lunes, 3 de mayo de 2010

El Sobre Sorpresa

Tal vez recuerden aquellos Sobres Sorpresa que comprábamos en nuestra infancia. La última esperanza con la que nos íbamos a casa tras inspeccionar los escaparates con nuestra moneda de cinco pesetas en la mano sin encontrar nada que nos satisfaciera. Un empeño postrero y siempre frustrante en el que el fabricante de turno había deslizado restos y saldos con los que librarse de su excedente, confiando en la inagotable capacidad para soñar del ser humano. Teníamos nuestro dinero y teníamos ganas, pero no había nada que nos gustase, así que lanzábamos un deseo al aire con la ilusión de que dentro de aquel sobre sorpresa hubiera ese pequeño destello que nos hiciera estremecernos de emoción. La eterna búsqueda del diamante entre el carbón. El mismo cebo con que tantos feriantes trataban de salir adelante en tómbolas y fiestas de pueblo. Tres bolas para derribar la lata. Un tiro con la escopeta de balines de plomo para hacer caer el cigarrillo sobre el palillo. Secretario, pásame el Sobre Sorpresa a ver qué ha conseguido el caballero. Cuántas veces los concursantes del 1, 2, 3, aquel programa al que nos conectábamos todos en los tiempos nostálgicos de la televisión única, decidían quedarse con el Sobre Sorpresa cuando ya sabían que habían perdido el siempre anhelado coche.

Y todavía seguimos abriendo nuestros Sobres Sorpresa. Pero ahora lo hacemos a través de chats, de Facebook, de Messenger, de Tuenti y cuanti redes sociales que tanto éxito tienen hoy en día. Lanzando nuestra caña en medio del mar de la pantalla en blanco deseando encontrar ahí a esa persona sorprendente y maravillosa que no hemos conocido en carne y hueso. Buscando coincidencias en las palabras que alguien a tanta distancia está tecleando delante del palpitante corazoncito del cursor. Son nuestras fantasías las que ajustan a ese reflejo con quien conversamos cada día, en el esquema que soñamos. Lo encajan a martillazos en el Príncipe Azul o la Princesa Rosa que nos hemos imaginado creyendo haber encontrado un alma gemela al otro lado del ordenador. Se ciberenamoran y ciberfantasean con un ciberalguien que hace que cada día se conecten con ciberansia a este nuevo electrodoméstico que se les ha hecho imprescindible y que consigue que cada día se vaya a la cama con una sonrisa en los labios y los ojos centelleantes. Con su moneda de cinco pesetas en la mano dispuestos a comprar una ilusión. Pero si no han encontrado nada que les guste en ese escaparate que es la vida real, tampoco crean que les va a saltar a las manos dentro de ese Sobre Sorpresa lleno de saldos que es la web.

9 Comentarios:

TSI-NA-PAH dijo...

Sorpresa! que bonito cuando es buena.
Saludos

David dijo...

Más que estupenda entrada(y lo digo totalmente en serio). Habría mucho que discutir sobre lo que aquí apuntas.

Dr. Quatermass dijo...

Como bien dejas entrever, la ilusión de cada sobre era la misma aunque llevaras 200 decepciones anteriores. La capacidad para ilusionarse es infinitamente superior a las frustraciones de las que no nos acordamos cuando a un rayito de esperanza nos podemos agarrar. Así de simple es el espíritu humano, y así de grande...

paprika dijo...

El sobre sorpresa me hace recordar mi infancia, siempre lo abría con verdadera emoción, esperando encontrar..no se, algo que me hiciera feliz,lo curioso es que hoy, sigo igual, esperando con ilusión que cuando el sobre se abra, encuentre lo que verdaderamente estoy buscando, así que, porque ser negativo y pensar que no llegara ese sobre de una forma u otra?, en cualquier caso mientras llega,yo seguiré yéndome a la cama con una sonrisa en los labios y los ojos centelleantes...

Anónimo dijo...

La providencia también se sirve de artilugios y nuevas tecnologías. Tú estás ahí, él/ella también. Lo difícil de esto es que, ahora que internet nos proporciona una cibervida rápida y frenética, nos paremos a conocer, no!, a reconocer a la persona que teclea al otro lado como esa persona que hemos soñado. Todo es muy extraño...y rápido!

Yo he abierto un sobre sorpresa de los de ahora...me abruma esta suerte.

Jero dijo...

Totalmente de acuerdo con esta entrada, Nemo. Sobre todo con lo de "encajar a martillazos". Aunque eso, para qué negarlo, también lo hacemos muchas veces cuando acabamos de conocer a alguien en el mundo físico (no sé cómo referirme a lo que no es internet: "el mundo real" suena despectivo, ¿no?)

Anónimo dijo...

"Una cosita que tenga algo", eso es lo que pedía a mis padres de pequeña cuando se marchaban de casa. Raras veces mi padre traía algo, mi madre casi siempre. Una caja con una piedra dentro me era suficiente. Lo que me llenaba de ilusión era que mi madre se había acordado de mí en la distancia. Sorpresa lo que se dice sorpresa no me llevaba porque la tia pocas veces innovo...incluso el tamaño de la piedra era casi siempre similar.

Anónimo dijo...

El ciberespacio tiene sus ventajas y sus inconvenientes, como todo en la vida.Yo he tenido la suerte de abrir un sobre sorpresa, con premio. En este caso el sobre es el mismo que abri hace 30 años, pero entonces no lo supe apreciar. Hoy, me (nos ) hemos dado cuenta de qué aquel sobre era mágico.La mágia no se pierde,el conejo sigue en la chistera. Gracias señor Facebook

Kinezoe dijo...

Merece la pena comprar algún que otro sobre de éstos de vez en cuando; nunca se sabe...

Saludos.