Si han visto ustedes Alta Fidelidad, esa divertida película protagonizada por John Cusack, o han leído la magnífica novela de Nick Hornby en que se basa, se habrán dado cuenta de que hay dos cosas que a todo freak de la cultura popular nos hace patalear como liebres en celo. Una es grabar una recopilación musical para alguien que nos importa. En ese tipo de recopilación aquel que la hace pone mucho trabajo, mucho corazón, muchos anhelos y algunas intenciones libidinosas, pero para aquel(la) que la recibe suele significar muy poco. La otra es confeccionar listas de cualquier cosa. Los mejores solos de batería, los mejores hidden tracks, las mejores splash pages de Jack Kirby. O lo mejor del año, uno de los pasatiempos favoritos de todo fan de los listados que se precie. Como cada fin de año, tantos y tantos blogs, tantas y tantas revistas, tantos y tantos programas de cualquier medio, nos pirramos por reflejar nuestras filias y nuestras obsesiones. Sean benévolos y no nos lo echen en cara, al fin y al cabo no se trata más que de buena y sana diversión.
En literatura, este ha sido sin duda el año de Millenium. Allá donde uno fuera siempre se encontraba a alguien portando uno de los ladrillos de la trilogía entre las manos. Pero ¿eran tan buenos? No, en realidad no. Stieg Larsson tuvo la habilidad de crear con Lisbeth Salander a una heroína atípica y fascinante a la vez. Un nuevo icono de los tiempos que corren. Son las andanzas de su protagonista las que hacen que el lector siga adelante página tras página y no tanto el relato que nos está contando en sí. Lo que dije entonces: Lo que subyace debajo de toda la obra del escritor sueco es su obsesión por denunciar el abuso sobre las mujeres en una sociedad presuntamente civilizada. Lo que digo ahora: La cuestión es hasta cuándo perdurará en este mundo cambiante la presencia del personaje de Lisbeth y la obra de Larsson en nuestra memoria.
El año en cine no ha sido para tirar cohetes. La sección más hardcore de los aficionados a los comics esperó con ansia el estreno de Watchmen, la adaptación de la novela gráfica homónima de Alan Moore. El resultado es una obra brillante que Zack Snyder dirige con buen tino logrando encajar en el reducido formato de una película toda la densidad de la obra original. Lo que dije entonces: Lo que nos debería interesar es si este Watchmen en celuloide se sustenta como película en sí. Lo que digo ahora: Un acontecimiento para la tribu, pero de dudosa comprensión y de escaso interés para aquellos que no leyesen previamente el comic.El Curioso Caso de Benjamin Button y Gran Torino cubrieron la cuota de cine para todos los públicos sin tener que descender por ello a niveles vergonzosos de calidad. La primera presenta una bonita historia con toques que mueven a la reflexión y con un Brad Pitt haciendo lo que más le gusta hacer: aparecer feo en pantalla. La segunda es otra obra de autor en la que Clint Eastwood se ocupa casi de todo para volver a contarnos que el sueño americano sigue vivo. Por su parte Distrito 9 supuso la gran sorpresa del año. Dos películas en una, el film de Neill Blomkamp aborda un agrio comentario social en su primera parte para convertirse en La Guerra de las Galaxias en su segunda y mucho menos interesante mitad. Con todo, una buena producción.
Pero la mejor película de este año para este cronista ha sido la sueca Déjame Entrar. Una narración de vampiros sorprendente y nada tópica protagonizada por niños, que da sopas con honda a los guapetones de Crepúsculo. Déjame Entrar es un relato sensible y sin estridencias que nos cuenta una historia mil veces vista desde una nueva perspectiva, sin olvidar escarbar hasta las raíces del género y con escenas inolvidables. Lo que dije entonces: Un giro copernicano a la temática del cine de vampiros. Lo que digo ahora: No la dejen pasar, les mantendrá en vilo y con el corazón encogido durante toda la proyección.
