jueves 31 de diciembre de 2009

Lo mejor de 2009

Si han visto ustedes Alta Fidelidad, esa divertida película protagonizada por John Cusack, o han leído la magnífica novela de Nick Hornby en que se basa, se habrán dado cuenta de que hay dos cosas que a todo freak de la cultura popular nos hace patalear como liebres en celo. Una es grabar una recopilación musical para alguien que nos importa. En ese tipo de recopilación aquel que la hace pone mucho trabajo, mucho corazón, muchos anhelos y algunas intenciones libidinosas, pero para aquel(la) que la recibe suele significar muy poco. La otra es confeccionar listas de cualquier cosa. Los mejores solos de batería, los mejores hidden tracks, las mejores splash pages de Jack Kirby. O lo mejor del año, uno de los pasatiempos favoritos de todo fan de los listados que se precie. Como cada fin de año, tantos y tantos blogs, tantas y tantas revistas, tantos y tantos programas de cualquier medio, nos pirramos por reflejar nuestras filias y nuestras obsesiones. Sean benévolos y no nos lo echen en cara, al fin y al cabo no se trata más que de buena y sana diversión.

En literatura, este ha sido sin duda el año de Millenium. Allá donde uno fuera siempre se encontraba a alguien portando uno de los ladrillos de la trilogía entre las manos. Pero ¿eran tan buenos? No, en realidad no. Stieg Larsson tuvo la habilidad de crear con Lisbeth Salander a una heroína atípica y fascinante a la vez. Un nuevo icono de los tiempos que corren. Son las andanzas de su protagonista las que hacen que el lector siga adelante página tras página y no tanto el relato que nos está contando en sí. Lo que dije entonces: Lo que subyace debajo de toda la obra del escritor sueco es su obsesión por denunciar el abuso sobre las mujeres en una sociedad presuntamente civilizada. Lo que digo ahora: La cuestión es hasta cuándo perdurará en este mundo cambiante la presencia del personaje de Lisbeth y la obra de Larsson en nuestra memoria.

El año en cine no ha sido para tirar cohetes. La sección más hardcore de los aficionados a los comics esperó con ansia el estreno de Watchmen, la adaptación de la novela gráfica homónima de Alan Moore. El resultado es una obra brillante que Zack Snyder dirige con buen tino logrando encajar en el reducido formato de una película toda la densidad de la obra original. Lo que dije entonces: Lo que nos debería interesar es si este Watchmen en celuloide se sustenta como película en sí. Lo que digo ahora: Un acontecimiento para la tribu, pero de dudosa comprensión y de escaso interés para aquellos que no leyesen previamente el comic.

El Curioso Caso de Benjamin Button y Gran Torino cubrieron la cuota de cine para todos los públicos sin tener que descender por ello a niveles vergonzosos de calidad. La primera presenta una bonita historia con toques que mueven a la reflexión y con un Brad Pitt haciendo lo que más le gusta hacer: aparecer feo en pantalla. La segunda es otra obra de autor en la que Clint Eastwood se ocupa casi de todo para volver a contarnos que el sueño americano sigue vivo. Por su parte Distrito 9 supuso la gran sorpresa del año. Dos películas en una, el film de Neill Blomkamp aborda un agrio comentario social en su primera parte para convertirse en La Guerra de las Galaxias en su segunda y mucho menos interesante mitad. Con todo, una buena producción.

Pero la mejor película de este año para este cronista ha sido la sueca Déjame Entrar. Una narración de vampiros sorprendente y nada tópica protagonizada por niños, que da sopas con honda a los guapetones de Crepúsculo. Déjame Entrar es un relato sensible y sin estridencias que nos cuenta una historia mil veces vista desde una nueva perspectiva, sin olvidar escarbar hasta las raíces del género y con escenas inolvidables. Lo que dije entonces: Un giro copernicano a la temática del cine de vampiros. Lo que digo ahora: No la dejen pasar, les mantendrá en vilo y con el corazón encogido durante toda la proyección.

En el mundo de la música hubo un tiempo en el que cada año surgían incontables obras maestras. Fue una era virgen en la que todo estaba por inventar y cada nueva grabación era una contínua sorpresa. Hace ya mucho que bastan los dedos de una mano para contar los discos que suponen una verdadera revelación de entre los que se publican cada año: OK Computer, Want One, I Am a Bird Now... No ha sido 2009 especialmente fructífero en cuanto a nuevas obras de especial valía. Permítanme que les destaque un puñado, aunque tendremos que preguntarnos ¿Cuántos de estos discos seguiremos escuchando dentro de diez años? ¿Y el año que viene?

En las reediciones musicales dominaron los Remasters del catálogo de The Beatles. Otra oportunidad para desplumar al fan fiel, aunque es cierto que el nuevo sonido, comparado con los antiguos CD's, es deslumbrante. Para campaña de exhumación, la que por fin tuvimos con la aparición del primer capítulo de los tantas veces prometidos Neil Young Archives. Una recopilación monumental del período 1963 - 1972 con una presentación imponente que recoge todas aquellas rarezas que ya poseíamos en piratas varios, por fin de forma oficial y con el mejor sonido posible. Y la grandiosa discográfica Rhino continuó con su labor de rescatar joyas del pasado en su serie Nuggets editando un nuevo boxset, Where the Action Is, esta vez dedicado a recopilar la mejor psicodelia de Los Ángeles del período 1965 - 1968.

En España Sidonie se han hecho adultos, han reblandecido su sonido, se han distanciado de la psicodelia de otros años, se han acercando al bubblegum y han publicado El Incendio, uno de los mejores discos del año en nuestro país. Pereza grabaron Aviones. El suyo es un caso de "aunques". Aunque sus voces tengan un fastidioso tono pijito, escriben grandes canciones. Aunque se les note a la legua un puñetero deseo de parecer canallas, sus letras son inteligentes y divertidas. Aunque cuelen banales éxitos en Los 40 Principales, sus discos son muy estimables en su conjunto. Este año han hecho, además, un trabajo que bebe tanto de Los Secretos como del soft-rock californiano de los 70's y les ha salido muy bien. Lo mejor, sin embargo fue el retorno de Mamá, unos veteranos que se niegan a crecer y que han derrochado energía en sus nuevos temas. La Mejor Canción se llama su album pero podría llamarse El Mejor Disco del Año.

Dentro del cajón de Americana o música de raíces, Richmond Fontaine con su We Used to Think the Freeway Sounded Like a River, firmaron una intensa obra que podría haber rubricado el mejor Springsteen. Con todo, Monsters of Folk, el supergrupo formado por gente de Bright Eyes, My Morning Jacket y el cantautor M. Ward, entregaron un disco delicioso que tiene muy poco que ver con el folk y mucho con todo tipo de fuentes de las que bebe el Rock and Roll. Lo que dije entonces: Un album dulce y vitamínico. Lo que digo ahora: Una grabación exquisita y muy variada en la onda de Crosby, Stills, Nash & Young. De lo mejor de lo que han hecho sus integrantes juntos o cada uno por su lado.

El año que acaba vió también el regreso de grandes nombres. Green Day hicieron con 21st Century Breakdown la segunda parte de American Idiot y una ópera rock al estilo de Quadrophenia para las nuevas generaciones. Hay algo en ellos que huele a falso, pero mientras sigan haciendo música tan buena como esta, están dispensados. Muse continuaron su evolución hacia un sonido más moderno y sofisticado. Este año con The Resistance presentaron su pastiche de Queen y su aproximación a la música clásica yendo aún más lejos de lo que lo hicieron los chicos de Mercury. Lo que dije entonces: Muy divertidos en su completa falta de originalidad. Lo que digo ahora: Uno de los mejores álbumes del año.

Wilco nos obsequiaron con una obra magnífica y su trabajo más asequible. John Lennon grabó un disco entre Plastic Ono Band e Imagine y lo ha publicado ahora bajo el nombre de Wilco. Doves siguen grabando disco consistente tras disco consistente. No tienen la imagen de Oasis ni componen los fogonazos inmediatos de The Verve, pero cada nuevo trabajo suyo no baja del notable. El de este año se llama Kingdom of Rust y si se deja usted envolver por sus espirales hipnóticas, volverá a creer en las guitarras. Chris Barron, ex-líder de Spin Doctors, volvió para hacer una gran obra melódica de sabor beatlemano de las que ya no se hacen. Y Benjy Ferree se reveló como un nombre a tener en cuenta con su segundo larga duración, Come Back to the Five and Dime Bobby Dee Bobby Dee, una obra rica y compleja que bebe tanto del rock clásico como del independiente y la música alternativa.

