lunes, 1 de marzo de 2010

Papel para envolver pescado

Cuando yo era un crío siempre veía que en las series de televisión se utilizaban los periódicos viejos para formar un pasillo sobre el que se pudiera caminar sin pisar el suelo recién fregado. Una costumbre que a mí siempre me pareció exótica, poco práctica y un tanto cochina. En mi casa eso no se hacía. Primero porque en mi casa no había periódicos, ni nuevos ni viejos. Y segundo porque cuando mi madre pasaba el mocho por alguna habitación bastaba con que anunciase: "No entres al cuarto de baño, que está mojado". Y ay de mí como se me olvidase. La Señora Nadir con un mínimo gesto de tobillo desenfundaba con destreza una zapatilla y me llovía una tormenta perfecta sobre cualquier parte del cuerpo que mis codos dejasen libre. No es que me hiciera daño, no eran más que pequeños aplausos, una ovación recordatoria, pero no se pueden hacer idea del asco que me daba. Cuando yo era pequeño los periódicos viejos servían para hacer un cucurucho de papel en el que acarrear una docena de huevos, y los tenderos de los tebeos de Bruguera los utilizaban siempre para envolver pescado. Un triste destino para con las noticias caducadas de tan sólo un ingrato día de vida.

No tardé mucho en descubrir que aquellas hojas enormes habían tenido una utilidad anterior. Pronto conocí el placer supremo de comprar el periódico por la mañana junto con media docena de croissants. De sentir el agradable crujido del papel aún caliente doblarse entre mis manos. De aspirar el embriagante olor a tinta recién impresa. De sumergirme en la lectura de los gruesos suplementos culturales incluídos en las páginas centrales. Me gustaba comprar varios periódicos, alternarlos según los días, comparar columnas y secciones. Pronto supe también que pasear con determinado diario bajo el brazo daba caché y marchamo de tipo con criterio inquieto y con cierta posición crítica. Pero según fui creciendo también me di cuenta de que yo era un lector incómodo, al que le costaba plegarse a las líneas editoriales, que no se dejaba adoctrinar y que se planteaba porqué le contaban algunas cosas y otras no. Y porqué se las contaban como se las contaban. No me gustaba que me enmarcaran en ninguna tribu, no quería guardar fidelidad absoluta y ciega, no quería ser lacayo de ningún medio. Llegó el momento en que me encontraba con alguien que indefectiblemente me preguntaba: "Pero ¿tú que haces leyendo eso?" Y yo también me sorprendí alguna vez a mi mismo pensando: "¿Y tú te crees lo que te cuenta eso?"

Les confieso que hace dos décadas que no leo periódicos. Llevo muy mal que me intenten manipular de forma tan burda. Me repugna su pose amable con el poder, me asquea la actitud servil de palmeros del que manda. Debe de tener algo que ver con que soporte tan mal las jerarquías, la prepotencia del jefe. Soy, qué le voy a hacer, un rebelde. Y me gusta serlo. No aguanto que los periódicos retuerzan la realidad para ajustar su opinión y su juicio dependiendo de quien sea el que esté en la cima. Y me fastidia más aún que sus lectores se aferren a lo que diga el periódico de su cuerda como si fuera verdad revelada. Sin cuestionarse nada más, esperando leer lo que quieren leer sin guardar una mínima distancia crítica. Que desfilen en perfecta formación con los suyos, destilando rabia contra los que no encajan en el pensamiento único. Creo que la función del periodista es contar la verdad. Y por muchas facetas que tenga la verdad, por muy poliédrica que sea, los hechos son inamovibles y los datos imperturbables. Demando, como cantaba Santiago Auserón: "Más información sin comentarios". El periodista ha dejado de ser un contrapeso. Ha dejado de ser crítico con el poder para convertirse en su corifeo, en un instrumento más para la estulticia del pueblo. Y sus periódicos ahora ya no me sirven ni como papel para envolver el pescado.

2 Comentarios:

David dijo...

Vaya. Creí que iba a encontrarme con otro post de nostálgico contenido pero por suerte ha variado su rumbo y me encuentro con una crítica a ese medio de comunicación impreso al que también aborrezco. Estupendo post. Yo lo compro los domingos, y a veces leo varios, pero poco.. Cuánto me gustaban de crío y cómo me aburren ahora... En parte por muchos de los motivos que mencionas. Un saludo.

juselito dijo...

Yo a pesar de la verdad que cuentas,no he podido dejar de sentir el tacto del papel recien impreso en mis manos.Cuestión de hábitos.