Que Todd Haynes es un mitómano y le gusta el Rock & Roll es algo que quedó claro desde que hiciese un batiburrillo de las vidas de David Bowie, Iggy Pop, Lou Reed, Mick Jagger y Jobriath para contar en Velvet Goldmine su particular historia del Glam. Con I'm Not There ha abordado la biografía de un personaje aún más complejo, como es la insondable figura de Bob Dylan, un bocado tal vez demasiado correoso de tragar. Este es un verdadero/falso biopic de Dylan con verdaderas/falsas imágenes de archivo y verdaderas/falsas canciones de su objeto de estudio. I'm Not There se abre con una referencia al famoso accidente de moto de Dylan en 1966, en el reconocible estilo del documental Don't Look Back, rodado por D.A. Pennebaker durante la gira británica de 1965. La siguiente imagen está extraida directamente de Desolation Row, el poema que Dylan escribió a partir de lo que veía a través de la ventanilla de su coche en marcha. Y así continúa, plagado de imágenes que apuntan a momentos de toda la carrera del artista y de personajes tanto reales como extraídos de sus canciones, fácilmente reconocibles por el fan. Sentado el tono para el resto del film, Haynes explora sus relaciones sentimentales con verdaderas/falsas Joan Baez, su esposa Sara, y Edie Sedgwick, la modelo del entorno de Andy Warhol; con verdaderos/falsos colegas como The Beatles y Brian Jones, y verdaderos/falsos comparsas como el manager Albert Grossman y el poeta Allen Ginsberg, algunos mostrados de forma casi caricaturesca.
El director precisa de seis actores para englobar cada una de las facetas de la poliédrica figura de Dylan. Una decisión aventurada que, a pesar de dar pie a algunas escenas superfluas que resultan un tanto pretenciosas, sin embargo funciona. Un recurso que deja en todo momento la sensación de que se están mostrando diferentes caras del mismo personaje. Marcus Carl Franklin es un niño negro que encarna a un personaje que se hace llamar a sí mismo Woody Guthrie y que aspira a ser como Elvis Presley, las dos influencias primeras de Dylan. Es calificado por el narrador como "el falso" y representa al Dylan en formación que se inventa su pasado. Es un contador de historias y dará paso al siguiente personaje cuando le aconsejan que viva y cante sobre su propio tiempo. Christian Bale es Jack Rollins, el profeta, el Dylan del comienzo. El que se inspira en el cantante folk vagabundo Ramblin' Jack Elliott, y deja su carrera en la cumbre. Deja de dar mensajes, para pasar al siguiente nivel. Es el Dylan que necesita crecer, dejar de ser un símbolo y de escribir canciones protesta. Más tarde reaparece como un predicador que refleja al Dylan de la época cristiana. Ben Whishaw es Arthur Rimbaud, otra influencia de Dylan. Es el poeta, el Dylan en transición de la denuncia a la imaginería poética, del sonido acústico al eléctrico. Un Dylan que se muestra en conversación, como en una rueda de prensa que parece un combate con los periodistas y que recuerda al Proceso de Kafka.
Cate Blanchett encarna escalofriantemente al Dylan icónico, al músico aceleradísimo y anfetamínico que muere con el accidente de motocicleta. Se llama Jude Quinn y hace clara referencia tanto a su origen judío, que aparece en la película como un desenmascaramiento de que tras el mito hay una persona, como a la acusación de Judas que le hacen sus seguidores. Heath Ledger interpreta al Dylan de los 70's. Un actor que hace del joven cantautor en una película, y cuya lucha por el éxito refleja la del cantante. Cuando lo logra, se ha convertido en el mismo personaje cínico y contradictorio que es Dylan. Esa no es la película que había soñado vivir. Funde en una sola historia la relación de Dylan con Suze Rotolo y con Sara. Por último, Richard Gere es el bandido. El Dylan que se identifica con Billy el Niño, para cuya película escribió la banda sonora. Es el artista maduro, un rebelde, un inadaptado marginal que hace lo que quiere sin que le importe lo que piensen sus seguidores. Vive su propia vida, no la que quieren que viva, sin hacer lo que se espera de él. Y por eso es perseguido, interpretado, visto como un traidor. De ahí sus palabras finales: "La gente siempre habla de libertad. Cuanto más vives de una determinada manera, menos libre te sientes."
