viernes, 2 de abril de 2010

Ben-Hur (1925)

En la película Pat Garret & Billy the Kid, un jovencito Kris Kristofferson se encara con Jason Robards, que encarna al general Lew Wallace. Pocos saben que ese militar, héroe del ejército de la Unión durante la Guerra de Secesión americana, sería más tarde Gobernador de Indiana y autor literario de éxito, cuya más notable creación sería la novela Ben-Hur: A Tale of the Christ. Publicada en 1880, dentro de la entonces popular corriente histórico-religiosa, narra la vida del príncipe judío Judá Ben-Hur y sus sucesivos encuentros con Jesucristo. Para aquellos que no sepan de que va y esperen otra La Vida de Brian, sepan que este es un relato de piedad y perdón cristiano inspirado por El Conde de Montecristo de Alejandro Dumas.

Todo un best seller en su época, Ben-Hur desbancó a La Cabaña del Tío Tom de Harriet Beecher Stowe como la novela más vendida hasta la fecha, y aguantó en ese puesto hasta la llegada de Lo que el Viento se Llevó de Magaret Mitchell. Fue tal su éxito que llegó a ser el primer libro de ficción bendecido por un Papa, León XIII, y más tarde sería causa de la ampliación definitiva de la audiencia de los cines cuando la descarada campaña publicitaria de la Metro-Goldwyn-Mayer sobre su adaptación cinematográfica, que proclamaba "La película que todo cristiano debería ver", venció la inicial reticencia de la Iglesia hacia el nuevo arte. Y como ustedes ya saben que en este blog nos gustan las tradiciones, ¿cómo no tratar de una tradición tan enraizada entre nosotros como la de la clásica película de romanos en Semana Santa?

Ben-Hur ha sido llevada cuatro veces a la gran pantalla. La primera en una producción italiana de un solo rollo en 1907, y la última en una olvidable adaptación animada de 2003. A la sombra de la versión de cuatro horas dirigida por William Wyler, y protagonizada por Charlton Heston, que fue galardonada con 11 Oscars en 1959, queda una extraordinaria aunque no tan fiel adaptación que se realizó en 1925, un año antes de la llegada del cine sonoro, y que sentó las bases para la más popular versión en technicolor que todos conocemos y queremos. Este Ben-Hur mudo resultó la producción más cara del cine de los años 20's y fue dirigida por Fred Niblo, un antiguo artista de vodevil que durante su carrera como director trabajaría con las actrices de mayor éxito de la época como Lillian Gish, Greta Garbo y Joan Crawford, y que tendría a sus órdenes a Douglas Fairbanks en La Marca del Zorro y Los Tres Mosqueteros, y a Rofolfo Valentino en Sangre y Arena.

Al igual que el Ben-Hur sonoro pondría a Charlton Heston en la palestra, la película de Niblo consagró como latin lover al actor mexicano Ramón Novarro, rivalizando con el entonces todopoderoso Valentino. Al final, el director sería otro de los cineastas que se hundiría con la llegada del sonoro. Novarro, por su parte, sería un actor que viviría alcoholizado a causa del conflicto entre su fe católica y su homosexualidad oculta, y acabaría sus días asesinado por dos chaperos que pretendían robarle en su casa tal y como retrató Charles Bukowski, otro escritor que tiene mucho en común con el cine, y que merece un post en sí mismo, en uno de sus tremendistas cuentos.

Ben-Hur es un disfrute de principio a fin. Un espectáculo que bebe de las portadas de las revistas pulp de su tiempo y lleva a su campo los rasgos estéticos más destacados del cine histórico de principios del siglo XX: monumentalidad, femmes fatales, ricos vestuarios, miles de figurantes y exhibiciones de escenarios de un lujo desbordante. El rodaje se demoró durante tres años por una serie de inconvenientes que llevaron a que el primer director, Rex Ingram, fuese sustituido por Niblo. Ahora es divertido conocer que durante la fimación que se llevó a cabo en Roma los extras italianos que participaban en la secuencia de la batalla naval se habían dividido entre fascistas y socialistas y, ya que estaban armados, pensaban dirimir sus diferencias a la vieja usanza, aún cuando muchos de ellos no supiesen nadar.

