miércoles, 5 de mayo de 2010

Neil Diamond: Placer Culpable

Todos tenemos lo que los sajones denominan Guilty Pleasures, aficiones que ocultamos porque si se hicieran públicas nos restarían credibilidad, pero que no podemos evitar que nos gusten. En mi caso siempre he tenido un montón de placeres culpables, aunque cada vez menos. Y no es porque vayan menguando, no, sino porque a estas alturas de mi vida no estoy ya como para ir avergonzándome de las cosas que me llenan y de las que no. Neil Diamond siempre ha encajado en ese tipo de artistas que uno no admitiría seguir en público, pero que secretamente tarareamos. ¿Quién no se ha unido al estribillo de Sweet Caroline? Siempre recordaré cómo nació aquella historia de amor tortuosa con este artista a partir de un cassette recopilatorio que yo mismo hice para acompañar una de mis innumerables mudanzas. Sólo yo en aquella casa vacía y mis canciones favoritas de Diamond sonando en el reproductor mientras desembalaba paquetes por el suelo. Ah, la nostalgia.

Diamond es más norteamericano que el cowboy de Winston, un genuíno producto del corazón de un país mil veces mitificado, y prueba viviente del sueño americano. Tópico tras tópico cumplido, nace en Brooklin en 1941 en el seno de una familia judía, y tras unos tentativos intentos primerizos en los que fracasará tratando de abrirse un hueco como ídolo pop juvenil, pasará a escribir canciones para otros. Suyos son algunos de los más grandes éxitos de The Moonkees a los que donará un himno a la ingenuidad como es I'm a Believer. Esta faceta de escritor mercenario le llevará a grabar sus primeros discos de éxito comenzando con Solitary Man en 1966, una canción con una sonoridad totalmente actual y que ha sido versioneada por Chris Isaak, Johnny Cash y HIM entre otros. Son años de grandes singles y álbumes repletos de piezas de relleno. Canciones tiernas, estremecedoras y apasionadas, a veces demostraciones excesivas de un cantautor con la boca llena. Pero trallazos como Girl You'll Be a Woman Soon (más tarde en la banda sonora de Pulp Fiction) y Red Red Wine (popularizada por UB40) quedarían en el imaginario popular durante décadas.

Con la llegada del hippismo Diamond se pone grandilocuente. Quiere que se le recuerde como un artista de discos de larga duración completos. Compone misas y trilogías, y explora en las raíces de la música popular, pero siguen siendo sus singles los que se pegan a la piel. Canciones magnificentes que rebuscan en la épica romántica, arropadas de manera que inflama el corazón, junto a apuntes intimistas. Es la época de Kentucky Woman, versioneada por la primera formación de Deep Purple, Holly Holy con su inmenso coro gospel, el pulso africano de Soolaimon, el desgarro existencial de I Am I Said, la ternura country de Song Sung Blue, y el pop descarado de Cracklin' Rosie. Cada vez más ambicioso, con el cambio de la discográfica Bang Records, que constreñía sus ansias, a MCA, que le da plena libertad, se desata por completo. Para peor. Salen a relucir todas sus tendencias más kitsch y pretenciosas, y a partir de la plomiza banda sonora de Juan Salvador Gaviota, Diamond es un intérprete asumido, The Housewives' Choice, que se dice.

Robbie Robertson, de The Band, llegará al rescate para producirle Beautiful Noise en 1976. Se muestra como un cantautor intenso de pose auténtica, con aire reconcentrado y reflexivo oculto tras grandes gafas de sol. A pesar de la oposición del resto de The Band, que lo ven como poco respetable, se hace un hueco junto a su adorada Joni Mitchell en la película The Last Waltz gracias al empeño del propio Robertson. Es un espejismo. Sus discos se convierten en affaires sofisticados para seducir solteronas, casi a la altura de Julio Iglesias. Hasta los singles son un pastel de merengue. Se rodea de los colaboradores más granados del soft-rock californiano para entregar papillas edulcoradas y anodinas sin nada que las distinga más que su voz cada vez más estereotipada. Es una especie de George Hamilton rockero. Ya no hay sentimiento, sólo un calentón. En 1980 se acuerda de sus raíces judías y participa en un remake de El Cantor de Jazz filmado a mayor gloria suya. Las canciones que aporta, en colaboración con Gilbert Becaud, son extraordinarias. La grandiosidad y sofisticación del francés le sientan muy bien a sus composiciones y The Jazz Singer será un disco completamente satisfactorio y lleno de facetas.