I'm Not There es una película surcada de poesía y de la música de Dylan interpretada por él mismo o en seductoras versiones de bandas actuales independientes. Un film contado de manera hipnótica y con gran sentido del ritmo que, gracias a un guión milimetrado y a las extraordinarias actuaciones de todos los actores que dan vida a cada faceta de Dylan, se ve con la misma pasión que No Direction Home, el documental de Martin Scorsese sobre el artista, y de cuyo formato también bebe. Una embriagante mezcla que presenta a personajes de la época, como Richie Havens, encarnando a secundarios, y personajes actuales entrevistados como si fueran los reales. Así Kim Gordon de Sonic Youth aparece como Emmylou Harris y Julianne Moore es Joan Baez. Con auténticas imagenes de archivo y recreaciones ficticias, I'm Not There supone un visionado fascinante para fans de Dylan y una película para que lo descubran aquellos que no lo conocen. Una luz que les ayudará a comprender la hondura e importancia del artista y a interesarse por lo que hay detrás de lo que han visto. I'm Not There no intenta dar una interpretación de Dylan, no trata siquiera de explicarlo. Lo muestra en toda su grandeza, complejidad y humanidad. Un artista perseguido por su creación, por sus fans y por las lecturas que de su obra se han hecho. Un creador al que cuanto más se intenta atrapar, más escurridizo se torna. Un personaje verdadero/falso en contínua huída.
11 Comentarios:
Le dije a un amigo fan de Dylan de ir a verla juntos, pero los tiempos no dejan ni espacio para el ocio (el pobre no tiene un día libre).
Por lo demás, a pesar de que como cantaba aquel, "I don't believe in Zimmerman", me interesaba verla.
Hace poco unos amigos revisitaron la de los Doors de Stone y me comentaron lo de cuando el Morrison se inventó un pasado ficticio. Bob hizo lo mismo de joven, y cuando la prensa lo pilló, a llorar porque le habían estropeado su "ficción". El documental de Scorsese me pareció buenísimo y no tan complaciente como podría pensarse en principio.
Hace unos meses fui a un homenaje (con banda incluida) a este hombre y cuando después de leer sus canciones, interpretarlas empezaron a hacer esas frases hiperbólicas típicas de semejante evento, me revolví en mi asiento... Y es que yo siempre he sido más de otro(s).
Un saludo.
PD: No sé si leí una reseña de Lula que también me animó a verla. A ver cuando puede ser. Una reseña muy maja, Nemo.
Es que esta peli, Dave, abre el apetito por el personaje y por su música. Eso sí, imprescindible en versión original.
En V.O. siempre. Yo hace años que me niego a ver una pelicula doblada. Simplemente no puedo. No me la creo.
Este verano será la segunda vez que vea a Dylan en directo, su último disco me parece que está a la altura de algunas de sus mejores obras y, tras leer esta critica, me han entrado unas ganas locas de ver la peli.
Me pregunto por qué la han estrenado tan tarde en España.
Por lo mismo que tardó en estrenarse Control, el biopic sobre Ian Curtis, el cantante de Joy Division. Seamos francos, las películas sobre músicos de rock, sin entrar en si están bien o mal hechas, en España no venden. Ni The Doors, ni la peli sobre Johnny Cash, ni Great Balls of Fire, ni la que hicieron sobre Brian Jones, ni Backbeat, ni Velvet Goldmine... la que sea. No se lo reprocho. En Estados Unidos la música popular es Elvis Presley, en el Reino Unido son Oasis. Aquí son Estopa.
Y Dylan nunca ha sido de consumo masivo en nuestro país. La línea de singer-songwriters que parte de él y ha dado tan buenos frutos, nunca ha sido la popular aquí. En España hemos seguido con más énfasis la vertiente del cantautor políticamente comprometido pelmazo-afrancesado ejemplificada por Moustaki y cuyo máximo exponente sería Serrat. Que vale, que no todos los franceses son Moustaki ni Serrat es tan pelmazo, pero es una caricatura para que podamos entendernos.
Secundo prácticamente todo lo que dices. Yo la vi, además, en medio de una etapa especialmente Dylanesca (¿o Dylaniana?) de mi vida y me pareció una película estupenda (incluso con sus defectos, que los tiene). Porque un biopic al uso JAMÁS podría hacerle justicia al amigo Bob.