Hablando de Indie, en muchos corrillos se encumbró a The XX como la nueva maravilla. El encanto de sus canciones se desvanece al llegar a la tercera y descubrir que toda su gracia reside en su completa incompetencia para tocar sus instrumentos. Desde aquí reivindicamos el pop alternativo y con querencias ochenteras de The Pains of Being Pure at Heart y su disco de debut homónimo. Una rodaja que goza de un saludable ramalazo do it yourself a la hora de componer sus minisinfonías de tres minutos deudoras del shoegazing, The Wedding Present y The Jesus & Mary Chain. Déjese seducir.

Entramos en lo mejor del año musicalmente hablando. El Reservoir de Fanfarlo es una obra apasionante, el disco más emocionante del año, que rezuma sensibilidad por todos sus surcos y combina melancolía y joie de vivre a partes iguales. The Mummers hicieron la propuesta más imaginativa y nos llevaron a un mundo de ensueño y fantasía con Tale to Tell, un album surcado de melodías dulces y arreglos preciosistas. Edward Sharpe & the Magnetic Zeros lograron con su magnífico disco homónimo un trabajo impetuoso y vigorizante en la onda de Arcade Fire. Noah and the Whale publicaron un esplendoroso segundo trabajo denso y orquestal llamado The First Days of Spring. Y el disco moderno del año vino a cargo de Florence & the Machine y su Lungs. Una puesta al día de los presupuestos de Kate Bush y Patti Smith, profusión percusionística y exuberancia verbal incluída. Lo que dije entonces: Para espíritus inquietos. Lo que digo ahora: Una obra muy recomendable y altamente disfrutable que atrapa desde su comienzo.

Cerca de la cabeza se sitúa Bendan Benson, quien construyó el mejor trabajo de su carrera. Un disco lleno de himnos que tumba por K.O. a su colega en The Raconteurs, el hiperactivo lider de The White Stripes. My Old Familiar Friend es un album de Power Pop de la vieja escuela que está a la altura de los grandes nombres de siempre. Chúpate esa, Jack White. Pero el mejor disco del año fue, sin duda alguna, Love Will Find You de Findlay Brown. Una grabación clásica, emocionante y llena de matices que engancha a la primera escucha. Como si Gene Clark resucitase para hacer un album de versiones de Roy Orbison producido por Phil Spector. Atrás quedan las tenues melodías folkies y aquí llegan las orquestaciones masivas. La arribada de un talento mayor. Lo que dije entonces: Si Findlay Brown se comiese de un bocado las listas de éxito como se merece, este mundo sería un poquito mejor. Lo que digo ahora: El disco del año.

2009 fue un gran año para la reedición de comics clásicos. Todas las editoriales significativas están embarcadas en proyectos de interés y este año salieron a la luz unos cuantos nuevos. El irreductible Manuel Caldas por fin editó desde Portugal las tiras diarias de Tarzan de Harold Foster, y vimos la mejor edición en color hasta la fecha de Prince Valiant a cargo de Fantagraphics. Dark Horse recuperó dos obras fundamentales de la fantasía heroica al reeditar los relatos de Solomon Kane que se publicaban como complemento en The Savage Sword of Conan, y el clasicista Kull de los hermanos Severin previamente editado en los 70's por Marvel. En España uno de los grandes clásicos olvidados, Peter Petrake de Miguel Calatayud, tuvo una merecida reedición a cargo de la modesta editorial El Patito. Pero probablemente lo mejor de todo en cuanto a calidad fue la salida en nuestro país de la monumental obra de Mark Evanier Kirby el Rey de los Comics. Un trabajo espectacular y una edición inmejorable.

Las novedades del año estuvieron presididas por el Catálogo de Novedades ACME de Chris Ware y por George Sprott de Seth. Ambas obras complejas, deliciosas, con muchos puntos en común. Un lujo para la vista y un reto para la mente. Incursiones en la soledad y el dolor de la existencia. Las historietas de Seth y de Ware exigen un esfuerzo por parte del lector, denles una oportunidad y buceen en ellas, las recompensas son formidables. En una línea más comercial, Joe Hill escribió Lockey & Key, que llegó a nuestras tiendas con todos los parabienes posibles. El primer número compone una historia inteligente y plena de misterios, resuelta con soltura y maestría. Lo que dije entonces: Un relato entretenido, que engancha y que te deja con ganas de saber qué pasará después. Lo que digo ahora: Una gran promesa cuya continuación esperamos que confirme su buen momento de forma.

Si años atrás Dark Horse relanzó al personaje de Conan, este año ha repetido la jugada con Kull y Solomon Kane. Y lo ha hecho por la puerta grande. Los nuevos comics de estos personajes de Robert E. Howard tienen la vista puesta en los viejos fans y a la vez saben captar nuevo público. Los artistas escogidos conocen el terreno que pisan y los desarrollan con respeto no exento de riesgo. The Shadow Kingdom ha sido un comic espectacular excelentemente bien escrito y con una ambientación extraordinaria a cargo de Will Conrad. The Castle of the Devil entronca con la tradición del Solomon Kane howardiano y está a la altura de los mejores relatos clásicos de Marvel gracias a la labor de Scott Allie y Mario Guevara.

Los mejores comics del año vinieron en forma de dos peculiares propuestas. El Génesis de Robert Crumb es una ortodoxa adaptación del primer libro de La Biblia. Una labor titánica que ha desembocado en un comic gigantesco y un puntal básico en la historia del noveno arte. La mejor obra de Crumb y uno de los imprescindibles del año. Pero el título de mejor comic de 2009 va a una obra española. El Arte de Volar de Antonio Altarriba y Kim supuso un placer inesperado, un trozo de vida en carne viva puesto en papel y tinta. La historia de nuestro país, de nuestras gentes y de nosotros mismos. Universalmente aplaudido, el libro de Altarriba y Kim aporta grandes alegrías y un arañazo en el corazón. Lo que dije entonces: El mejor comic patrio que se ha publicado este año. Lo que digo ahora: El mejor comic que se ha publicado este año.

Finalmente quisiera recordarles que la blogosfera es una constelación llena de estrellas. Algunas no son más que meras palabras e imágenes que parecen lanzadas al azar, otras son maravillas de la dedicación y el detalle que sus artífices nos regalan generosamente. Algunos, tristemente se despidieron este año, otros llegamos intentando hacernos un hueco y aportar algo. De entre los nuevos, me gustaría llamar su atención sobre uno que destaca por su singularidad. Un blog sorprendente y certero, teñido de una cierta melancolía y terriblemente bien escrito. La aparente falta de esfuerzo con que está redactado nos da la talla del blogger con el que nos estamos viendo las caras. Safari Nocturno cuelga cada día reseñas envidiables, siempre con un pequeño giro que nos hace plantearnos las cosas desde un nuevo punto de vista. Posts fluídos, divertidos, exactos. La receta perfecta improvisada en dos minutos. Tal vez cuando su artífice disponga de menos tiempo libre, espacie más los relatos con que nos agasaja. Por ahora su pérdida es nuestra ganancia.

miércoles 30 de diciembre de 2009

Memento

Memento es una película extraordinaria. Extraordinaria no sólo por la historia que cuenta, sino, y casi principalmente, por la forma en que se cuenta. Una forma tanto o más importante como el mismo relato de los hechos. El montaje del director funciona de manera que coloca al espectador en la misma posición que al protagonista del film. Leonard, interpretado por Guy Pearce, es amnésico, pero su amnesia tiene una peculiaridad especial. Desde que sufriese el trauma del asesinato de su esposa, Leonard no tiene memoria inmediata, no es capaz de recordar lo que le acaba de suceder y lo olvida a los pocos minutos sin capacidad para crear nuevos recuerdos. Para él todo quedó estancado en el día que mataron a su mujer.

