Joanna Newsom es la última
wunderkind del
folk americano. Su anterior trabajo, el celebrado
Ys, copó en 2006 las listas de favoritos de medio mundo. Acaba de aterrizarnos ahora su nueva obra.
Have One on Me es un disco triple cargado con las ya habituales canciones extensas, rica y extravagantemente orquestadas. Unos arreglos de cuerda más discretos que los que pudimos escuchar cuando era el mítico
Van Dyke Parks quien pilotaba la nave, y una producción reminiscente ahora de
Yesterday y
Eleanor Rigby, que además incluye una sección de viento que igual remite al
jazz de New Orleans como a los arreglos de
Sgt. Pepper's. Pero no se me aceleren, no esperen ustedes encontrar aquí algo que puedan tararear al final del disco. La artista californiana hace un mayor énfasis en este larga duración en la utilización del piano como intrumento principal que guía sus canciones en detrimento de su habitual arpa, sólo utilizada en algunos temas. También dedica una estructura más
pop a sus composiciones, e incluso un cierto abandono de la
psicodelia para explorar nuevos formatos como el
gospel. Pero continúa con su estilo alucinado y sus letras oníricas cantadas con esa voz de niña que tanto recuerda a la vocalista de
Russian Red. O viceversa. Una forma de cantar que también ha evolucionado debido, según achacan algunos, a unos nódulos retirados de su garganta, y según otros a un desarrollo natural.

Sin embargo, cuando hablamos de
Joanna Newsom lo estamos haciendo de un talento singular que tiene pocos puntos de referencia. Tal vez el
psych-folk de finales de los 60's cruzado con
Kate Bush, o la delicada influencia de la enorme
Joni Mitchell que se puede reconocer en aquellas composiciones fundamentadas en las melodías del piano.
Newsom es una artista a la que quizá se le podría tachar de caprichosa, sobre todo debido a los meandros por los que discurren sus canciones más desestructuradas, y a su fomentado aspecto de hada
prerrafaelista que tan bien casa con la suavidad y exuberancia de sus canciones. Además,
Have One on Me es todo un
tour de force de dos horas que, en esta época en la que se busca la satisfacción inmediata, el aquí y ahora, se puede golpear de bruces con una audiencia desconcertada y con problemas de atención. Porque se trata de un album que no es en absoluto inmediato, una rodaja densa y exigente que reclama atención y esfuerzo por parte del oyente, pero cuyas recompensas a medio plazo son muchas. Y no faltará quien lo tache de autoindulgente y de abusar de un falso tono excesivamente lineal. No se dejen engañar a la primera escucha. Si ustedes se adentran en esta larga suite trufada de pequeños movimientos multiples, acompañados de un trago largo, cálido y profundo, descubrirán un espacio lleno de belleza que tal vez debería archivarse en la sección de clásica. Otra cosa es estén dispuestos a la aventura, que no son estos tiempos estos de andar mariposeando.
1 Comentarios:
Todavía tengo que ponerme con The Raspberries. De todas formas... dos horas! la verdad es que tienes razón en que los tiempos piden satisfacción inmediata... y encima comentas que el album no lo es, sino que va ganándote en varias escuchas. Me ha pasado con algunos, que antes escuchaba varias veces, pero ahora me da cada vez más pereza si no me entran a la primera. Por cierto, hay algunos de los que has recomendado por aquí que sí suelo escuchar de vez en cuando... enteros la primera vez (y algunos varias veces, fíjate si me gustaron), pero ahora sólo temas sueltos ( Findlay Brown, God help the girl, the Leisure Society y otros).
Un saludito.
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