miércoles, 24 de marzo de 2010

Metal Hurlant, Serge Clerc & The Cramps

Imaginen ustedes por un momento que están a principios de los 80's. Imaginen también que son un preadolescente en un mundo de adultos. E imaginen que sus veranos son largos y solitarios meses en un vacío caserón de pueblo con sus abuelos. Imaginen que cada año se marchan allí cargados con sus libros de matemáticas, un puñado de cassettes de Queen y una recopilación casera con singles de Kaka Deluxe, Los Nikis y Siniestro Total. Imaginen además que en el equipaje de supervencia que se llevan incluyen una desvencijada guitarra de palo de la que infructuosmente se empeñan en extraer los acordes de Ziggy Stardust. Imaginen caluroso día tras caluroso día encerrados en la planta de arriba dejando pasar monótonamente el tiempo y buscando la débil señal de la sintonía de Radio 3 en la radio de su abuelo. Aún más, supongan que sus lecturas se han alimentado hasta ahora de una dieta de El Guerrero del Antifaz, Príncipe Valiente de Burulan, el Conan de un tal Barry Smith en una edición ridícula de Vértice, y lo que han conseguido encontrar de ese tipo que dibuja tan raro y que todavía no saben que se llama Jack Kirby. Háganse a la idea de que ese pueblo, como todo pueblo que se precie, no tiene como distracción nada más que los abundantes bares de la plaza. Y plantéense que un día el muchacho en cuestión descubre que al lado de la pastelería a la que acude cada día religiosamente han abierto una librería papelería para abastecer a las criaturas que, jamás lo sospecharía, viven todo el año en ese pueblo y en invierno van al colegio. El aburrimiento hace a nuestro jovencito curiosear entre montones de folios en blanco, reglas, cartabones, y el inefable olor de las gomas de borrar y los lápices de madera. Vivan con ese preadolescente la sorpresa que sacude su incipiente bigote y sus primeros granos cuando se da cuenta de que, sorpresiva e inesperadamente, en un rincón del recinto, rodeados del Lecturas y el Pronto, hay un pequeño montoncito de un comic que orgullosamente ostenta el extraño título de Metal Hurlant. Y sepan que ese es el primer momento de un verano mágico en el que nuestro protagonista lee artículos sobre una película que se está produciendo y que se llamará Tygra: Hielo y Fuego, y verá por primera vez los bocetos de Frank Frazetta para esa película. Se interesará por las fotografías de actores reales que sirven de base para que los dibujantes trabajen encima de ellas. Y sabrá que hay una segunda película en marcha que se llamará Heavy Metal, y que es la versión en movimiento de los personajes que aparecen en los Estados Unidos en traslación al inglés de la revista que tiene entre las manos. Que hay dibujantes que se llaman Bernie Wrightson y Richard Corben que están haciendo cosas muy especiales, y que hay músicos que se llaman Devo y que están ocupados grabando canciones para la susodicha película. Y ese muchacho descubre que hay un estilo de dibujo que se llama línea clara que parece estar muy de moda, y que es radicalmente diferente a lo que ha visto hasta ese momento, y que en Francia se hacen un montón de comics realmente raros. Entonces se fijará en las llamativas viñetas de un tal Serge Clerc, que ilustran una historieta que parece salida de una película de horror de cine mudo. Algo tan extraño, tan sorprendente, tan fascinante, que aunque casi ni entiende de qué va lo que está intentando leer, los dibujos hacen que la imaginación se le desborde. Porque ese tal Clerc es un joven ilustrador que parece colgado por un grupo de rock que empieza y que por fuerza tiene que ser de lo más excitante. Y todo parece tan nuevo y tan moderno, tan cercano a él, con un sentido del humor tan salvaje, que el chico piensa que el dibujante será sin duda un tipo excepcional y mágico, que el grupo tiene que hacer hevir la sangre y que su música tiene que ser lo más bestial que exista. Y será cuando vuelva a casa que ese chaval se haga con una copia de algo llamado Off the Bone y no pare hasta conseguir tocar en su guitarra el riff de The Human Fly en una sola cuerda. Así, cada día volverá a esa papelería hasta ir agotando todos los ejemplares que tienen de Metal Hurlant, y cuando vuelva a su casa descubrirá las publicaciones de un editor español que se llama Josep Toutain, y sus gustos se irán expandiendo y evolucionando. Y verá también que hay un dibujante español que se llama Daniel Torres que le recuerda mucho a aquel Serge Clerc. E incluso descubrirá un montón de bandas de rock que hacen algo que llaman New Wave. Y entonces descubrirá un programa en Radio 3 que se llama Rock, Comics y Otros Rollos que refleja todo aquel nuevo mundo embriagante. Y de pronto tiene un montón de amigos que se visten tan raro como él y todos se peinan, o se despeinan, de forma extravagante. Y aunque tiene un montón de broncas con sus padres por la pinta que luce, todo parece estar en ebullición a su alrededor, siempre hay alguien que dibuja o que aprende a tocar un instrumento. Y hasta se aventurará a ir al cine para ver, no sin cierta decepción después de toda la expectación que guarda dentro, las películas de Heavy Metal y Tygra. Y aunque la revista Metal Hurlant desaparecerá, aquella historieta de Serge Clerc sobre The Cramps seguirá siendo de sus favoritas hasta hoy. Porque por fín nuestro héroe, al final de aquel verano, consigue tocar Ziggy Stardust en esa vieja guitarra, y su vida cambia para siempre.

2 Comentarios:

David dijo...

El Metal Hurlant número 16 es el que habla de lo de Tygra. La historieta de Jeronaton es malísima, y la de Montellier. buuff. Si pillas ese número con más años, me da que no funciona su magia. Pero lo mismo nos pasaría a todos con otras cosas.
El 82. 15 añitos imagino que tenía el joven de la entrada... Mi hijo tiene ya 14. Eso sí que me hace pensar.
Un saludo.

Mar dijo...

Gracias por mostrarnos un "retazo" de ¿tu vida?...
Aunque no tenga ni idea de quién es Jack kirby, Serge Clerc o Ziggy Stardust, he podido imaginar cómo sería ese joven bullente...
Salu2. Mar