Pero Leonard tiene una misión. El crimen fue saldado de forma negligente por la policía y Leonard está dispuesto a encontrar al culpable. Para ello llena su vida de notas y fotografías Polaroid en un intento de mantener el recuerdo cada vez que las ve. No satisfecho con esto, Leonard se cubre el cuerpo de tatuajes con mensajes destinados a sí mismo en los que se detalla las pistas que va descubriendo sobre el asesino. La complicada estructura de la película consigue que, así como el protagonista nunca sabe qué es lo que ha pasado antes porque no lo recuerda, el espectador desconoce las causas de lo que está viendo y tiene que suponerlas a través de las consecuencias de lo que sucede. Porque Memento es una película contada al revés.

Echemos un vistazo a su estructura. En lugar de la tradicional narración lógica Escena 1, Escena 2... Escena 10, se nos muestra primero la Escena 10, luego la 9 y así hasta llegar a la 1. En medio de cada escena se intercalan pasajes en blanco y negro que sí discurren en orden cronológico. Si unimos todos estos retazos intermedios, comprobaremos que forman una Escena 0 que funciona como prólogo a la película, despejando la última parte de esta Escena 0 todo el misterio. Justo al final, que es el principio. El espectador, contínuamente despistado, se ve obligado a inferir qué está pasando y porqué, a menudo errónamente, como descubrirá cuando se le muestre la siguiente escena, que en realidad es la previa. Al final no sabe qué creer ni en quién confiar. No puede fiarse de sus sentidos. Como Leonard.

La película presenta una pluralidad de lecturas. Si la vemos de la forma en que se nos cuenta, Memento es la historia de un hombre que supera sus dificultades para llevar a cabo una venganza. Pero si la vemos en orden cronológico, tal y como nos lo permite el jugar con la programación del DVD, descubriremos que la verdadera historia es la de un hombre con una penosa enfermedad, de quien absolutamente todos los que le rodean se aprovechan para conseguir sus egoistas fines. El director, Christopher Nolan, hace así una reflexión casi cartesiana sobre la realidad. Qué es verdadero y qué no, en qué podemos creer y confiar, y en qué no. Leonard llena su vida de cosas tangibles de las que poder fiarse. Fotos y notas que le cuentan la verdad incuestionable. Pero es un hombre terriblemente equivocado. No puede confiar en sí mismo, pero tampoco puede confiar en lo que cree que es inamovible. Empeñado en su búsqueda de la verdad, ha optado por autoengañarse.

La interpretación es monumental. Guy Pierce construye magistralmente un personaje obsesivo y obsesionado. A su lado, Joe Pantoliano y Carrie-Ann Moss dan vida respectivamente al enervante Teddy y a la seductora a la vez que repelente Natalie, unos personajes ricos y llenos de matices. Estos secundarios son la piedra de toque que continuamente hacen que el espectador dé la vuelta a todas sus ideas preconcebidas. Cada aparición suya hace que uno tenga que parar a replantearse lo que consideraba incuestionable, a averiguar qué está pasando. Cuantas más veces se ve la película más autoreferencias y líneas que corren paralelas se encuentran. Al contrario de lo que opinaban muchos ejecutivos de la industria, cuyo único deseo es comercializar papilla multilacteada de fácil digestión para alcanzar masivas audiencias aborregadas y recaudar millones en taquilla, Memento es la prueba de que una historia difícil y aparentemente confusa puede a la vez ser un triunfo artístico y un éxito de público.

Vic Chesnutt (1964 - 2009)

Vic Chesnutt llevaba encadenado a una silla de ruedas desde que sufriera un accidente de tráfico a la edad de 18 años. Cantautor de voz frágil y letras clarividentes, Chesnutt fue apadrinado por R.E.M., quienes le produjeron dos álbumes, y consiguió cierta prominencia a mitad de los 90's cuando sus canciones fueron versioneadas por Smashing Pumpkins y Madonna en el disco benéfico Sweet Relief. El día de Navidad falleció en un hospital de Georgia tras tomar una sobredosis de relajantes musculares presumiblemente con el propósito de quitarse la vida. Tal vez ahora su alma atormentada haya encontrado así la paz.

martes 29 de diciembre de 2009

Comics que sí y Comics que no

Con los comics me pasa como con la música. Los descubrí siendo un crío y me cautivaron. Lo que te marca en esos años en que te estás formando es lo que en realidad perdura en el fondo para toda la vida. El Guerrero del Antifaz, Príncipe Valiente, The Spirit, Jack Kirby, Richard Corben... Pero cuando de verdad te gusta algo, sientes esa curiosidad que te lleva a la inquietud y que conduce a a abrirte a todo lo que le rodea. He investigado, mi colección se ha extendido, mis gustos se han diversificado. Hasta que ha llegado un momento en que me he dado cuenta de que ya no compro las cosas porque me gustan. Lo hago por coleccionismo, casi como un estudioso. Y al final los tomos se acumulan sin leer en las estanterías. Sólo por tenerlos. Obras como El Eternauta y Mort Cinder, aclamadas universalmente como piezas maestras, se me quedaron a medias porque no conseguí entrar en ellas. He leído Los Pasajeros del Viento y sí, está bien, pero no es para tanto. Amontono tomos de Gillon y de Swolfs. Los comics de superhéroes, por muy buenos que digan que sean All Star Superman y La Broma Asesina, a estas alturas se me antojan ridículos. Veo novedades que todo el mundo aplaude como Gil Pupila y el Peter Pan de Loisel y mi primer impulso es llevármelas, pero... es que no, no me interesan.

Anuncian nuevas salidas como Parecer Es Mentir y leo la reseña con mi mejor intención, pero algo me echa para atrás, sé que no es para mí. Paseo por mi librería y hojeo mil veces Las Crónicas del Sin Nombre... y tiene todo el aspecto de aburrirme a la tercera página. Me sucede como con las series de televisión. Se ven bien hechas, el guión parece atractivo e intrigante, pero... no. Sé que no voy a ser capaz, no voy a poder sentarme semana tras semana una hora delante de la pantalla. No quiero que simplemente me cuenten una buena historia. Quiero que el dibujo me agarre de las tripas como lo hizo la primera vez que vi Clavos Rojos de Barry Windsor-Smith. Seguramente en mis ojos estos nuevos comics no conllevan el componente nostálgico, el deslumbramiento formativo, el hallazgo epifánico, la serendipia. Y me asalta el sentimiento de culpa. Debería gustarme Ronin, tendría que maravillarme con Camelot 3000, cantar las alabanzas de Arrugas de Paco Roca... Soy un mal tipo, un pésimo aficionado, un farsante, un petimetre de gustos populacheros que no sabe reconocer el arte con mayúsculas... Pero un momento, hey, qué demonios. Se suponía que esto lo hace uno por placer, que lo que busco en un buen comic es ese calorcillo interior, como el vaso de colacao de mamá por las noches. Y yo, además, detesto las obligaciones, más aún las autoimpuestas. Aún así, y después de toda esta perorata, sé que continuaré picando. Lo odio.

Aluvión de libros de Robert E. Howard

No sé si se habrán dado cuenta, pero estamos en Navidad. Por estas fechas es costumbre que nos asalten con todo tipo de recopilaciones musicales de grandes éxitos, reediciones en tapa dura de comics clásicos y versiones especiales repletas de extras de DVD's taquilleros. La labor editorial no es ajena a la oportunidad e intenta hacer su agosto en invierno con atención especial a la parroquia friki. España había sido un erial hasta hace bien poco en lo que corresponde a publicaciones del maestro del cuento pulp Robert E. Howard, creador de (adivínenlo) Conan el Bárbaro. Aparte de las andanzas del cimmerio, poco más de este autor había visto la luz por nuestros lares desde hacía ya demasiado. Esta carencia viene siendo resuelta de un tiempo a esta parte por varias editoriales, especialmente La Biblioteca del Laberinto, empeñada en sacar a la luz en nuestro país las obras completas del escritor de Texas. Con vistas a facilitar la tarea a los Reyes Magos, en las últimas fechas han llegado a nuestras librerías varios libros de Howard:

Hemos visto, entre otras cosas, una fantástica edición con todos los relatos de Conan de la mano de Timun Mas, Rostro de Calavera de Ediciones Jaguar y Cormac Rey de los Mares de Ans Editor. A ellas se une ahora El Reino de las Sombras, que supone uno de los volúmenes más interesantes dentro de la editorial La Biblioteca del Laberinto. En él se recogen todos los relatos escritos para el personaje del rey Kull, uno de los más populares del autor y que no habían sido reeditados por aquí desde que los publicara Martínez Roca hace la friolera de 16 años.

