miércoles, 10 de febrero de 2010

The Road

Bienvenidos al día del Apocalipsis en El Pequeño Misántropo. Si un poco más abajo hablábamos de The Walking Dead, un comic en el que un padre y un hijo luchan por sobrevivir y mantener la cordura en un mundo que se ha ido al garete, ahora repetimos con The Road, película de John Hillcoat protagonizada por Viggo Mortensen y basada en la novela homónima de Cormac McCarthy. Otra historia de padre con hijo en un mundo en el abismo, esta vez en condiciones aún más extremas. No sólo hay que luchar por la propia vida, es que ya no queda nada de lo que vivir, y los pocos supervivientes se encuentran envilecidos y reducidos al canibalismo. No esperen otro Mad Max. Si usted tiene hijos lo va a pasar fatal viendo esta película, porque ¿hay algo que quiera más? ¿Hay algo por lo que pase más miedo?

El planeta ha sufrido algún tipo de cataclismo y todo vestigio de vegetación y de vida animal han desaparecido. Grupos aislados de humanos supervivientes en un mundo hostil se están matando los unos a los otros por hambre, por miedo o por ignorancia. El cielo está perpetuamente gris, el sol ha desaparecido, reinan el frío, la lluvia, el hielo y las cenizas. La superficie terrestre parece emponzoñada, eternamente cubierta de cenizas, barro y veneno. Todo es ruina, destrucción y parajes desolados. La humanidad está destinada a desaparecer y las personas son tratadas como ganado. En este ambiente, un hombre cuyo único miedo es lo que le pueda pasar a su hijo, intenta sobrevivir y mantener cierta humanidad, aunque cada vez se vaya degradando más. La vida es sucia, es dura y es frágil. Y la soledad es constante porque vale más eludir el peligro que suponen otros supervivientes.

El niño no conoce la vida anterior, para él ese mundo es como debe ser y mantiene su inocencia siempre aferrado a su osito de peluche. Para su padre, un inmenso Viggo Mortensen que con su sola presencia, con su impresionante gesto, llena la pantalla, el único objetivo es aguantar durante el mayor tiempo posible en un mundo muerto. Pero como le dice su mujer en un flashback: "Yo no quiero sólo sobrevivir". ¿Qué propósito tiene seguir adelante en un mundo condenado a muerte? The Road pone de manifiesto lo dañino que es el ser humano y la alimaña que habita dentro de cada uno de nosotros. Cuando no queda suficiente para todos, la única solución es el aislamiento y el egoismo. Por otra parte ¿qué opción queda? Marcharse cuanto antes con mayor o menor dignidad. La pregunta que queda es si merece la pena, si a eso se le puede llamar vida. Y la respuesta se da al final de la película.

Porque The Road, además de ser una llamada de atención sobre la fragilidad de la vida humana y de su dependencia del medio ambiente, a pesar de ser durísima, es una película fundamentada en la fuerza del amor. El padre sabe que el final es inevitable, pero intenta preparar al niño para que continúe sin él. No le queda esperanza para sí mismo, pero la tiene para su hijo. Y aunque se ha embrutecido por el miedo a lo que le pueda pasar al niño, es ese amor el que le hace seguir adelante. A pesar de su forzosa brutalidad, sí que ha sabido transmitir buenos valores. El niño quiere mantener dentro de sí la bondad, la confianza. Como si en definitiva, todavía hubiera fe en el ser humano. Y es ese amor que transmite a ese niño que no entiende nada de lo que está pasando, el que hace que una película que se ve todo el rato con terrible impotencia y angustioso mal sabor de boca, sea tan conmovedora.

3 Comentarios:

David dijo...

Me ha gustado tu reseña (distinta a la de Crowley, que no estaba mal pero cargaba mucho las tintas en la comparación con el libro). No tenía mucho interés en ver la peli, pero casi me convences...las historias de amor siempre me han gustado (ja,ja). Pero no sé.. Hay otras esperando por ahí. Y lo deprimente cada vez me atrae menos. Saludo.

Claudio Ramírez dijo...

Yo la he visto ayer y me ha encantado. Además, como adaptación de una novela es de lo mejorcito que he visto en cine.

Jolan dijo...

Hoy la he visto. Me ha gustado bastante, aunque he salido del cine con una gran sensación de angustia. No olvidaré fácilmente esta película.

Tiene muchas situaciones de las que se puede extraer una reflexión profunda.

Cruzo los dedos para que nunca lleguemos a un mundo semejante...