Por otro lado, creo que si Dylan no tiene el tirón que se merece en nuestro país es a causa del casi total desconocimiento del inglés que sufrimos por estos lares. Porque cuando uno menos se lo espera llega Calamaro con un "Blood on the tracks" de segunda fila y la gente se vuelve loca. O Sabina, marcándose sus esforzados intentos de escribir su propia "Desolation Row"...
No estoy tan seguro de que el idioma sea tan decisivo para la popularización de Dylan en España. Muchas otras bandas que cantan en inglés han sido tremendamente famosas aquí, aunque es bien cierto que hoy en día lo que prima es la música en español, independientemente de su calidad. Creo que es básicamente que se sigue viendo a Dylan como el tipo que escribió Blowin' in the Wind, y que ni siquiera se asocia con el mismo artista que compuso, pongamos por caso, algo tan popular como Like a Rolling Stone. No hay más que recordar el cachondeo que se traía Javier Krahe a cuenta de Man Gave Names To All The Animals.
En lo que sí coincido de pleno es en las concomitancias entre Calamaro y Sabina con Dylan. En el caso del primero, imagen aparte, es porque la música argentina siempre ha tenido una raíz en el sonido clásico del rock and roll totalmente desinhibida, véase Tequila. Sabina por su parte sí empezó como un epígono de cantautor francés estilo Brassens hasta que descubrió a los Stones y se dio cuenta de que podía cantar con su voz aunque se le rompiera, y de que podía escribir metáfora tras metáfora sin necesidad de que sus canciones tuvieran necesariamente "mensaje". Así que entonces se creyó que podía ser el Dylan español. Y, bueno, algunas veces lo ha hecho francamente bien.
Redundando en lo del idioma: Dylan no compone habitualmente canciones de pegada inmediata (por llamarlo de algún modo). Me recuerda al caso de Bruce Springsteen, cuyos éxitos más recordados en nuestro país no son precisamente sus mejores canciones, sino aquellas donde la música se come totalmente a la letra ("Born in the USA" o "Dancing in the dark", por ejemplo). Si exceptuamos "Blowin' in the wind", "Mr. tambourine man" o "Like a rolling stone", poca gente (es una forma de hablar, claro) conoce, a nivel popular, los temas clásicos de Dylan, precisamente porque no conectan con el oyente que no conoce el significado de las letras. En Dylan la melodía, a veces repetitiva y en muchas ocasiones bastante más larga de lo habitual, está a total disposición de la lírica (donde, claro, resulta insuperable). ¿Qué español no anglo-parlante se iba a tragar a mediados de los 60 los 6 minutos y medio de "Talkin' World War III Blues"? De ahí que la generación de mis padres, nacidos entre los 40 y los 50, nunca haya sentido esa afinidad por Dylan, mientras sí admira profundamente a los Beatles, Ray Charles o Elvis Presely (sin tener ni pajolera de lo que significan sus canciones, claro).
Por otro lado, yo no pretendía restar méritos a Sabina o Andrelo. Ambos me gustan mucho (más en el pasado, ninguno está en su mejor momento actualmente) y tienen discos realmente meritorios, pero es innegable que son herederos de un sonido y una forma de escribir que bebe de Dylan descaradamente. Y esas señas de identidad sí parecen conectar con el público español cuando se entiende el contenido de las letras (aunque a veces juraría que ni Sabina ni sobre todo Calamaro tienen muy claro de qué carajo están hablando...)
Es interesante esto que dices. Y no es necesario remontarse al terreno más árido de los talking blues. Recuerdo cómo cambió mi concepto de Dylan cuando siendo un crío escuché The Lonesome Death of Hattie Carroll con la letra traducida al lado. El mismo Dylan quedó fascinado cuando escuchó a los Beatles y a los Stones en las listas de éxito y, ayudado por el hecho de que estaba hastiado de ser el nuevo profeta, decidió poner más música en sus composiciones.
Highway 61 y Blonde on Blonde son discos llenos de buenas melodías, incluso muy pegadizas. No se puede decir que Dylan no sea escritor de buenas músicas. Desire está lleno de canciones fastuosas, el primer Bootleg Series y Biograph dejan boquiabierto al comprobar las magníficas canciones que se quedaron fuera como Abandoned Love, Caribbean Wind y You Changed My Life. Y estoy hablando exclusivamente de melodías.