El Señor de Samarcanda es una colección de relatos históricos ambientados en las Cruzadas. Unos primerizos intentos por parte del autor antes de darse cuenta de que le era más fácil inventarse un mundo soñado que documentarse fielmente. Complementa el libro de forma absurda un innecesario comic desastrosamente ejecutado. Este volumen se añade a los ya editados previamente Espadas de Shahrazar, El Valle Perdido de Iskander, Callejones en Tinieblas, Sangre en el Desierto y Espadachinas, de la mencionada colección de La Biblioteca del Laberinto.

Canaan Negro es un bonito tomo en tapa dura correspondiente a Valdemar Gótica que ya habia editado Los Gusanos de la Tierra y Las Extrañas Aventuras de Solomon Kane, y La Piedra Negra en tapa blanda dentro de la colección El Club Diógenes. En este volumen se recopilan varios cuentos de temática diversa, algunos de ellos ya vistos no hace demasiado en la edición de La Casa de Arabu por parte de Jaguar. Es una pena que tras la sequía de años atrás ahora tengamos este aluvión en que diferentes ediciones se solapan despistando al aficionado y esquilmando su bolsillo, como fue el caso hace poco de Espadas de Shahrazar y de El Cráneo Viviente, ambas de Barsoom coincidiendo con La Biblioteca del Laberinto y Jaguar respectivamente.

Finalmente, Cuando Cantan las Espadas es un sabroso ensayo del estudioso de Howard Javier Martín Lalanda, quien analiza toda la producción del escritor texano desde su archiconocido Conan hasta trabajos más oscuros como la novela de ciencia-ficción Almuric, sin olvidarse de dar un repaso, en todos los sentidos, a la producción de los continuadores de su obra. Este libro es una puesta al día corregida y aumentada de su mítico trabajo La Canción de las Espadas, durante mucho tiempo libro de referencia de los aficionados al género y a Robert E. Howard en especial, y que se hallaba inencontrable desde 1983. Una excelente noticia también, otra vez, cómo no, de La Biblioteca del Laberinto.

lunes 28 de diciembre de 2009

Terremoto Beatles y avalancha de reediciones

Los ejecutivos de EMI siempren andan barruntando nuevas formas de esquilmar los bolsillos de los fans de The Beatles. A la vista de la extraordinaria recepción que los Remasters del grupo de Liverpool han tenido durante este año que acaba, se han desatado los rumores hasta hacerse abrumadores y Apple Corps se ha visto obligada a lanzar la bomba al día siguiente de Navidad. Paul McCartney, Ringo Starr, Yoko Ono y Olivia Harrison han llegado a un acuerdo para publicar durante 2010 lujosos boxsets con las ediciones definitivas de la discografía de The Fab Four. La intención es que cada disco quede documentado como el testimonio de una era, y cada caja, una por album oficial, vendrá acompañada por todo el material adicional disponible. De la investigación y selección de material se ha encargado el estudioso de la obra de The Beatles Mark Lewisohn. Esta nueva campaña deja obsoleta la recopilación Past Masters y supera a las colecciones de rarezas Anthology.

La extensa hoja de prensa hecha pública por la oficina de The Beatles en Nueva York que resumimos aquí especifica todos los detalles. Cada CD vendrá compuesto por sus correspondientes versiones en mono y stereo, los singles de la época y sus respectivas caras b, las sesiones que se hicieron para la BBC y las grabaciones de los discos navideños del grupo. Se añaden también demos, tomas alternativas y canciones inéditas no publicadas oficialmente y sólo encontrables en el mercado negro en recopilaciones como las míticas cajas de Artifacts además de lo ya visto en Anthology. Cada disco viene con un jugoso libreto con abundantes fotos y notas explicativas referentes a las sesiones de grabación. Finalmente se incluirá un DVD con un making of y los vídeos promocionales disponibles. Pero cada album tiene sus características particulares:

Please Please Me ofrece todas aquellas grabaciones caseras realizadas desde 1958 hasta 1960 con Stuart Sutcliffe. Incluye la versión primeriza de I'll Follow the Sun y muchas inéditas. La mayor sorpresa es que se han conseguido licenciar para esta edición las interpretaciones de Puttin' on Style y Baby Let's Play House de la actuación del grupo de Lennon grabada por un aficionado en la Garden Fête a la que asistió Paul McCartney el día que ambos se conocieron en 1957. Entre los extras contarán con las canciones interpretadas junto a Tony Sheridan además de un concierto en el Star Club de Hamburgo y las grabaciones rechazadas por la Decca. Se incluirán también tomas alternativas de su primer album y grabaciones previas con Pete Best así como la versión de Love Me Do con Ringo a la batería.

With the Beatles llevará además la actuación ante la reina Isabel en el Royal Variety Performance y demos de canciones compuestas para otros artistas como Bad to Me, One and One Is Two, I'm in Love, Tip of my Tongue y It's for You. A Hard Day's Night se acompaña de el DVD de la película y CD's de audio con el concierto en el Olympia de París y el EP Long Tall Sally. Beatles for Sale por su parte incluye el directo en el Hollywood Bowl y las actuaciones en el Show de Ed Sullivan. Help acoge la canción Bad Boy que se publicó en la primera recopilación de éxitos de The Beatles y también se acompaña de la película en DVD además de la actuación en audio en el Shea Stadium. Rubber Soul incluirá una actuación en vivo en el Budokan y demos como el de Michelle con McCartney en solitario.

Revolver se complementa con Live at the Candlestick Park, el último concierto de The Beatles, y la banda sonora de The Family Way compuesta por Paul McCartney, además de demos como el de She Said She Said. Sgt. Pepper's presenta una detallada reconstrucción de la grabación de Strawberry Fields Forever desde la primera maqueta de John Lennon efectuada en Almería. Escucharemos también el master de A Day in the Life sin el principio fundido con el reprise de Sgt. Pepper's. Magical Mystery Tour se ofrecerá en su formato EP e incluye el DVD con la correspondiente película más canciones extras incluídas en el soundtrack como Jessie's Dream. Yellow Submarine también vendrá con su DVD con la película, las diferentes versiones de Across the Universe, grabaciones en la India en Rishikesh, y en Kinfauns, la casa de George Harrison, durante las sesiones previas que darían lugar al Doble Blanco.

The Beatles traerá versiones alternativas como Blackbird sin efectos, e inéditos como Brian Epstein Blues, Goodbye, Heather y un Can You Take Me Back completo. Paul McCartney asegura que desempolvará la versión de 27 minutos de Helter Skelter para la ocasión. Abbey Road presenta por primera vez la versión sin cortar de Her Majesty y la posibilidad de insertarla en su orden original. Pero el mayor esfuerzo se va a hacer con Let It Be. Se incluirá tanto la versión Naked como la de Phil Spector, se ha recurrido a las grabaciones hechas para la película de Michael Lindsay-Hogg para conseguir una muestra completa de los ensayos de Twickenham y promete incluir docenas de canciones que luego serían grabadas por los cuatro miembros en solitario. Por supuesto también estará presente el DVD con la película y el concierto de la terraza al completo.

