroft desde que grabó
Urban Hymns. A pesar del tiempo que se toma entre un trabajo y otro, su despiste parece mayúsculo y no consigue recuperar la inspiración. O tal vez sea que a él ya no le llena retomar su guitarra acústica y empezar a escribir canciones como
The Drugs Don't Work otra vez. En su lugar prefiere vocear mensajes tan grandilocuentes como el mareante
Let My Soul Rest con el que cierra su último trabajo. Ya sabemos que tu alma está plena, pero no hace falta llenarse tanto la boca,
Rich.
2 Comentarios:
Acompáñese con Isostar.
De acuerdo con muchas cosas y no tanto con otras. Es cierto que no se quita esa obsesión de alargar las canciones de manera cíclica, y sin duda este no es su mejor álbum. Igualmente prefiero a Richard 'alone' que con 'everybody'. De ahí que su primer disco sea irrepetible e insuperable.
Igualmente este hombre sigue teniendo un gran caché.
Un saludo!
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