Tras este último zarpazo seguirá dando conciertos sudorosos y pretendiendo parecer casual en vaqueros mientras intenta disimular su galopante alopecia. Se disuelve en la oscuridad del mainstream. Le hace una canción a E.T., graba temas de musicales, clásicos navideños, standards del country, todo tipo de duetos y éxitos ajenos. Cumple con todos los tópicos del circuito nostálgico y las varietés hasta que es rescatado en 2005 por Rick Rubin para dos discos de vuelta a sus orígenes. Diamond se olvida de los pelucones con laca y entrega un puñado de canciones sinceras y desnudas que lo muestran como el gran compositor e intérprete que es cuando se olvida de todo artificio. Dos obras centradas, calmadas, maduras y ¿por qué no? auténticas. Rubin le aplica el mismo tratamiento ganador que ya testara con Johnny Cash, el tipo de producción que le gusta hacer al barbudo. El artista, su guitarra y dejar rodar las cintas. Pero para mí, aquella recopilación casera que machaqué en mi cassette, aquel batiburrillo de megaéxitos y temas más oscuros, aquellas canciones, son las que me siguen produciendo el mismo calorcillo.

4 Comentarios:

David dijo...

Ja,ja,ja.
En mi casa no podía poner la música de mi padre, pero mi madre me pasó las escasísimas cintas que tenía y dos de ellas eran Touching you,Touching me (ahí escuché por primera vez la maravillosa Both sides now de Mitchell) y el Hot August Nigth (que me parece un directo buenísimo).
A mí Neil Diamond me gusta. Y sí. Tengo un par de recopilatorios y hay cosas que dan grima (lo de E.T me lo contó un amigo y no daba crédito). Pero me gusta hasta Forever in blue jeans.
A mí me pareció bien verle con The Band... El disco que le produjo Robbie estaba bien... No tengo discos suyos porque como tú dices creo que es más un tipo de singles... Pero qué singles! Vamos, los de su primera etapa son temas geniales que no tienen nada de vergonzoso. Girl you'll be a woman soon y las que citas son buenísimas.
Reconozco que Song Sung Blue parece hecha para que las monjas canten con los niños en el patio de gimnasia, pero Brother Love's Travelling Salvation Show (que la conocí en el Hot August) me parecía buenísima.
No he oído El cantor de Jazz. La peli creo que fue un fracaso y la crítica la puso a parir.
El disco que le produjo Rubin me gustó (lo escuché por Spoty). Pero desde que escuché aquel hace muchísimo que no lo pongo. Hace unos añitos lo ponía más.
En Beautiful Girls cuando termina la peli su Sweet Caroline suena grandioso.
Ay! Estos judíos (ja,ja).
Por cierto, se me olvidaba. En las notas de un recopilatorio decía que, me parece que Solitary Man "copiaba" cosas de Michelle
Por más veces que la escuché, no lo pillaba. Así que era bueno hasta para eso.

TSI-NA-PAH dijo...

Siempre revindico a este hombre, estaos de acuerdo que su look no es su fuerte, pero tiene una voz y unos temas increibles.Pues si es Guilty escuchar a Diamond, confieso que peco a menudo.
un abrazo

Dr. Quatermass dijo...

Anda casualmente ando hablando de Guilty Pleasures también. Sin embargo yo diría que cada dia tengo más, no porque me de vergüenza decirlo, sino porque me gustan cosas mas raras/frikis. Neil Diamond rules, hombre.

sé de cine dijo...

Me lo hiciste recordar. El cantor de jazz me emocionó, uno de mis primeros casettes fue de Neil Diamond. Una peli que volvía a ver como dos o tres veces más.