Por último, se obsequiará a todos los compradores del set completo con un CD con las reconstrucciones de canciones de Lennon hechas durante la reunión de los 90's más una nueva grabación finalizada recientemente, Now and Then. Parece ser que al final no se hizo caso de las palabras de Harrison y se han decidido a raspar hasta el fondo del barril. Aún no se conoce con qué periodicidad van a ser publicados los respectivos álbumes aunque se promete información en breve con las fechas de edición y los tracklisting definitivos. Aparte de esta llamada edición audiófila se siguen mantiendo los Remasters en su versión estándar para el comprador casual. Ahora a ver quién es el guapo que no se retrata en caja.

domingo 27 de diciembre de 2009

Neil Young: Fork in the Road

Neil Young ha sacado un nuevo disco con más de lo mismo. No es que Fork in the Road sea un mal trabajo. No es eso. Es que estas viejas glorias que llevan más de 40 años en la brecha tiene una papeleta de difícil resolución. Si suenan igual que siempre nos parece que no tienen nada nuevo que decir. Si publican algo que se sale de su línea decimos que es un tiro fallido. Mal asunto. Esta vez Young ha hecho un disco eléctrico. Ya saben, unas veces toca acústico, otras eléctrico. Este año era el eléctrico. Eso sí, con una mayor dosis de Rhythm & Blues en su sonido. Pero es otro disco eléctrico de Neil Young con todo lo que eso supone. Si fuese el primer trabajo de una banda recién llegada nos parecería una obra muy buena, pero es que esta grabación debe de ser la que hace 258 de su carrera. Y sin una canción que pueda considerarse un clásico del futuro a la altura de Cinnamon Girl, Don't Cry No Tears, Like a Hurricane o Powderfinger. Para fans.

Cass McCombs: Catacombs

Cass McCombs es un cantautor californiano que con Catacombs ha publicado su cuarto album ya. Sus melodías comienzan de forma inadvertida y cuando te das cuenta te han envuelto como la tela de una araña. A veces gozan de unos aires 50's al estilo de Chris Isaak, otras recuerdan a Paul Simon en solitario con un ambiente inquietante, y siempre están llenas de eco como si estuviera tocando en el garaje de tu casa. En Dreams-Come-True-Girl, el single que abre la grabación, le hace las segundas voces nada menos que la actriz Karen Black, la prostituta de Easy Rider. Catacombs es un disco acústico, espacioso y agradable.

Morrissey: Years of Refusal

Morrissey continúa con su rehabilitación pública desde You Are the Quarry y tras años de ostracismo. Years of Refusal es otra colección de canciones llenas de autocompasión que hablan sobre él, sobre él y sobre él. Con todos los clichés que usted podría esperar y alguno más. A mí cada vez me cansa más. En esta ocasión el ex-Smiths suena bastante enrabietado y las guitarras atruenan a lo largo de todo el album, pero ¿es esto responsabilidad suya? No sé hasta qué punto se involucra en la creación musical de los temas dado que desde que Johnny Marr y él partieron cada uno por su lado ninguno de los dos se ha acercado a la excelencia de sus mejores momentos juntos, y Morrissey deja descansar toda la labor compositiva en manos de sus colaboradores. Otro disco más con su sonido de siempre y con algunos malaconsejados toques mariachis que le sientan como dos patadas.

sábado 26 de diciembre de 2009

Mis Canciones de 2009

Si es usted lector habitual de este blog, eventualidad de la que no dudo porque ¿quién no ha leído alguna vez al menos uno de los esplendorosos posts que le aguardan un poco más abajo? Y si no es el caso, le animo a que eche un vistazo, le aguardan horas de diversión y epifanías totalmente libres de impuestos. Como asiduo compulsivo a estas reseñas, decía, sabrá que por aquí solemos echar mano de la muy socorrida novela Alta Fidelidad o de su adaptación cinematográfica. Recurriremos a ella una vez más para referirnos a una entrañable tradición navideña que nació en mi hogar hace ya una década atrás. Nick Hornby retrata a la perfección en sus páginas la querencia que tenemos algunos degenerados por elaborar listas de cualquier tipo y por confeccionar devotamente recopilaciones musicales. Cada año por estas fechas, el que abajo suscribe graba un CD que regala a sus amigos y familiares con las canciones que más ha escuchado ese año. Es una tarea con la que servidor disfruta como un patán y que realiza claramente más por uno mismo que por los hipotéticos destinatarios. No tienen porqué ser canciones que hayan sido publicadas recientemente, sino que son aquellas que más han sonado en mi casa y que me han acompañado como banda sonora en el año que acaba. Hago una compilación de aproximadamente 80 minutos con lo que más me gusta últimamente y poco a poco voy añadiendo a esa lista nuevos descubrimientos a los que me gusta llamar la canción de la semana. El baile de títulos es constante y el tracklisting definitivo al cabo de 12 meses no tiene nada que ver con el inicial. El CD de 2009 forma el retrato de un trozo de mi vida que este año quiero compartir con ustedes. El resultado es una lista con tendencia a los himnos y a los estribillos pegajosos. Tal vez se animen a buscar estos 22 fogonazos por su cuenta. Les garantizo emociones, escalofríos y dolores de barriga.

FINDLAY BROWN: Love Will Find You. Porque sale disparada como un trueno. Por volver a oir la voz de Gene Clark cantando "How long can we wait for it". Por esa esplendorosa orquestación de regustos clásicos. Porque es un pedazo de canción.

LILY ALLEN: Fuck You. Por su ritmo rebotante. Por su descarado estribillo. Por su mensaje antihomófobo. Por esa melodía tan simpática desgranando inocentemente una letra tan áspera y desvergonzada.

THE B-52's: 52 Girls. Por los redobles de batería. Por la incansable guitarra rítmica que suena como un serrucho cortando un muelle. Por las voces de Kate y Cindy ululando una misteriosa tonada que parece la sintonía de una serie de ciencia ficción sesentera.

NEKO CASE: People Got a Lotta Nerve. Por esa guitarra de campanillas salida directamente del libro de riffs de The Byrds. Por su glorioso estribillo.

BEN LEE: Catch My Disease. Por sus eufóricos coros. Por su simpleza. Por el ritmo de las palmadas y los pies pateando el suelo. Porque me pone de buen humor. Por lo feliz que es uno cantándola a pleno pulmón. Porque "That's the way I like it", sin duda.

BRYAN ESTEPA: Carl Wilson. Por el bonito pastiche y el sentido homenaje. Por "And your voice it makes me quiver since God Only Knows it makes me shiver". Por exultante.

MAMÁ: Botellas. Porque el mejor grupo de power pop de España ha vuelto con un himno generacional que suena como si hubiera sido grabado para Revolver de The Beatles. Porque ni ellos han crecido ni el adolescente dentro de mí está dispuesto a dejar de ser Peter Pan.

THE PAINS OF BEING PURE AT HEART: A Teenager in Love. Porque empieza como Modern Love de David Bowie y acaba sonando como una mezcla entre Aztec Camera y The Go-Betweens. Por ser atemporal.

ADELE: Chasing Pavements. Por la tremenda voz soul de Adele Adkins. Por los arreglos de Eg White. Porque me eleva el espíritu.

BELLE & SEBASTIAN: Expectations. Porque se te introduce discreta y sinuosamente bajo la piel. Porque cuando estallan los metales y las cuerdas parece salida directamente de Forever Changes de Love. Por la melancolía que denota la voz de Stuart Murdoch.

PAOLO CONTE: Via Con Me. Porque es el epítome de la chulería y el cool. Porque parece cachondearse del estilo de Dean Martin más que Jerry Lewis en El Profesor Chiflado.

BRENDAN BENSON: Poised and Ready. Por sus acordes de piano como martillazos. Porque es una canción que parece contruída sólo con estribillos. Por su entusiasmo contagioso.

DELUXE: Danke Schoen. Por su estructura circular. Porque es una versión mejor que la original. Porque me hace dar saltitos.

RUSSIAN RED: They Don't Believe. Por su sutil toque Motown. Por sus divertidos arreglos de viento. Por envolvente. Porque la excéntrica voz de Lourdes Hernández me recuerda a la de Joanna Newsom.

OFFICIAL SECRETS ACT: Hold the Line. Por ser una canción tan clásica y a la vez tan novedosa. Porque ya no se hacen canciones como esta.

LORI MEYERS: Alta Fidelidad. Porque la voz y la melodía me ponen de los nervios y hacen que me hormiguee la sangre en las venas. Porque me hace sentir como si mi ropa fuese de papel de lija. Por los pequeños petardazos de guitarra que a veces sorprenden remarcando alguna frase. Porque ¿quién no ha sentido alguna vez esa paranoia?

