jueves, 4 de febrero de 2010

Okupa de mi corazón

Corren tiempos extraños, no sé si se habrán dado cuenta. Tiempos en los que retorcer el lenguaje parece darle lustre a las cosas. Tiempos en los que un Empleado Municipal de Recogida de Residuos Urbanos parece ser más digno que un basurero. Y oigan, háganme caso, no hay empleos dignos. Todos somos prostitut@s. Todos hacemos cosas que no queremos hacer por dinero. Por poco dinero. De nada sirve maquillarse con eufemismos. Pero, ya ven, parece que si a las palabras les vamos añadiendo sílabas les damos además prestancia a los conceptos. Se diría que si un director de cine está influenciado por el Expresionismo Alemán ha redondeado una obra más artística que si meramente estuviese influido. Y sin embargo, un ligue sigue siendo un ligue. Un amigo con derecho a roce. Un rollito. Una definición que mete directamente los deditos en el tarro. Es lo que es y no hay vuelta de hoja. Sin anestesia ¿Les parece ofensivo? ¿Denigrante? ¿Ajustado? ¿Descriptivo? Desengáñense, es el signo de los tiempos. A todos nos gusta ir besando ranas mientras buscamos nuestra princesa. O nuestro príncipe. Lo más probable es que no lo encontremos nunca, pero no me negarán que no nos divertimos mientras buscamos.

Es incluso más excitante cuando te sucede a partir de los cuarenta años. Sí, eso de enrollarse parece sólo cosa de adolescentes, pero lo de echar una cana al aire se nos queda un poco rancio. Fíjense en la cantidad de gente a su alrededor que parece estar viviendo una segunda adolescencia. Personas que se han dedicado toda su vida a sus estudios y su carrera, y ahora se encuentran en la madurez sin tener una pareja. No, no es que la necesiten. Y a ver quién aguanta ahora sus manías cimentadas durante tanto tiempo. O las manías que estamos dispuestos a aguantarles a los demás, si a eso vamos. Pero ahí están, en el mercado. Sintiendo que aún son jóvenes, atractivos, invencibles, inmortales. Y también están los que conocieron a su pareja en el instituto y ya llevan un cuarto de siglo juntos. Dicen que ahora no es que cada día se quieran más, sino que se quieren mejor. Ya. O sea, que no es lo mismo. Que lo que une son dos niños de ocho y doce años, y una hipoteca hasta después de la jubilación. No es amor, es costumbre. Ya no queda fuego ni pasión. Qué no darían por volver a sentir esos primeros momentos del enamoramiento, cuando toda tu vida se convierte en un carrusel y sientes una lavadora centrifugándote el estómago. Ay, me ha mirado. Ay, me ha dicho.

Y sí, vuelven a ese momento de su vida. Ahora ya no es el chico de la clase de al lado. Ahora es el compañero de trabajo, el vecino con quien se cruzan todos los días al llevar a los niños al colegio, el viejo conocido que reaparece (y, oh, cómo reaparece) de entre la bruma del pasado. Qué sensación tener una nueva pareja de baile. Tienes todo lo bueno y nada de lo malo. No viene cansado del trabajo, no se estresa, no tiene defectos, sino deliciosas excentricidades. Siempre está de buen humor, siempre tiene ganas de verte, siempre se pone guapo para ti. Te da cariño, te da buen sexo, te da emoción y te hace reir. Pero no se confundan. Ya no somos niños. Es evidente que no quieres a tu compañero de bombeo para conversar sobre física cuántica, pero tampoco es ya suficiente con dos trozos de carne que se frotan durante un cuarto de hora. Necesitas tener algo en común, algo de qué charlar, una pequeña intimidad, un aprecio, un cariño... oh-oh. No me llamen mojigato, no piensen que estoy en contra de la vieja y buena costumbre, honrada por el tiempo, del adulterio. Pero sepan que es inevitable que se involucren sentimientos. Que poco a poco esa persona se les vaya metiendo bajo la piel, o que entre en tromba arrasando en su vida. Que con sus ojos brillantes y su desarmante sonrisa se convierta en el okupa de su corazón.

10 Comentarios:

David dijo...

Una bonita entrada. Me ha recordado a una de mis películas favoritas entre otras cosas: Cenizas de pasión de King Vidor, y a otra que está cerca de serlo también: Breve Encuentro de David Lean.
Un post muy interesante.

juselito dijo...

Que complicado es hablar de estos temas...con el tiempo en una relación vas pasando por varias etapas.Es cierto que la fogosidad de un principio tiene su fin,pero creo que el secreto es saber disfrutar de cada una de ellas,sin tener que buscar en la calle lo que tienes verdaderamente en casa.

Nemo Nadir dijo...

Tal vez no sea una cuestión de cantidad... ni siquiera de calidad, sino de variedad. Y también, posiblemente, de recuperar sensaciones que creías perdidas y que nunca volverían. Ese tambor atronando en el pecho, ese sentirte que eres deseable y atractivo para alguien que no te conoce. Quizá sea sólo vanidad.

juselito dijo...

Si estamos de acuerdo,pero que hacer ante una pareja estable en la que ya no sientes ese tambor atronando y poder experimentarrlo con alguien nuevo?...yo lo tengo claro,la vida me ha enseñado...a base de palos....

Anónimo dijo...

Estabilidad frente a huracán...uff que difícil elección. Razón frente a sentimientos,una dualidad que te puede volver loca. Piensas, y piensas y lo vuelves a pensar. ¿Doy el paso?, ¿me dejo llevar?¿vivo o vegeto?. Hay varias posibilidades, vairas respuestas, pero al final se trata de intentar ser feliz. Así que os tengo que decir que después de muchas luchas internas, he decidido "VIVIR".

Scotty dijo...

Nemo, buen relato. Podrías hacer un guión... Yo siempre pienso "en cine"...

saludos...

Piluca dijo...

Y qué desgarrador sentir que, a pesar de estar junto a alguien nuevo, estimulante, sexy, casi perfecto... echas de menos la invariable pizza de los viernes acurrucados en el sofá, las mañanas de domingo en la churrería del barrio, la llamada desde el trabajo para decirte "que tengas un buen día, amor".
Estupendo post, Nemo.

Anónimo dijo...

Dicen que el dolor se olvida, que con el tiempo se alivia, que aprendes...nada de eso, no se olvida, siempre quedan recuerdos, pero es cierto, el tiempo calma pero nunca se aprende, tan solo sufres una experiencia. Preferiria que me volvieran a operar de una de mis rodillas antes que sufrir por amor, y os aseguro que eso si que es dolor fisico y psiquico.
La estabilidad emocional es tan importante...

Pablo Alcázar dijo...

Fran, a veces nos arrastra el torrente creador y usamos imágenes arriesgadas. De la prostitución, lo peor no es venderse que -estoy de acuerdo con usted- todos vendemos nuestro tiempo a otros, lo peor es que tu trabajo consista en permitir que miles de personas desconocidas invadan los límites de tu cuerpo, que sientas que no eres dueño ni siquiera de ese último reducto que defiende la piel.Es la máxima alienación. Padecimiento semejante describen los prisioneros de campos de concentración alemanes.

Fran G. Lara dijo...

Y sin embargo, Pablo, siempre me ha padecido más insoportable, más difícil de lavar, el abuso psicológico que el físico. Nunca me he sentido más humillado que cuando he tenido que acatar órdenes de un jefe que tenía faltas de ortografía hasta cuando hablaba.