
Cuando
The Beatles se separaron todos nos sentimos un poco huérfanos. Los cuatro de Liverpool continuaron grabando discos cada uno por su cuenta, pero ya no era lo mismo. Los fans mirábamos a nuestro alrededor en busca de un grupo que pudiese ocupar el hueco vacante. Docenas de bandas herederas del sonido de los
Fab Four surgieron dando origen a un estilo que más tarde se conocería como
Power Pop. Algunas de ellas, como
Badfinger, en el Reino Unido, otras, con mayor profusión, en los Estados Unidos. Pero ya era una cuestión de
bad timming, el
hard rock y la
música progresiva dominaban los gustos de la época, y los sonidos del
pop anglófilo parecían cosa del pasado. Grandes grupos como los citados
Badfinger, con un reguero de obras maestras a sus espaldas, pasaron desapercibidos. En los USA fueron
The Raspberries los mayores candidatos al trono. Una banda llena de talentos con experiencia y bien promocionados, pero que no serían reconocidos hasta una década después.
The Raspberries surgen de las cenizas de
The Choir, una banda de Ohio que a mediados de los 60's grabó un puñado de singles deudores de
A Hard Day's Night y
Rubber Soul. En ellos se encontraban ya tres cuartas partes de los futuros
Raspberries: el guitarra
Wally Bryson, el batería
Jim Bonfanti y
Dave Smalley que alternaría guitarra y bajo. Cuando conocen a un tal
Eric Carmen, piano, bajo y guitarra, dejarán
The Choir para fundar
The Raspberries, mientras que los primeros derivarán, con otros miembros, hacia un sonido más progresivo y psicodélico. El primer disco de
The Raspberries llega en 1972 y hermana las guitarras potentes con las tiernas baladas pianísticas, a veces dentro de la misma canción. Una pedrada directa al estómago en la que se escuchan ecos no sólo de
The Beatles en su vertiente más
McCartniana, sino también de luminarias del
pop sesentero como
The Beach Boys,
The Who,
The Kinks,
The Small Faces y
The Hollies. Pero no son unos meros imitadores. Su debut demuestra personalidad, imaginación y una amplia panoplia de estilos. Sólo cuando abordan los pasajes más trillados del
rock & roll convencional suenan rutinarios. Con una imagen potente y la adecuada campaña publicitaria se convierten en pasto de carpetas para adolescentes.

La crítica les arrea hasta en el cielo de la boca. No le gustan sus trajes a juego, no le gustan sus peinados, no le gusta la campaña de
marketing agresiva y no le gusta el sonido
retro de sus composiciones. No importa. Pocos meses después llega
Fresh, su siguiente album y el que bebe más directamente de la influencia
Beatle, con estribillos rotundos y pegadizos, y cita explícita a
Penny Lane incluída. Tanto
Carmen como
Bryson y
Smalley componen y se encargan de la voz solista en sus discos, pero es
Eric el que mayor cuota y éxito comercial obtiene, y empiezan a surgir las primeras tensiones con visiones muy diferentes de por dónde tiene que ir la banda.
Fresh, sin embargo, es una obra absolutamente paladeable y casi perfecta que demuestra maestría interpretativa y gran madurez compositiva, con arreglos brillantemente ejecutados que los colocan a la altura de sus maestros.
The Raspberries no hacen sino mejorar con cada entrega, aunque la vertiente
boogie cortesía de
Bryson continúe pareciendo demasiado formulaica al lado de toda la imaginación que lucen el resto de las composiciones.

1973 verá la llegada de
Side 3, que endurece considerablemente su sonido y carga las tintas con amplitud sobre las influencias de
The Who. De tal manera que a veces rozan el
pastiche y tanto la guitarra de
Bryson como la voz de
Carmen parecen extraídas de uno de los cortes del
Quadrophenia de
Pete Townshend y
Roger Daltrey, que fue publicado el mismo año. Pero
The Raspberries no tienen nada que envidiar creativamente a sus mentores.
Side 3 es un perfecto balance de sonidos rockeros y armonías vocales, de
riffs de guitarra y melodías incisivas. Sin embargo el disco no vende.
Smalley y
Bonfanti se largan para formar su propia banda, y serán sustituídos por viejos conocidos de
Carmen y
Bryson. Destaca el lennoniano
Scott McCarl, quien aportará sus composiciones y voz solista a la mezcla. Al contrario de lo que podría parecer, la nueva sangre renueva las fuerzas de
The Raspberries y
Starting Over, publicado en 1974, será la síntesis perfecta de su sonido. Melodías gloriosas, estribillos pegadizos, juegos de voces dignos de los hermanos
Wilson y una producción cercana a
Phil Spector,
The Raspberries recuerdan, salvando las distancias, a unos
Queen más pop y menos exuberantes.

Pero el éxito no llega y la banda está cansada.
Carmen quiere probar a echar más sirope al pastel y
Bryson está harto de que no le dejen meter más guitarrazos. Se disuelven.
Eric Carmen se lo comerá todo con
All by Myself para ir diluyéndose poco a poco en el
AOR y volver con un cardado imposible en la banda sonora de
Diry Dancing.
Bryson probará suerte al frente de
Fotomaker con miembros previos de
The Rascals, pero tampoco obtendrá reconocimiento. La influencia de
The Raspberries se dejaría sentir en un montón de bandas posteriores, desde
Cheap Trick,
Kiss y
Boston, hasta
Tom Petty,
Guns n' Roses y
Smashing Pumpkins, pero tristemente siempre se quedarían en la segunda fila. Veinte años después de su separación se daría la inevitable reunión en directo con más barriga e, increíblemente, más pelo, y con una asombrosa buena forma, para volver a la oscuridad.
The Raspberries quedan como un grupo esencial que ha dejado cuatro discos maravillosos que componen el ABC del
pop con mayúsculas. Yo de ustedes no me los perdería.
4 Comentarios:
Pues no me los perderé. En Spoty tienen los cuatro. Cuando pueda iré dándoles una escucha. Un saludo.
PD: La portada de Fresh no tiene precio.
Lo que no tiene precio es lo que hay dentro. Como dijo Chuck Berry: "You can't judge a book by the cover". Una recomendación: empieza por el primero y en orden. Su debut sólo tiene dos temas mediocres.
Me encanta el subtítulo de tu blog, y no es peloteo. ¿es propio o ajeno eso de "detestar al ser humano pero amar su obra"?
Juraría que es de cosecha propia. Es algo que piensas cuando descubres que la persona que hay detrás de una obra que admiras suele acabar siendo un cretino. Pero ¿quién sabe? tal vez lo escuché por ahí y lo tengo asumido como mio. En todo caso, cuanto más lo leo, más pretencioso me parece.
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