sábado, 15 de mayo de 2010

Reunión de Antiguos Alumnos

Seguro que han pensado más de una vez que les gustaría tener una segunda oportunidad. Una ocasión para enmendar todos los errores de su pasado que no tendrían que haber ocurrido si hubieran sabido lo que saben ahora. O tener una vida de prueba. La posibilidad de saber de qué va esto de la existencia y tener la ocasión de poder aplicar en la vida “de verdad” todo lo que han ido aprendiendo cada vez que tropezaban. Y es que, al menos, la vida tendría que ser al revés. No tendría que acabarse cuando uno ya ha ganado experiencia y sabe manejar cada eventualidad con calma y desparpajo. No tendrían que agotársenos ni las fuerzas ni las ganas justo en el momento en el que todo lo que conocemos ya no nos sirve para nada.

Martin Amis imagina en Time’s Arrow que el tiempo es una flecha disparada en sentido contrario. Su protagonista nace con la muerte y todo le va ocurriendo a la inversa. Camina hacia atrás, vomita la comida, se levanta cuando tiene sueño, va rejuveneciendo. No es una situación ideal, pues al igual que al amnésico protagonista de Memento, esa hipnótica película protagonizada por Guy Pierce, de la que ya hablamos en este mismo blog hace un tiempo, el desconocimiento de lo que ha ocurrido anteriormente hace que su vida sea de un total desconcierto. No es capaz de aplicar la experiencia para evitar sus errores, y todo tiene una explicación dentro de una lógica retorcida para que cada acontecimiento de la vida encaje. Pero en el fondo el concepto es loable y el mensaje de esperanza es claro. No llora, sino que absorbe sus lágrimas, jamás se cae, sino que en realidad se levanta.

Más interesante es lo que plantea una película que probablemente conozcan: El Curioso Caso de Benjamin Button. El protagonista nace anciano y a medida que van pasando los años, no sólo va ganando sabiduría y experiencia, sino que también va rejuveneciendo. Imaginen cómo sería su vida si se encontrasen en plena posesión de sus facultades físicas e intelectuales, pero tuvieran todos los conocimientos que ha dado una larga existencia. Cómo se tomarían cada peripecia, a qué le darían verdadera importancia. Es como una reunión de antiguos alumnos. Gente que alguna vez lo fueron todo, tus íntimos, tu vida. A la que le contabas todo lo que te sacudía por dentro, en quien confiabas y a quien querías. Gente a la que vuelves a ver después de un cuarto de siglo de separación y silencio, cuando toda tu vida ha dado un vuelco y vuestras conversaciones recorren meandros que entonces jamás pensaste que existirían.

Recuerdas sus nombres de una manera vaga, como adormilado, mirando unos rostros que no acaban de encajar. Y acabas planteándote a quién llamaste amigo y a quién no. Qué repetirías, qué no hiciste y qué deberías haber hecho. Tras veinticinco años que han pasado como si sólo hubiera transcurrido un fin de semana, aquella despedida que no existió, aquel último día de curso en que os separasteis sin apenas una palabra, como si toda una infancia y adolescencia juntos sólo hubiera sido otra piedra más en el camino, es sólo una nube gaseosa en la lejanía. Se acaban replicando los mismos roles que cuando tenías quince años. Se forman los mismos grupos de amigos, se reavivan los mismos amores, salen a relucir los mismos rasgos de la personalidad. En la segunda oportunidad uno vuelve a repetir todos y cada uno de sus gestos como si no hubiera aprendido nada en todo este tiempo.

Pero al menos ahí estáis los tres o cuatro que quería volver a ver, y es lo único que importa. Aunque también me faltan otros tres o cuatro que me gustaría que estuvieran y cuya ausencia me pesa casi tanto o más que las presencias de los que habéis venido. Me alegro de ver que estáis felices y estáis bien. Que habéis crecido, que no habéis madurado, que seguís siendo los mismos y que, contra todo pronóstico, sois buenas personas. Ahora, ya sabéis como soy, pues yo también soy el mismo, lo mejor que puedo hacer, lo único que me queda, es volver a disolverme otra vez gentilmente en el vacío de la noche. Jamás he estado ahí. Nunca he existido. Que no quede ni el recuerdo.

6 Comentarios:

David dijo...

Vaya! Se nota que este tema de la fugacidad del tiempo y lo mal que lo aprovechamos te preocupa, porque el tema de elegir y la segunda oportunidad es algo a lo que regresas de vez en cuando.

Había un texto que me mandaron por mail que se lo atribuían a Quino (si no es apócrifo, es digno de él) en el que hablaba de algo parecido a lo de Amis. Plantear la vida al revés.
Espera, está aquí:
… Pienso que la forma en que la vida fluye está mal. Debería ser al revés: Uno debería morir primero para salir de eso de una vez.