JONATHAN RICHMAN: Vincent Van Gogh. Por su ingenuidad. Porque cuando empieza te entran ganas de salir corriendo a hacer surf. Porque es rock and roll auténtico. Por los descacharrantes coros. Por el efecto de llamada y respuesta. Porque parece grabada dentro de una caja de zapatos. Por su impagable letra. Por tantas cosas.

WILCO: You Never Know. Porque The Beatles jamás se separaron y acaban de sacar su último single. Porque están ahí todos los ingredientes esenciales para dejarse llevar por la nostalgia. Porque uno se pasa media canción esperando la guitarra solista de George y cuando por fin aparece te deja clavado al asiento y boquiabierto.

SEÑOR MOSTAZA: Himno Pop para Usted. Por su deslumbrante composición, ejecución y arreglos. Porque, simple y llanamente, suena a lo mejor de la Electric Light Orchestra. Porque ciertamente tiene un "estribillo a prueba de bombas (...) tan pegadizo como su propia sombra".

SWEET: Ballroom Blitz. Por las pintas inenarrables de esos cuatro tipos tan machotes con aspecto de obreros pintados como puertas. Por su inicio tan camp y esos grititos histéricos tan mariquitas. Porque sigue teniendo un punto incordiante que me encanta. Por ser tan acelerada. Porque desde que la escuché siendo un crío en la radio del coche de mi padre siempre ha conseguido que me suba por las paredes y me ponga la mar de burro. Porque cada vez que la pongo me dan ganas de destrozar los muebles, pegarme con alguien y tener sexo guarro. Porque "it's it's it's a ballroom bliiiiiiiitz!!!"

FLORENCE & THE MACHINE: Dog Days Are Over. Por estar tan llena de energía. Por su gozosa mezcla de percusión energética y voces vitalistas que te hacen llegar cada vez más y más arriba.

BLUE NILE: Happiness. Por ser un remanso de paz. Por su guitarra acústica. Por estar cantada de una forma tan sentida. Por su primera estrofa: "Now that I've found peace at last, tell me Jesus, will it last?" Porque mientras la escucho tengo respuesta para esa pregunta. Por el coro gospel del final. Porque me llena el corazón. Por la masa de voces que la cierra y se desvanece: "Happiness..."

viernes 25 de diciembre de 2009

Qué Bello Es Vivir

Llámenme sentimental, pero esta es la película que me tiene llorando a lagrimón suelto desde los títulos de crédito. Es, evidentemente, un relato totalmente irreal, pero la mera posibilidad de que una vida así pudiera ser cierta, el deseo de que de verdad haya un Dios que se preocupe por nosotros, angelotes entrañables que se ganen las alas protegiéndonos, y personas simple y naturalmente buenas, es lo que hace que, para mí, funcione. Mucho podríamos especular sobre la oportunidad que ofrece este film de echar un vistazo a un mundo en el que jamás hemos existido, en el que nada ha sido afectado por nuestra presencia. La posibilidad de ver en qué medida somos influyentes en nuestro entorno y en las personas que nos rodean. Pero, hey, olvídenlo, no se hagan cábalas mentales. Lo que realmente importa aquí son los buenos sentimientos, la existencia de gente buena, el permitirnos soñar con una vida y un vecindario de cuento de hadas. Un ideal humanístico que jamás ha existido ni existirá por mucho que lo deseemos.

Hay una fuerza irresistible que me impele a llorar como una magdalena desde el momento en que, tras los títulos de crédito, se escuchan las plegarias de los familiares y amigos del protagonista y aparecen esas estrellitas en el cielo que comienzan a hablar entre ellas. Y no les cuento ya al final de la película, cuando con cada vecino que aparece con un billete en la mano diciendo "Feliz Navidad" se me abren las compuertas del Jordán. Con cada sufrimiento padecido por el protagonista, con cada renuncia suya, con cada muestra de su bondad de Pollyanna a mí se me derrumban todos los muros. Todos los personajes son maravillosos y desbordan buenos sentimientos y amor, maldita sea. Qué Bello Es Vivir es una película que veo todo el rato con un nudo en la garganta. Sí, soy un blanducho.

¿Hace falta que les cuente de qué va? ¿Alguien no la ha visto aún? ¿Cómo que no? ¿Y a qué demonios esperan? George Bailey, es un hombre que ve truncados todos sus sueños por hacer siempre lo que debe, lo que le llena de frustración y de ira hasta que la soga se va estrechando alrededor de su cuello y amenaza con ahogarlo. Está al borde del suicidio cuando un Ángel es enviado desde el cielo para ayudarlo en su hora más negra y mostrarle cómo sería la vida si él no hubiera nacido jamás. Al protagonista se le permite vivir su propio What If. Plantéenselo. Si no se hubieran girado a mirar el culo a aquella pelirroja, tal vez ahora no tendrían una hipoteca a 40 años vista.

Toda la primera mitad es un preámbulo que sirve para introducirnos al personaje principal, un hombre que renuncia a lo que siempre anheló y que ve pasar de largo todos los trenes de su vida por cumplir con su obligación, por hacer lo correcto. Es la parte que hace al espectador simpatizar con el protagonista e identificarse con él. La segunda mitad es la que hace soñar con que tenemos Ángeles de la Guarda, ángeles simpáticos y bondadosos que tienen que ganarse las alas cuidando de nosotros. Ofrece la ocasión de ver cómo hubiera sido el mundo si uno nunca hubiera existido. Y así vemos cómo hasta nuestras más insignificantes acciones producen una reacción en cadena, como en un efecto mariposa, que afecta profundamente a todos lo que nos rodean y al mundo de nuestro entorno.

La película está dirigida por Frank Capra, todo un maestro en el género, y protagonizada por James Stewart y la encantadora Donna Reed, insuperables en sus respectivos papeles de George Bailey y su esposa Mary. Les apoyan además un fantástico plantel de secundarios habituales del cine norteamericano, y un mezquino Lionel Barrymore interpretando al más ruín de los malvados anti-Navidad. No es tampoco ajeno a su éxito el delicioso doblaje de la época encabezado por Jesús Puente y Valeriano Andrés. Estrenada en 1946, It's a Wonderful Life es un antídoto contra el materialismo navideño y una vuelta a las emociones sencillas. Una llamada a la recuperación en la inmediata posguerra. Un momento de ilusión, de pensar que todo el padecimiento mereció la pena y que es el momento del esfuerzo y la bondad. Con algunos de los mejores diálogos jamás llevados a la gran pantalla, brillantes, incisivos, inteligentes, veloces, esta película es de visión obligada una vez al año.

Qué Bello Es Vivir se sustenta sobre un profundo mensaje cristiano. No sólo por la intervención divina, sino por la renuncia al materialismo y la prevalencia del esfuerzo, el valor del sacrificio y la minusvaloración de la riqueza. Es una historia en la que no hay castigo para el malvado, eso no importa. Lo que cuenta es el disfrutar de las cosas pequeñas de la vida. El rico lo tiene todo y no es feliz con nada, ese es su castigo. Sí, para muchos esta será una película sentimentaloide y que carga las tintas en la sensiblería. Y yo les digo que me trae al pairo. Me doy cuenta de que cada vez me gusta más este tipo de cine. ¿Será que soy más conservador de lo que creía? ¿O es que me estoy haciendo viejo? Permítanme la osadía que mi provecta edad me concede para que en un último gesto de senilidad me despida como lo haría el propio George Bailey y les desee ¡Feliz Navidad!

jueves 24 de diciembre de 2009

Bendícenos Padre

En 1974 James Warren publicaba en su Creepy un comic ideal para estas fechas y uno de mis favoritos desde siempre. Bless Us Father es una obra maestra de Richard Corben guionizada por Bill DuBay. Un relato sardónico y violento curiosamente lleno de espíritu navideño. DuBay era un veterano con muchas tablas especializado en comics de misterio y horror que venía de escribir montones de historias del género. Corben ya había superado su etapa underground y era un fijo de la editorial, lo que le permitía una cierta independencia económica. Entre ambos crean en siete páginas un trabajo inexcusable y deslumbrante.