Sigo pensando que símplemente se le asocia al músico protesta de la acústica colgando y la armónica al cuello. Un tipo arisco con imagen rara y, eso sí, gran reputación, lo que casi es peor. En realidad lo único que tengo claro es que casi me alegro de que sea un gusto para paladares escogidos. Creo que me horripilarizaría encontrarme When the Deal Goes Down en la lista de Los 40 Principales al lado de triunfitos, flamenquitos y shakiritas.
No quería decir que sus melodías fueran pobres, sino que no son de pegada rápida. "Desolation Row", por poner un ejemplo célebre al que me resulta imposible poner ningún "pero", repite una misma estructura durante casi 11 minutos. Si no entiendes lo que Dylan te está contando, difícilmente no pensarás que con 4 minutos la cosa hubiese quedado fetén (no sé si oíste la versión que My Chemical Romance hizo para la banda sonora de "Watchmen"; no llega a los 5 minutos, a costa de cargarse la letra, para ganar "radiabilidad"). Yo cuando pienso en canciones pegadizas una de las primeras que me viene a la mente es "I want you" (magníficamente empleada en "I'm not there", por cierto), pero creo que ésa concepción no casa demasiado bien con los estándares actuales, que confunden lo pegadizo con lo pueril (y no hay más que irse a las listas de éxitos del momento).
Sobre las canciones descartadas que comentas: siempre me ha sorprendido el caso de "Blind Willie McTell". Es una de mis favoritas de Dylan y estuvo casi una década inédita por vete tú a saber qué razones...
Sobre su reputación, acabo de escribir largo y tendido en mi propio blog (es lo que tiene seguir un doble canal de debate, jejeje), pero en lo de los 40 Principales no podría estar más en desacuerdo: en la medida en que Dylan, o Rufus Wainwright, o Radiohead, o David Bowie... sonasen en los medios masivos, más espacio se le recortaría a La Oreja de Van Gogh o El Canto del Loco y, sobre todo, más capacidad tendría el gran público de comparar lo realmente bueno con la mierda ponzoñosa que escuchan a diario y que, sumido en el desconocimiento, no sabe identificar como tal. La cultura, la de verdad, necesita la mayor difusión posible. Cuanta más gente conozca a Cortázar o a Hemingway, menos gente leerá a Dan Brown o a Stephanie Meyer, estoy convencido.
Eso es porque tú tienes bastante más fe en el ser humano que yo...
Vaya debate más majo os habéis montado.
Por aportar otro punto de vista.
Mi problema con Bob no venía (ahora no lo tengo) o dejaba de venir de sus letras o sus melodías.
Francamente, he leído muchas de sus letras, pero cuando escucho a Bob Dylan no me estoy fijando en sus letras, y si escucho Hurricane, a pesar de que sé de qué va la canción, no recito la letra más allá del estribillo. Si a mí me costó "hacerme" a Dylan fue porque no me parecía que tuviera una voz especialmente "hermosa" (y sí, aquí pueden salir sus defensores y decir que es el mejor cantante, que nadie interpreta sus composiciones como él, etc... Hablo de mi percepción y gusto).
Así que coincido con lo que apuntaba Nemo de que el tema no es que la gente sepa más o menos inglés a la hora de escuchar su música, va por otros derroteros.
De todas formas, cuando escuchaba la de (mierda, ahora no recuerdo el nombre... la de "Do you, Mr.Jones?" que está en el Highway) Esa canción siempre me gustó aunque todavía no supiera lo que quería decir la letra... Y me siguió gustando a pesar de saber lo que decía (ja,ja)...
Las canciones son algo más que letra y melodía o voz, ¿no?
Por último, sobre el tema letra-melodía, siempre me acuerdo de esto:
-Mira, me acuerdo de mis primeros encuentros con Dylan: Dylan siempre me estaba diciendo:
"Escucha la letra, hombre" Y yo le contestabas: "Eso no me preocupa. Escucho el sonido, el sonido de la totalidad." Luego le di la vuelta a eso y me volví un hombre de palabras. Yo juego naturalmente con las palabras, de modo que hice un esfuerzo consciente para ser verboso, a lo Dylan. Pero ahora, me he librado de esa carga y sólo me interesa el sonido puro." De Lennon
Cosa que no es cierta, porque si el hombre tenía algo que decir, lo explicaba bien clarito. Lo que sí tengo claro es que su "sonido" me gusta más... Y en ello tal vez influya el hecho de que es mi cantante favorito, es decir, la voz que más me gusta.
Un saludo.
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