Luego, vivir en un asilo de ancianos hasta que te saquen cuando ya no eres tan viejo para estar ahí.

Entonces empiezas a trabajar, trabajar por cuarenta años hasta que eres lo suficientemente joven para disfrutar de tu jubilación.

Luego fiestas, parrandas, alcohol. Diversión, amantes, novios, novias, todo, hasta que estés listo para entrar a la secundaria…

Después pasas a la primaria y eres un niñ@ que se la pasa jugando sin responsabiliddes de ningún tipo…

Luego pasas a ser un bebé, y vas de nuevo al vientre materno, y ahí pasas los mejores y últimos 9 meses de tu vida flotando en un líquido tibio, hasta que tu vida se apaga en un tremendo orgasmo…

¡¡¡ESO SÍ ES VIDA!!!

Si el recuerdo que dejas sin conocerte es ya tan fuerte, no seas modesto...
Para ser tan misántropo extraño, primero que fueras, segundo que te que te alegres de ver a esos tres o cuatro (que es lo único que importa)... y que te pesen tanto esas ausencias.
¿Será que no eres tan misántropo y sí tan buena persona como ellos?

David dijo...

Aquí hay otra versión ligeramente distinta.SE DEBERÍA EMPEZAR MURIENDO Y ASÍ ESE TRAUMA ESTÁ SUPERADO.

LUEGO TE DESPIERTAS EN UNA RESIDENCIA MEJORANDO DÍA A DÍA.

DESPUÉS TE ECHAN DE LA RESIDENCIA PORQUE ESTÁS BIEN Y LO PRIMERO QUE HACES ES COBRAR TU PENSIÓN.

LUEGO EN TU PRIMER DÍA DE TRABAJO TE DAN UN RELOJ DE ORO.

TRABAJAS 40 AÑOS HASTA QUE SEAS BASTANTE JOVEN COMO PARA DISFRUTAR DEL RETIRO DE LA VIDA LABORAL.

ENTONCES VAS DE FIESTA EN FIESTA, BEBES, PRACTICAS EL SEXO Y TE PREPARAS PARA EMPEZAR A ESTUDIAR.

LUEGO EMPIEZAS EL COLE, JUGANDO CON TUS AMIGOS, SIN NINGÚN TIPO DE OBLIGACIÓN, HASTA QUE SEAS BEBÉ.

Y LOS ÚLTIMOS 9 MESES TE PASAS FLOTANDO TRANQUILO, CON CALEFACCIÓN CENTRAL, ROOM SERVICE ETC…

Y AL FINAL ABANDONAS ESTE MUNDO EN UN ORGASMO.

¿Quino retocó su texto?
¿Alguien se atrevió a cambiarlo?
¿Es realmente suyo?

Nemo Nadir dijo...

"¿Será que no eres tan misántropo y sí tan buena persona como ellos?"

No.

Víctor González dijo...

Hace años vi, en un anuario de diseño gráfico, unas camisetas fantásticas diseñadas por alguien (en USA, claro) para una de esas reuniones de antiguos alumnos. Eran camisetas normales, creo que negras, y en grandes letras blancas tenían escrito en el pecho: "Refréscame la memoria, ¿te amaba o te odiaba?"
Un abrazo,

Dr. Quatermass dijo...

Todo el mundo anda loco con hacer cenas con sus amiguetes del cole de hace 20 años y la verdad la experiencia suele ser bastante extraña, porque todo el mundo ha cambiado tanto que cuesta reconocer a quienes tu recordabas. Es como volver a conocer a gente que curiosamente recuerda batallitas comunes. Pero es verdad que el asunto tiene un atractivo dificilmente explicable.

Si a mi me pasara lo de Benjamin Button, cuando llegara a tener 25 años me hartaría de f...

Chemari dijo...

Nemo!!
Acabo de leer tu "crónica" de la cena de ex. Sinceramente no se si me encontraré en ese grupo de los que te apetecía o apetecería volver a estar con ellos. A mi me pasó lo mismo, tu eras de los que "me apetecía" aunque tengo que reconocer que hubo otros tantos que sinceramente... (te lo comentare la próxima vez que nos veamos, no quiero herir susceptibilidades), que me dio igual o hasta incluso me "jodio" verlos, no eran de mi cuerda. Ya sabes.
Pero eso es agua pasada, somos "adultos" y por supuesto estos actos son gratificantes y más después de 30 años.
Nemo me caes bien.
Eres grande

PD.- Como ves mis textos entrecomillados, denotan un poco de ironía... soy así.
El tiempo tambien cambió a ese estudiate mediocre y justo que tu conociste, igual que cambio a ese "pijin", endeble, mimado y otros calificativos que ya sabes quien era, ¿o no?