M. Ward lleva una década intentando dejar esa segunda fila en la que parece encasillado para siempre. La maldición del músico de culto sólo apreciado por oyentes inquietos. Tal vez sea el momento de plantearse si realmente no es ese tipo con tanto talento como predican los críticos con ínfulas de exquisitos. Y eso que este último album, Hold Time, es un catálogo de estilos del rock & roll y un trabajo ciertamente asequible. Parece una colección de singles que podría sacarle definitivamente de la oscuridad. Desde el folk de cantautor al rock cincuentero a lo Buddy Holly, desde las baladas suntuosamente orquestadas al pop de aires Beach Boys con los arreglos de Phil Spector, desde el blues rural al country de Johnny Cash. El hombre se ha trabajado los ganchos y los estribillos pegadizos, e intenta superar esa voz frágil y limitada que parece plagar a este tipo de artistas. Y sí, consigue perfilar una obra agradable, posiblemente la mejor de su carrera, y muy por encima de otros músicos de su generación encasillados dentro del mismo cajón, pero de ahí a marcar la vida de sus potenciales oyentes va un trecho muy largo que no consigue recorrer a no ser que esté usted comenzando su colección musical. Bonito y dulce como un azucarillo que se disuelve en el paladar y ahí perdura durante un rato hasta que desaparece para siempre. O hasta que volvamos a tomar otro. Será cuestión de insistir.Me gusta el foie, pero no me interesa conocer a la oca
domingo, 21 de febrero de 2010
M. WARD - Hold Time
M. Ward lleva una década intentando dejar esa segunda fila en la que parece encasillado para siempre. La maldición del músico de culto sólo apreciado por oyentes inquietos. Tal vez sea el momento de plantearse si realmente no es ese tipo con tanto talento como predican los críticos con ínfulas de exquisitos. Y eso que este último album, Hold Time, es un catálogo de estilos del rock & roll y un trabajo ciertamente asequible. Parece una colección de singles que podría sacarle definitivamente de la oscuridad. Desde el folk de cantautor al rock cincuentero a lo Buddy Holly, desde las baladas suntuosamente orquestadas al pop de aires Beach Boys con los arreglos de Phil Spector, desde el blues rural al country de Johnny Cash. El hombre se ha trabajado los ganchos y los estribillos pegadizos, e intenta superar esa voz frágil y limitada que parece plagar a este tipo de artistas. Y sí, consigue perfilar una obra agradable, posiblemente la mejor de su carrera, y muy por encima de otros músicos de su generación encasillados dentro del mismo cajón, pero de ahí a marcar la vida de sus potenciales oyentes va un trecho muy largo que no consigue recorrer a no ser que esté usted comenzando su colección musical. Bonito y dulce como un azucarillo que se disuelve en el paladar y ahí perdura durante un rato hasta que desaparece para siempre. O hasta que volvamos a tomar otro. Será cuestión de insistir.
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