En el mundo de la música hubo un tiempo en el que cada año surgían incontables obras maestras. Fue una era virgen en la que todo estaba por inventar y cada nueva grabación era una contínua sorpresa. Hace ya mucho que bastan los dedos de una mano para contar los discos que suponen una verdadera revelación de entre los que se publican cada año: OK Computer, Want One, I Am a Bird Now... No ha sido 2009 especialmente fructífero en cuanto a nuevas obras de especial valía. Permítanme que les destaque un puñado, aunque tendremos que preguntarnos ¿Cuántos de estos discos seguiremos escuchando dentro de diez años? ¿Y el año que viene?En las reediciones musicales dominaron los Remasters del catálogo de The Beatles. Otra oportunidad para desplumar al fan fiel, aunque es cierto que el nuevo sonido, comparado con los antiguos CD's, es deslumbrante. Para campaña de exhumación, la que por fin tuvimos con la aparición del primer capítulo de los tantas veces prometidos Neil Young Archives. Una recopilación monumental del período 1963 - 1972 con una presentación imponente que recoge todas aquellas rarezas que ya poseíamos en piratas varios, por fin de forma oficial y con el mejor sonido posible. Y la grandiosa discográfica Rhino continuó con su labor de rescatar joyas del pasado en su serie Nuggets editando un nuevo boxset, Where the Action Is, esta vez dedicado a recopilar la mejor psicodelia de Los Ángeles del período 1965 - 1968.
En España Sidonie se han hecho adultos, han reblandecido su sonido, se han distanciado de la psicodelia de otros años, se han acercando al bubblegum y han publicado El Incendio, uno de los mejores discos del año en nuestro país. Pereza grabaron Aviones. El suyo es un caso de "aunques". Aunque sus voces tengan un fastidioso tono pijito, escriben grandes canciones. Aunque se les note a la legua un puñetero deseo de parecer canallas, sus letras son inteligentes y divertidas. Aunque cuelen banales éxitos en Los 40 Principales, sus discos son muy estimables en su conjunto. Este año han hecho, además, un trabajo que bebe tanto de Los Secretos como del soft-rock californiano de los 70's y les ha salido muy bien. Lo mejor, sin embargo fue el retorno de Mamá, unos veteranos que se niegan a crecer y que han derrochado energía en sus nuevos temas. La Mejor Canción se llama su album pero podría llamarse El Mejor Disco del Año.
Dentro del cajón de Americana o música de raíces, Richmond Fontaine con su We Used to Think the Freeway Sounded Like a River, firmaron una intensa obra que podría haber rubricado el mejor Springsteen. Con todo, Monsters of Folk, el supergrupo formado por gente de Bright Eyes, My Morning Jacket y el cantautor M. Ward, entregaron un disco delicioso que tiene muy poco que ver con el folk y mucho con todo tipo de fuentes de las que bebe el Rock and Roll. Lo que dije entonces: Un album dulce y vitamínico. Lo que digo ahora: Una grabación exquisita y muy variada en la onda de Crosby, Stills, Nash & Young. De lo mejor de lo que han hecho sus integrantes juntos o cada uno por su lado.
El año que acaba vió también el regreso de grandes nombres. Green Day hicieron con 21st Century Breakdown la segunda parte de American Idiot y una ópera rock al estilo de Quadrophenia para las nuevas generaciones. Hay algo en ellos que huele a falso, pero mientras sigan haciendo música tan buena como esta, están dispensados. Muse continuaron su evolución hacia un sonido más moderno y sofisticado. Este año con The Resistance presentaron su pastiche de Queen y su aproximación a la música clásica yendo aún más lejos de lo que lo hicieron los chicos de Mercury. Lo que dije entonces: Muy divertidos en su completa falta de originalidad. Lo que digo ahora: Uno de los mejores álbumes del año.