Randolph es un demente huído de un centro psiquiátrico que, disfrazado de Papá Noel y armado con un hacha de carnicero, va dejando un reguero de cadáveres descuartizados por donde pasa. Un policía de patrulla se encontrará con él. Corben consigue con Randolph un Papá Noel terrorífico. Un tipejo delgaducho de aspecto estrafalario al que el traje le cuelga lleno de arrugas y totalmente opuesto al risueño Santa Claus que todos conocemos. Un homicida de ojos desquiciados y dientes apretados que hacen de su rostro el reflejo del puro mal.

El relato está brillantemente estructurado. Mucho antes de que en Watchmen se desarrollaran los paralelismos entre páginas y dentro de la misma página, las historias de Randolph y del policía corren paralelas en las imágenes mientras que unas voces en off nos van mostrando las conversaciones de los padres del asesino por un lado y las de la familia del policía por otra. La influencia de Walt & Skeezix de Frank King queda de manifiesto en la puesta en escena de algunas páginas que, aunque divididas en viñetas, forman entre sí un gran marco por el que se mueven los personajes en un traveling con el que la cámara les persigue.

La historia comienza de una forma tradicional e inocente, con Santa Claus descolgándose por una chimenea como en un cuento de Navidad. Pronto derivará en una orgía de sangre salpicada de irónicos adornos navideños entre las viñetas que sirven para dividir el comic tanto verticalmente (las historias de cada protagonista por separado) como en la habitual forma horizontal (la película completa de los hechos). Hay un contínuo discurrir paralelo entre el asesino y el policía que es puntuado por las conversaciones de las familias de ambos. Unas conversaciones que iluminan sus actos, los reflejan y los refuerzan.

A pesar de la ambientación invernal el comic está lleno de colores cálidos y sucios. El azul es chillón, el naranja es como el fuego y el rojo lo impregna todo. Las luces de las calles y los coches son rojas, los trajes son rojos, los bocadillos de diálogo son rojos, la piel de los personajes tiene un tono rojizo, los ladrillos de los edificios arden de rojo, y hasta el barro de las aceras y las pisadas en la nieve tienen reflejos rojos. Todo el comic está empapado con el clásico rojo navideño que aquí se transforma en rojo sangre con el hacha del asesino convertida en un brochazo rojo goteante desde el principio.

Bendícenos Padre es una historia llena de contrastes. Los villancicos navideños de los niños en la calle contrastan con la violencia de un intento de violación. Los árboles de Navidad y el ambiente de celebración contrastan con la disputa de los padres de Randolph. La conversación entre la esposa y la hija del policía muestra una familia rota en un tiempo en que las familias se reúnen. Son diálogos cargados de irónicos rebotes que nos hacen comprender la furia del asesino y que la niña que el policía intenta rescatar es una imagen de su hija. Son una manifestación de la terrible soledad que empañan muchas vidas especialmente a final de año.

Corben mueve su objetivo con maestría mostrando la misma escena desde el punto de vista de ambos protagonistas y sabe poner en primer plano lo que quiere resaltar como presencia amenazante. Bless Us Father es un comic escalofriante, crudo y magistral con un guión excelentemente pensado y escrito por DuBay para ser puesto en escena por un mostruo de la narración gráfica. Un horror con una viñeta final llena de esperanza. Este es su mensaje de Navidad. Yo sólo les traslado su regalo. Que lo disfruten.

miércoles 23 de diciembre de 2009

Los Cronocrímenes

Uno tiene todos los prejuicios posibles contra el cine español, qué quieren que les diga. Estoy cansado de que se utilice el dinero de mis impuestos para subvencionar películas que no me interesan lo más mínimo, pero que sirven para pagar favores al poder. Estoy harto de que a los actores se les llame intelectuales porque salen en televisión. Estoy asqueado de verlos aleccionarme sobre el pensamiento único políticamente correcto. Probablemente la industria del cine norteamericana es igual de navajera, pero me toca un pie que sean los mios precisamente los que de forma tan pedestre pretendan imponerme lo que tengo que pensar y lo que no para pertenecer a la tribu.

Así que, sí, insisto, tengo todos los prejuicios posibles contra el cine español. Y procuro evitarlo. Pero despertaron mi curiosidad los parabienes recibidos por Los Cronocrímenes, una película del director, guionista y actor Nacho Vigalondo que fue estrenada y premiada internacionalmente en 2007, pero que no llegó a las pantallas españolas hasta el año siguiente. Vigalondo es un tipo simpático y pizpireto, que no se hace especialmente repelente y que ha creado una obra entretenida y con un punto de partida cuanto menos provocador.

Karra Elejalde es un cotilla, un irritante impertinente que acaba de mudarse con su mujer a una casa de campo. A través de sus prismáticos ve a una joven desnuda en medio del bosque y llevado por la curiosidad intenta encontrarla. De repente, es atacado por un terrorífico individuo armado con unas tijeras y con la cara cubierta por vendas. Huyendo de él, se refugia en un laboratorio donde encuentra a un científico, el propio Vigalondo, que lo introduce en una máquina que lo transporta al pasado, justo al momento en que estaba mirando por los prismáticos a la chica. El hombre decide aprovechar la oportunidad para evitar los acontecimientos que acaban de suceder, pero es tan torpe que las cosas no salen como esperaba. De modo que que lo intenta de nuevo, y otra vez, y otra, hasta desencadenar una serie de paradojas catastróficas.

La película adolece de demasiados cabos sueltos y de unas interpretaciones un tanto planas, excepto por parte de Elejalde que está perfecto en su papel de curiosón insoportable, y el tipo de las vendas en la cara sabe transmitir muy mal rollito con su sola presencia. Todo el film se resuelve con altas dosis de desparpajo, muchas ganas de hacer una película diferente con poco dinero y cierto aire artesanal. Un género poco visto entre nuestros cineastas. Esta película es una cuestión de curiosidad. La vi movido por la curiosidad y al personaje que interpreta Elejalde se le puede aplicar perfectamente el viejo aforismo de que la curiosidad mató al gato. Tenga usted cuidado de que no le pase lo mismo, mi bienamado espectador.

No Line on the Horizon

U2 han querido hacer una obra experimental al estilo de The Unforgettable Fire, pero les ha salido otro Zooropa. Un trabajo en el que predominan los ambientes y las texturas, y al que le faltan canciones. El disco empieza con una declaración de intenciones y el mejor tema del album, el que da nombre a este No Line on the Horizon, aunque rápidamente va perdiendo fuelle. Escuchar un disco al completo de Bono y los suyos siempre ha sido una tarea correosa, pero con este último álbum es difícil reprimir el bostezo. Si quieren recuperar a los U2 más atmosféricos, recurran a su mencionado cuarto disco, el primero que les produjo Brian Eno, que acaba de ser reeditado con jugosos extras. Serán más felices. Jingle-jangle, ho-ho, etc.

martes 22 de diciembre de 2009

La Mujer del Viajero en el Tiempo

Henry es un bibliotecario que padece una mutación genética que le hace desplazarse en el tiempo durante los momentos de cansancio o estrés. No viaja a la Edad Media ni al año 3000 para vivir aventuras legendarias. Henry se sitúa 5, 10, 20 años adelante o atrás. A veces sólo unos días o unas horas. De repente se encuentra completamente desorientado y desnudo en mitad de la nieve o de una transitada avenida. En uno de sus involuntarios viajes conoce a Clare, una niña a quien seguirá visitando en diferentes etapas de la vida de esta y poco a poco se irá enamorando de ella. Clare, ya veinteañera, se presenta a Henry cuando este es un joven que todavía no ha llegado a ser el hombre que concerá a la niña Clare. A partir de aquí se desarrolla una emocionante historia de amor escrita con sensibilidad y gran sentido del suspense.

