domingo, 21 de marzo de 2010

Garras Humanas

El cine mudo no puede verse con los mismos ojos que el cine actual. No es cuestión de ponerse en la época en que fue filmado, aunque sí merece la pena darse cuenta de algunos experimentos que si ahora no llaman la atención en su momento eran totalmente revolucionarios. El encanto del cine mudo reside en esos espectaculares escenarios en gris o sepia, en la expresividad de los actores, la ropa y el maquillaje. En una puesta en escena totalmente teatral en la que cuenta tanto el tempo como la exageración, el transmitir emociones, que cada fotograma componga un cuadro. Muchas veces me gusta compararlo con las viñetas clásicas del Flash Gordon de Alex Raymond o con Prince Valiant de Harold Foster. Hay que dejarse llevar por esa subyugante forma de contar historias para disfrutar de ellas. Si se espera acción trepidante, también la hay, pero requiere tener un ritmo interior diferente y olvidarse de las prisas modernas. El cine mudo sabe crear suspense, increíbles gags cómicos, tensión hasta cortar la respiración... Los actores de aquella época no sólo eran pioneros que tenían todo por descubrir, también eran excelentes intérpretes y perfectos acróbatas.

Garras Humanas es una película que mezcla la intriga, el terror, la fantasía, el romance, el melodrama... Es otra vuelta de tuerca sobre la pugna entre el hombre sensible versus el atlético por el amor de una mujer. Sólo que en esta ocasión el primero esconde un terrible secreto. Aquí tenemos la cara oscura de El Colegial de Buster Keaton. Ambientada en un Madrid que cumple con todos los tópicos que esperan los norteamericanos, Garras Humanas fue escrita y dirigida en 1927 por Tod Browning, director del Drácula de Bela Lugosi y de esa excentricidad que es Freaks. Impregnada del particular sello del director, y estrenada con el título original de The Unknown, esta breve película tiene lugar dentro del circo gitano del cruel Antonio Zanzi. Está protagonizada por Lon Chaney, que da otro de sus recitales interpretando a Alonzo, el lanzador de cuchillos sin brazos, y por Joan Crawford, arrebatadora como Nanon, la hija del dueño del circo, en uno de sus primeros papeles como protagonista.

Alonzo ama a Nanon, quien es a su vez cortejada por Malabar, el forzudo del circo en el mejor estilo de los habituales personajes de Douglas Fairbanks. Malabar es un hombre bruto, pero de buen corazón, que es manipulado por Alonzo, pues Nanon odia que los hombres la agarren, con una repugnancia patológica hacia las manos masculinas. Pero Alonzo es también un criminal que se esconde de la policía haciéndose pasar por manco porque en realidad tiene dos pulgares que lo hacen fácilmente identificable. Lleva siempre puesto un corsé con el que oculta sus brazos y lo hace todo con los pies. Chaney está impresionante no sólo en su actuación, sino en su acostumbrado despliegue físico. Las expresiónes de su rostro son escalofriantes en todos los matices de sentimientos. Las escenas en las que Alonzo utiliza los pies fueron trabajadas en colaboración con el especialista sin brazos en la vida real Paul Desmuke, que hace que Chaney toque la guitarra, lance cuchillos, beba de una copa, se seque las lágrimas, encienda un cigarrillo y se lo fume, cierre los dedos como si fuesen un puño... Los pies se convierten en un elemento asombrosamente móvil y expresivo, llegando incluso a mostrar impaciencia. Extrañamente recuerda a La Bestia de la Patrulla X que dibujaba Jack Kirby.

Cuando Zanzi vuelve a torturar a Alonzo, descubre accidentalmente que este tiene brazos. Para su desgracia este conocimiento le llega mientras las manos del falso tullido se cierran en torno a su garganta para ocultar su secreto. En ese momento Nanon ve a alguien estrangulando a su padre y logra fijarse en una mano con dos pulgares, pero no consigue ver la cara del asesino. La Guardia Civil sabe que quien mató a Zanzi es el mismo hombre que están buscando, pero Alonzo se siente seguro bajo su disfraz. Obsesionado con Zanon, el criminal se hace cortar los brazos para conseguir el amor de la joven. En una sucesión de impresionantes escenas Browning muestra su maestría e innovación en la sala de montaje, y Chaney se luce como intérprete. La tensión se corta con la contraposición de Alonzo en la sala de operaciones mientras Nanon supera su fobia junto a Malabar. El inteligente uso de efectos sonoros da casi dentera y el clímax llega aún más allá cuando Alonzo descubre a su regreso la tremenda ironía de lo que ha pasado.

Pero aún hay más, y la película sigue dando vueltas de tuerca durante sus 50 minutos de duración pasando del amor al drama y de ahí al thriller. El malvado Alonzo también es capaz de demostrar que todo lo que ha hecho ha sido por amor. A pesar de su negro corazón, siempre ha sido el amigo de Nanon, el que la ha escuchado y aconsejado, el hombre que ha tenido que escuchar eso que todos hemos oído alguna vez de "ojalá él fuese como tú". Y Browning no se priva de una ironía final cuando hace gala de su humor negro en la pirueta definitiva. Pues tal y como cantó Javier Gurruchaga en la canción que lleva el nombre de la película, al frente de La Orquesta Mondragón cuando estos no daban vergüenza ajena, Zanon supera su fobia y se abraza a Malabar repitiendo las mismas palabras de amor que tantas veces ha escuchado de labios del forzudo a lo largo del film. No hay sensibilidad para los pagafantas, amigos. Aunque sean Lon Chaney. Círculo cerrado.

2 Comentarios:

David dijo...

JO! Menudo cacao tengo en la cabeza. No sé si he visto esta película, o he leído mucho sobre ella, o vi bastantes escenas en algún programa...
Todo lo que contabas de los pulgares y demás me suena muchísimo.Creo que la tengo que haber visto, y al mismo tiempo no estoy seguro. Igual vi algún documental sobre Lon Chaney y es por eso. No sé, me quedo con la duda.
Un saludo.

FHNavarro dijo...

Una película excelente, al igual que el tema de La Mondragón (uno de mis favoritos de la banda).

Un saludo