Precious es una película basada en Push, una novela de la escritora afroamericana Sapphire. Un film políticamente muy incorrecto que mete el dedo directamente en el ojo de la sociedad del bienestar norteamericana. Una denuncia de una parte de su población que vive subvencionada y sin iniciativa. Una minoría recluída en ghettos que se contenta con vivir de los cheques de los Servicios Sociales mientras se atiborra de Kentucky Fried Chicken frente al televisor. Parece mentira que en pleno siglo XXI, en una sociedad tan avanzada, se conviva con una realidad de desmotivación-subsidio-desmotivación. Un círculo vicioso de generaciones que no se esfuerzan por progresar, en las que el analfabetismo es sangrante entre los adultos. Un preludio a nuestra tristemente célebre Generación Ni-Ni, ni estudian ni trabajan. Como siempre, como con todo lo que viene de los Estados Unidos, algo que nos está llegando ya.
La protagonista de Precious es Gabourey Sidibe, una debutante que interpreta atinadamente a una adolescente negra, analfabeta y obesa que es violada por su padre. A causa de esos abusos ha tenido una niña con Síndrome de Down y está embarazada por segunda vez, es seropositiva y su madre la somete a sistemáticos maltratos físicos y psicológicos. Su vida es horrible y durísima, lo único que ha conocido en sus 16 años ha sido el egoismo de los que la rodean. Pero en realidad, dentro de ella no hay más que una niña ingenua y llena de sueños que ansía salir un día volando de ese pozo, que sabe que hay otra vía. En un paso mil veces visto en otras películas, Precious se encontrará con la profesora que verá en ella algo más, que se preocupará por ella y le servirá de inspiración. Es un detalle significativo el que esta profesora sea precisamente alguien que seguramente ha tenido que superar todas las barreras posibles al pertenecer al epítome de la perfecta minoría discriminada: es mujer, es negra y es homosexual.
La película tiene aciertos notorios. Uno de ellos es el tremendo choque que supone la superposición del monólogo interior de su protagonista, con las imágenes de su cotidianeidad y su gesto hosco, máscara tras la cual se esconde una persona sensible y con inquietudes. Otro es el movimiento de la cámara, que acerca a este film al género documental. Y un tercero más sutil es la imagen que se da de la mujer norteamericana, más allá de su raza, como más machista aún que los propios hombres. Mujeres que necesitan a su lado a un varón que las proteja y las haga suyas, un hombre al que aferrarse y no soltarlo. El matrimonio como fin supremo. De todos modos hay también bastantes secuencias decididamente camp que aunque resultan superfluas, no consiguen impedir que el espectador en la mayor parte del minutaje sienta una sensación irrefrenablemente amarga hasta la furia.
Como guinda final, ya sabrán que la humorista televisiva Mo'Nique ha conseguido un Oscar por su interpretación de la odiosa madre de Precious, y Mariah Carey y Lenny Kravitz están más que notables en unos papeles secundarios despojados de todo glamour. La influyente periodista Oprah Winfrey se ha involucrado en la promoción de Precious insistiendo en la importancia de la escolarización y el mensaje inspiracional tan queridos por la sociedad norteamericana. Algo que podría resultar hartamente sospechoso a cualquier cínico si no se tiene en cuenta que es el tipo de conclusión que han buscado tantos autores negros norteamericanos desde que comenzaron a escribir sus Slave Narratives. Así pues, Precious acaba siendo un cuento moderno que nos dice que si uno persevera y se esfuerza lo suficiente, puede salir adelante contra viento y marea. Ya ven, una película muy políticamente incorrecta con un mensaje final muy políticamente correcto. La otra cara del Show de Bill Cosby.
1 Comentarios:
Y hablando del final de tu reseña, yo diría cómo dentro de la pesadilla americana, todavía se vende el sueño americano. No la he visto, pero eso ya lo imaginabas.
Publicar un comentario en la entrada