La Mujer del Viajero en el Tiempo es una obra fantástica, de ciencia ficción y de intriga. Pero también es una exploración del alma humana. Un estudio sobre las relaciones de pareja y su complejidad. La autora, Audrey Niffenegger, construye su novela alternando la narración entre el punto de vista de Henry y el de Clare. Con monólogos en primera persona que se complementan y se explican mutuamente mostrando la acción desde diferentes puntos de vista, a veces separados en el tiempo. Henry se esfuerza por prepararse física y mentalmente para las eventualidades con las que tendrá que enfrentarse en sus desvanecimientos. Aprende a procurarse comida y vestidos. Desarrolla todo tipo de habilidades para abrir cerraduras y robar carteras. Se entrena como velocista y aprende a luchar. Se encuentra varias veces consigo mismo y aprende de su yo futuro así como instruye a su yo del pasado. Clare, por su parte, tiene que convivir con un hombre que ya sabe qué les aguarda, qué va a ser de sus familiares, dónde van a vivir, los hijos que van a tener, y que desaparece cuando menos se lo espera por un tiempo indeterminado para regresar muchas veces en condiciones lamentables.

Niffenegger cuenta una metáfora sobre el amor eterno imbatible ante las adversidades, sobre la lucha constante para mantener ese amor, sobre la ausencia y la pérdida. Por encima de todo el punto fuerte de la novela no es sólamente el desarrollo de la historia, sino la profundidad de caracterización de sus protagonistas y sus diferencias entre sí. Resalta la perspectiva femenina que ofrece Clare. El hombre domina la relación, aparece o desaparece inesperadamente, y posee un conocimiento del que ella carece. La mujer muchas veces se siente desplazada y frustrada. La autora se sirve así para construir un paralelismo entre el relato de ciencia ficción y la vida en pareja. La evolución de ambos protagonistas muestra a Clare avanzar de una personalidad alegre y vitalista hacia una mujer más dura y luchadora. El autosuficiente y seguro de sí mismo Henry se va tornando amargo y fatalista, cada vez más obsesionado con su problema y sus consecuencias.

Este año el libro recibió su adaptación cinematográfica en un film protagonizado por Eric Bana que no obtuvo muy buenas críticas y que no ha sido estrenado todavía en nuestro país. La Mujer del Viajero en el Tiempo atrapa desde la primera página, la lea como un inteligente y original relato de ciencia ficción o como una apasionante e intensa historia de amor.

lunes 21 de diciembre de 2009

Serpientes en los Dedos

No creo en el amor. Entiéndanme, por supuesto que comprendo que exista el amor que tienen unos padres a sus hijos. Pero, claro, no estoy hablando de eso. Me refiero a ese sentimiento deslumbrante y de ojos estrellados que surge con la tradición del Amor Cortés y que se extiende hasta nuestros días con el cine de Hollywood. ¿Quién no ha soñado con vivir un amor de película? No se engañen, antes de eso el amor tal y como lo conocemos no se concebía. La gente se emparejaba por intereses económicos, sociales o cualquier otro motivo egoista. El amor residía en la cabeza, en el bosillo o en la entrepierna. Romeo no perdió la cabeza por Julieta ni a Calisto le temblaron las rodillas ante Melibea. Lo que les atraía de ellas era la siempre popular y nunca bien ponderada oportunidad de la coyunda. Tuvieron que llegar los poetas y trovadores medievales con sus delirios de amores imposibles con damas casadas a llenar de pájaros nuestras cabecitas huecas y de gaseosa nuestros corazoncitos impresionables. Un malhadado invento que se contagió con el auge de la novela en el Romanticismo y nos ha infectado con docenas de películas de Meg Ryan y Tom Hanks. Nos la hemos tragado doblada y hasta el fondo, amigos. Nos hemos creido que el amor de verdad es como el de las películas. The End. La pareja queda inmortalizada en un momento de felicidad infinita, de éxtasis en el que todo es perfecto y maravilloso para siempre jamás. Nunca sabemos qué hay después del The End. Nunca llegan cansados del trabajo, no se estresan, no les duele la cabeza, no hay facturas ni niños enfermos, no se hartan de los defectos ni las manías del otro. Se quedan atrapados en ese beso final.

Es el amor que se rompe justo en ese momento, en la cresta de la ola, cuando todavía esta de subida y aún se llama enamoramiento, el que perdura. Se consume dentro de ese fotograma en el que pone The End. En ese instante en que todo es un fogonazo contínuo, en el que la sangre te burbujea y sientes relámpagos surcándote las venas. Se termina antes de que los amantes puedan cansarse el uno del otro, de que se aburran, de que se obliguen a hacer cosas que no quieren hacer, o de que tengan que dejar de hacer las cosas que les gustan. Es un para siempre que queda congelado en un instante fugaz. Que no tiene la ocasión de enfriarse, de aburguesarse, de acomodarse. Es un amor mitificado y el recuerdo de él es mejor de lo que fue, de lo que podría haber sido jamás. Los besos son los más dulces; las sonrisas, las más hermosas; la piel, la más suave, el sonido de su voz, de caramelo. Es un amor romántico e inalcanzable que a la vez duele y conforta por dentro. Una idealización que no existe a no ser que se quede suspendida para siempre y que te deja a la deriva, intentando recoger los restos del naufragio, con miedo a volver a enamorarte otra vez por si vuelves a sentir lo mismo. O por si no vuelves a sentirlo. Sin nada ni nadie que si quiera pueda compararse a ese amor perdido. Con un agujero inmenso en el pecho y el corazón hecho una hamburguesa. Con el pánico de volver a convertirte en un chiquillo tartamudeante con el pulso desbocado. Hasta que sólo queda un recuerdo brumoso que a veces se te aparece como un fantasma envuelto en humo. Y entonces lo único que puedes hacer es escribir una carta de amor como si en lugar de dedos tuvieses serpientes.

domingo 20 de diciembre de 2009

Más sobre las próximas novedades de Planeta

Continuamos con las novedades que lanzará Planeta DeAgostini a principios del año que empieza. Enero verá la salida del segundo volumen del nuevo House of Mystery. Un grupo de extraños personajes se encuentran encerrados en una vieja mansión. Reunidos en el bar, pagarán las copas contanto historias inquietantes. Sus anfitriones, Matthew Sturges, Bill Willingham y Luca Rossi se embarcan en esa difícil misión que consiste en meter el miedo en el cuerpo a los lectores a través de un comic.

En el mismo mes comenzará la publicación de Creepy. Se trata de la misma recopilación que está sacando Dark Horse en Estados Unidos de la mítica revista de la editorial Warren. El primer volumen abarca cinco números originales de los años 1964 a 1966 . Estén avisados: junto a joyas del misterio y el suspense de Bernie Wrightson, Neal Adams, Alex Toth, Al Williamson y Frank Frazetta, encontrarán mucho relleno con material de segunda.

El esperado número 9 de Los Muertos Vivientes de Robert Kirkman y Charlie Adlard llega la las librerías en febrero. Los supervivientes del asalto a la prisión intentan seguir con sus vidas, pero los últimos acontecimientos los han marcado de una forma irreversible. La nueva etapa discurre por un camino con menor grado de acción, pero la exploración psicológica y la evolución de los personajes corre imparable hacia lugares cada vez más oscuros. Dispóngase a recuperar algunas viejas caras conocidas y a encontrarse con otras nuevas. Incluye los números 49 al 54 de la grapa original norteamericana.

Jeffrey Lewis: 'Em Are I

Jeffrey Lewis es conocido como dibujante de comics. Aún más, se atrevió a escribir su tesis doctoral en Literatura sobre Watchmen. Lo que tal vez no sepan ustedes es que lleva varios discos grabados que han sido englobados dentro de esa etiqueta que se ha dado en llamar Anti-Folk. Tras su anterior entrega, una colección en clave acústica de versiones de los anarco-punks Crass (!!!) nos llega ahora 'Em Are I, una obra bastante más elaborada. Esta vez sus letras eruditas y optimistas vienen arropadas por una completa banda de acompañamiento. El disco presenta un variado panorama de estilos que van del power pop al lo-fi con paradas en el folk, el surf, el country y el rockabilly, géneros todos ellos interpretados con desvergonzada actitud punk. Parece que el neoyorkino se hubiera propuesto al meterse en el estudio ver qué es capaz de hacer y hasta dónde puede llegar. Tierno, amateur, naif y, por momentos, cercano al gran Jonathan Richman. Pero en su caso Lewis, que con este entrega su mejor trabajo, se queda en meramente entretenido. La versión gafapasta de Jason Mraz para fans de Strangers in Paradise de Terry Moore. Imaginen.