Wilco nos obsequiaron con una obra magnífica y su trabajo más asequible. John Lennon grabó un disco entre Plastic Ono Band e Imagine y lo ha publicado ahora bajo el nombre de Wilco. Doves siguen grabando disco consistente tras disco consistente. No tienen la imagen de Oasis ni componen los fogonazos inmediatos de The Verve, pero cada nuevo trabajo suyo no baja del notable. El de este año se llama Kingdom of Rust y si se deja usted envolver por sus espirales hipnóticas, volverá a creer en las guitarras. Chris Barron, ex-líder de Spin Doctors, volvió para hacer una gran obra melódica de sabor beatlemano de las que ya no se hacen. Y Benjy Ferree se reveló como un nombre a tener en cuenta con su segundo larga duración, Come Back to the Five and Dime Bobby Dee Bobby Dee, una obra rica y compleja que bebe tanto del rock clásico como del independiente y la música alternativa.Hablando de Indie, en muchos corrillos se encumbró a The XX como la nueva maravilla. El encanto de sus canciones se desvanece al llegar a la tercera y descubrir que toda su gracia reside en su completa incompetencia para tocar sus instrumentos. Desde aquí reivindicamos el pop alternativo y con querencias ochenteras de The Pains of Being Pure at Heart y su disco de debut homónimo. Una rodaja que goza de un saludable ramalazo do it yourself a la hora de componer sus minisinfonías de tres minutos deudoras del shoegazing, The Wedding Present y The Jesus & Mary Chain. Déjese seducir.
Entramos en lo mejor del año musicalmente hablando. El Reservoir de Fanfarlo es una obra apasionante, el disco más emocionante del año, que rezuma sensibilidad por todos sus surcos y combina melancolía y joie de vivre a partes iguales. The Mummers hicieron la propuesta más imaginativa y nos llevaron a un mundo de ensueño y fantasía con Tale to Tell, un album surcado de melodías dulces y arreglos preciosistas. Edward Sharpe & the Magnetic Zeros lograron con su magnífico disco homónimo un trabajo impetuoso y vigorizante en la onda de Arcade Fire. Noah and the Whale publicaron un esplendoroso segundo trabajo denso y orquestal llamado The First Days of Spring. Y el disco moderno del año vino a cargo de Florence & the Machine y su Lungs. Una puesta al día de los presupuestos de Kate Bush y Patti Smith, profusión percusionística y exuberancia verbal incluída. Lo que dije entonces: Para espíritus inquietos. Lo que digo ahora: Una obra muy recomendable y altamente disfrutable que atrapa desde su comienzo.
Cerca de la cabeza se sitúa Bendan Benson, quien construyó el mejor trabajo de su carrera. Un disco lleno de himnos que tumba por K.O. a su colega en The Raconteurs, el hiperactivo lider de The White Stripes. My Old Familiar Friend es un album de Power Pop de la vieja escuela que está a la altura de los grandes nombres de siempre. Chúpate esa, Jack White. Pero el mejor disco del año fue, sin duda alguna, Love Will Find You de Findlay Brown. Una grabación clásica, emocionante y llena de matices que engancha a la primera escucha. Como si Gene Clark resucitase para hacer un album de versiones de Roy Orbison producido por Phil Spector. Atrás quedan las tenues melodías folkies y aquí llegan las orquestaciones masivas. La arribada de un talento mayor. Lo que dije entonces: Si Findlay Brown se comiese de un bocado las listas de éxito como se merece, este mundo sería un poquito mejor. Lo que digo ahora: El disco del año.
