Los best-sellers norteamericanos de crímenes con psicópata asesino incluído no se diferencian gran cosa entre sí en la forma de ser escritos. Todos comparten el mismo estilo, los mismos manierismos, e incluso personajes similares. Pero, ah, también está lo que cuentan, y ahí es donde un autor pone toda la carne en el asador para exhibir su mayor despliegue de imaginación. O de barbarie. Cody McFadyen se luce en ambos terrenos. Smoky Bramlett es una agente del FBI especializada en cazar serial killers. Un día, uno de estos va a por ella y a por su familia. El resultado: el marido y la hija de Smoky mueren ante sus ojos, y el rostro y cuerpo de la agente quedan horriblemente desfigurados a causa de las cicatrices infligidas. En medio de la terapia de recuperación, otro asesino comienza una serie de crímenes brutales en los que va dejando notas para Smoky. La agente tendrá que volver al trabajo sin saber si está aún recuperada.
Este es el punto de partida de El Hombre Sombra, la primera novela de Cody McFadyen, un tipo que se nota que ha leído a los maestros del género. No, la novela negra no, el best seller. McFadyen crea un relato adictivo y horripilante con los crímenes más atroces que se puedan imaginar, una protagonista peculiar (lo que es imprescindible en este tipo de novelas) y un villano realmente repulsivo. Pero también cae en los lugares comunes de este tipo de libros: escritura a veces formulaica, ligera tendencia a irse por los cerros de Úbeda y descripciones totalmente previsibles. Sin embargo, a través de sus más de 500 páginas el lector seguirá compulsivamente la caza del hombre, fascinado ante la pura maldad del asesino e intrigado por la evolución de Smoky. La traducción vuelve a estar en el plato negativo de la balanza. Algunos solecismos tan comunes en los traditores de hoy en día (más mayor) y poco afortunados aldeanismos (picar a la puerta, a mí ya me va bien, pantalones tejanos) ponen de manifiesto una incultura que a veces casi consigue arruinar la diversión.
Se ha publicado una segunda novela, El Rostro de la Muerte, protagonizada por el mismo personaje. Me atrevería a decir que en ella McFadyen excava aún más profundo en el espanto del alma humana y describe algunos pasajes que amenazan con superar al lector. Échenle un vistazo a la fotografía del autor en la solapa del libro. Se preguntarán cómo es posible que ese tipo con aspecto de americano papanatas sea capaz de inventar tanto horror y tanta violencia. Así que, 1) El estilo de McFadyen es como el de cualquier otro escritor de novelas de este género. 2) El Hombre Sombra y El Rostro de la Muerte sólo son otras historias apasionantes más (y nada menos). Y 3) Le fastidiará que el metro llegue a su parada y tener que aguardar hasta que sea la hora de salir del trabajo para volver a retomar su lectura.Calificación: 3
4 Comentarios:
Uuummm. Es una pena encontrarse con esas errores en las traducciones. Pues no he leído nada suyo, no lo conocía y no creo que me vaya a poner con él de momento. Buuufff. Ya lo que cuentas del inicio de la primera novela me ha echado para atrás. No sé. Igual más adelante. Tengo por ahí todavía algunos de Mankell para leer (que no he leído ninguno)... y aún me queda ponerme con Cide Hamete Benengeli.
Un saludito.
PD: ¡Cómo engañan las fotos por lo que leo!
Leí a Mankell con interés y curiosidad. Es, sin lugar a dudas, un escritor mucho mucho mucho mejor que McFadyen, pero el americano es mucho mucho mucho más divertido y tiene ese sentido comercial de la novela de psicópatas asesinos (que no negra) estadounidense del que carecen los europeos.
Pero, ¿entendemos lo mismo por divertido tú y yo? (ja,ja). Porque vamos, las cosas que cuentas.
No. Ahora en serio. Lo tendré en cuenta. Y cuando pase por Mankell y si me gusta, me pondré con McFayden.
A mí me gustó mucho Ellroy en su día. Y el de America me encantó. Vi por ahí (en una libreríade Alicante, precisamente)las dos siguientes... Y estuve tentado de pillarlas y terminar la trilogía, pero como el primero lo había leído hace años... me dio pereza. Y es que tengo demasiadas lecturas (y cosas) acumuladas.
Hey, Dave, cálmate. Sólo es un 3. Es bueno, pero no es para todo el mundo. Lo que te pasa es que eres un curiosón.
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