La famosa carrera de cuádrigas es igualmente apasionante en esta versión. De hecho, Wyler replicó casi exactamente la secuencia en su adaptación. Otra anécdota característica es que para hacer este pasaje más excitante, Louis B. Mayer, capo de la productora, prometió una recompensa de 100 dólares al especialista que ganase la carrera. Lo que condujo a un aparatoso choque que ha quedado incluído en la película, en el que murieron un espectador y varios caballos. Un énfasis este en las batallas, los ejércitos y la fascinación por la milicia, que revela el origen del autor de la obra. Además, para mayor espectacularidad, algunas escenas fueron sometidas a un llamativo sistema de coloración precursor del technicolor.

Judá Ben-Hur nace en el mismo momento que Jesucristo. El protagonista crece en Jerusalén durante la ocupación romana, siendo Messala, el hijo de un recaudador de impuestos romano, su mejor amigo y más tarde su más encarnizado enemigo. La película empieza con el nacimiento de Cristo y la adoración de los Magos y luego salta años adelante, cuando Messala acaba de volver de la capital del imperio tras completar su educación y la amistad de la infancia se transforma en rivalidad por su prepotencia como ocupador. A causa de un desgraciado accidente, Judá hiere al nuevo gobernador romano y, traicionado por Messala, es condenado como reo a galeras, y su familia es encarcelada.

Como en El Conde de Montecristo, el protagonista consigue escapar y ahí comienza su ascensión como un hombre nuevo dispuesto a recuperar a su familia, vengarse de Messala, e iniciar una revuelta contra los romanos. Durante su esclavitud se producirá su primer encuentro con Jesús, cuando éste se apiade del torturado Ben-Hur y le ofrezca agua. Será el primer momento en el que Judá se sentirá impresionado por la inspiradora personalidad de Jesús. Ben-Hur vuelve a casa cuando Poncio Pilatos es prefecto en Judea y es testigo de la crucifixión de Cristo, a quien quería seguir como un líder que llevase a los judíos a la libertad. Jesús cura la lepra a la madre y la hermana de Ben-Hur y ahí se dará cuenta de que son más fuerte la piedad y la compasión que el odio.

Novarro interpreta a un protagonista mucho más elegante que el rudo vengador caracterizado por Heston y el Messala de Francis X. Bushman resulta más bruto y seductor que el homoerótico romano encarnado por Stephen Boyd. Así, Ben-Hur aboga por el amor y la no violencia. Perdón, comprensión y cariño. Hombres que se aman los unos a los otros. ¿No son estos unos bonitos mensajes para esta Semana Santa de Pasión? Sean buenos estos días y vean una peli como esta. Y ni se les ocurra comer carne. Ni mucho menos ostras. Ni caracoles.

1 Comentarios:

David dijo...

No es la reseña que todo cristiano debería leer, pero me ha gustado mucho.
Había una anécdota con Mayer y Thalberg que creía que era con Ben-Hur pero igual fue con otra peli. Vamos a hacer como que fue con esta, que la anécdota merece la pena.

Thalberg va a hablar con los herederos de Wallace para ver si puede adaptar al cine la novela. Le dicen que no, de ninguna manera, que no pueden otorgarle los derechos, porque es una novela cristiana y él es judío.
- ¿Lo entiende usted, señor Thalberg? Si no es cristiano, no puede entender esta novela, mucho menos adaptarla.

Respuesta de Irving:
- Está bien. No se preocupen. Mañana vendrá a hablar con ustedes mi socio, Louis B. Mayer. Él es cristiano (ja,ja).

Estos judíos son geniales... Más dicharacheros que los cristianos al menos.

Un saludo.