2009 fue un gran año para la reedición de comics clásicos. Todas las editoriales significativas están embarcadas en proyectos de interés y este año salieron a la luz unos cuantos nuevos. El irreductible Manuel Caldas por fin editó desde Portugal las tiras diarias de Tarzan de Harold Foster, y vimos la mejor edición en color hasta la fecha de Prince Valiant a cargo de Fantagraphics. Dark Horse recuperó dos obras fundamentales de la fantasía heroica al reeditar los relatos de Solomon Kane que se publicaban como complemento en The Savage Sword of Conan, y el clasicista Kull de los hermanos Severin previamente editado en los 70's por Marvel. En España uno de los grandes clásicos olvidados, Peter Petrake de Miguel Calatayud, tuvo una merecida reedición a cargo de la modesta editorial El Patito. Pero probablemente lo mejor de todo en cuanto a calidad fue la salida en nuestro país de la monumental obra de Mark Evanier Kirby el Rey de los Comics. Un trabajo espectacular y una edición inmejorable.Las novedades del año estuvieron presididas por el Catálogo de Novedades ACME de Chris Ware y por George Sprott de Seth. Ambas obras complejas, deliciosas, con muchos puntos en común. Un lujo para la vista y un reto para la mente. Incursiones en la soledad y el dolor de la existencia. Las historietas de Seth y de Ware exigen un esfuerzo por parte del lector, denles una oportunidad y buceen en ellas, las recompensas son formidables. En una línea más comercial, Joe Hill escribió Lockey & Key, que llegó a nuestras tiendas con todos los parabienes posibles. El primer número compone una historia inteligente y plena de misterios, resuelta con soltura y maestría. Lo que dije entonces: Un relato entretenido, que engancha y que te deja con ganas de saber qué pasará después. Lo que digo ahora: Una gran promesa cuya continuación esperamos que confirme su buen momento de forma.
Si años atrás Dark Horse relanzó al personaje de Conan, este año ha repetido la jugada con Kull y Solomon Kane. Y lo ha hecho por la puerta grande. Los nuevos comics de estos personajes de Robert E. Howard tienen la vista puesta en los viejos fans y a la vez saben captar nuevo público. Los artistas escogidos conocen el terreno que pisan y los desarrollan con respeto no exento de riesgo. The Shadow Kingdom ha sido un comic espectacular excelentemente bien escrito y con una ambientación extraordinaria a cargo de Will Conrad. The Castle of the Devil entronca con la tradición del Solomon Kane howardiano y está a la altura de los mejores relatos clásicos de Marvel gracias a la labor de Scott Allie y Mario Guevara.
Los mejores comics del año vinieron en forma de dos peculiares propuestas. El Génesis de Robert Crumb es una ortodoxa adaptación del primer libro de La Biblia. Una labor titánica que ha desembocado en un comic gigantesco y un puntal básico en la historia del noveno arte. La mejor obra de Crumb y uno de los imprescindibles del año. Pero el título de mejor comic de 2009 va a una obra española. El Arte de Volar de Antonio Altarriba y Kim supuso un placer inesperado, un trozo de vida en carne viva puesto en papel y tinta. La historia de nuestro país, de nuestras gentes y de nosotros mismos. Universalmente aplaudido, el libro de Altarriba y Kim aporta grandes alegrías y un arañazo en el corazón. Lo que dije entonces: El mejor comic patrio que se ha publicado este año. Lo que digo ahora: El mejor comic que se ha publicado este año.
Finalmente quisiera recordarles que la blogosfera es una constelación llena de estrellas. Algunas no son más que meras palabras e imágenes que parecen lanzadas al azar, otras son maravillas de la dedicación y el detalle que sus artífices nos regalan generosamente. Algunos, tristemente se despidieron este año, otros llegamos intentando hacernos un hueco y aportar algo. De entre los nuevos, me gustaría llamar su atención sobre uno que destaca por su singularidad. Un blog sorprendente y certero, teñido de una cierta melancolía y terriblemente bien escrito. La aparente falta de esfuerzo con que está redactado nos da la talla del blogger con el que nos estamos viendo las caras. Safari Nocturno cuelga cada día reseñas envidiables, siempre con un pequeño giro que nos hace plantearnos las cosas desde un nuevo punto de vista. Posts fluídos, divertidos, exactos. La receta perfecta improvisada en dos minutos. Tal vez cuando su artífice disponga de menos tiempo libre, espacie más los relatos con que nos agasaja. Por ahora su pérdida es nuestra ganancia.





















