miércoles, 21 de abril de 2010

Daybreakers

Esto de las modas es así. A la gente nos da por los vampiros, y la industria se pone las botas dale que te pego hasta aburrir. Y eso que Daybreakers es una película de temática vampírica con otro ángulo y que cuenta con actores solventes como Ethan Hawke, Willem Dafoe y Sam Neill. Pero eso de ver una humanidad futura en la que casi todo el mundo es vampiro, y cuyas actitudes y costumbres se modelan de acuerdo a esa condición, es demasiado para mí. Me da la risa floja y no puedo entrar en tanto desparrame. Y no es que esté mal hecha. Es que el punto de partida y las respectivas situaciones son descalabrantes. Una sucesión de chorrada tras chorrada.

Los vampiros tienen sus trabajos, sus relaciones, viajan en metro... y son inmortales. Todo es igual que en nuestra sociedad, sólo que los humanos sobrevivientes han quedado reducidos a ser un mero alimento y son cazados por el ejército para convertirse en ganado cultivado en granjas en donde son ordeñados como vacas. La situación ha llegado a tal extremo que no hay ya sangre suficiente para todos y los científicos vampiros se afanan para buscar una sangre sintética sustitutiva. Al frente de tal despropósito está el bello Hawke encarnando a un hematólogo que se compadece de los humanos, lo que todos los vampiros han sido antes de su transformación. ¿A que suena excitante?

Pues eso, los vampiros con apariencia humana se están convirtiendo en monstruos con aspecto de murciélago y empiezan a devorarse unos a otros. El mismo protagonista está empezando a tener síntomas de la transformación hasta que encuentran una cura al vampirismo bastante tontorrona entre carreras y peleas plagadas de las clásicas inconsistencias: humanos que confían sin tener porqué en el vampirito bueno, un coche inoportuno que desaparece, tiros a granel que nunca aciertan... Y ni un solo vampiro negro en toda la película excepto el senador que defiende los derechos humanos. Todos parecen bien alimentados, acomodados, posicionados. Como si los que se hubieran convertido fuesen los pertenecientes a las clases altas, como si las sociedades avanzadas hubieran devorado al resto de la humanidad.

Porque esta película puede verse si se quiere como una alegoría de la adicción a las drogas, una denuncia de la esclavitud, de los regímenes totalitarios, o de los tejemanejes de la industria farmacéutica (¿recuerdan la Gripe A?). Pero no es más que una peliculita espectacular que combina el cyberpunk con la estética de Gattaca, para niños góticos y demás fauna que va a los cines a rumiar palomitas y berrear. Ambiente futurista y caracterización retro estilo años 30 en una serie Z con presupuesto y más clichés que en el laboratorio de un fotógrafo. Si quieren ver chorritones de sangre a litros y una historia totalmente alejada de la crisis y el paro, adelante. Yo me aburrí más que Bon Scott en un concierto de la Penguin Café Orchestra.

1 Comentarios:

David dijo...

Pues no me interesaba para nada, a pesar de tan prometedora premisa (que ya conocía)...
¿Ahora lo que se lleva no es lo de los zombies? Aunque ya se han hecho varias partiendo de esa misma idea...