lunes 30 de noviembre de 2009

30 Años de London Calling

Joe Strummer murió de una enfermedad cardiaca en el invierno de 2002 tras una errática carrera en solitario. Mick Jones se ha quedado calvo, ha producido a The Libertines e intenta aferrarse a la gloria del pasado con Carbon/Silicon. A Paul Simonon ya no le quedan tan bien los trajes, colabora con Damon Albarn y su reticencia a quitarse el sombrero resulta altamente sospechosa. Topper Headon sigue con su mala salud de hierro y poco más. Hace justo 30 años los cuatro salían de los Vanilla Studios tras haber dado forma a London Calling, uno de los pasajes más deslumbrantes de la historia del rock & roll y de los pocos discos dobles sin un gramo de grasa. Todas las canciones están ahí porque son petardazos de primera calidad, como una colección de grandes éxitos single tras single.

En 1979 yo tenía 12 años y una exigua colección de vinilos de la que me sentía muy orgulloso. Había llegado a ella por una combinación de buena suerte y curiosidad. Transformer, Ziggy Stardust, Rubber Soul y Revolver, Blonde on Blonde, Aftermath y Beggars Banquet, Lust for Life... Comprar cada uno de esos discos me exigía meses de ahorros, de no gastarme un céntimo ni en respirar. Me obligaba a ir caminando desde mi casa hasta el centro en busca de las tiendas de discos en las que pasaba horas con los dedos cubiertos de polvo escarbando en sus cajones y soñando. Tenía el dinero tan justo que no podía permitirme coger un autobús. El retorno, también a pie, lo pasaba mirando esas portadas icónicas, intentando descifrar las letras de la hoja interior con mi precario inglés de entonces, fascinado con las fotografías de los grupos cuya imagen infructuosamente intentaría imitar entre batallas con mis sufridos progenitores.

Ese diciembre fue publicado London Calling y supuso el último gran disco de los 70's y el primero de los 80's. The Clash despliegan una exhibición de estilos que no sólo es un resumen de la historia de la música popular, también recoge todo lo que han hecho en sus obras previas y los lanza hacia el futuro apuntando por dónde irán los tiros. Antes de él habían definido el lenguaje del punk y habían expandido sus fronteras con dos LP's y un reguero de singles emocionantes y combativos. Después de él se perderían en multitud de caprichosos vericuetos hasta llegar al arcoiris musical en que se convirtieron sus respectivas carreras en solitario. La tarde que lo compré lo escuché una y otra vez sin parar clavado al sillón, deslumbrado por su magnificencia. Las primeras escuchas de muchas otras. Aún hoy en día lo llevo en el coche.

Producido por el desquiciado Guy Stevens, mentor al viejo estilo de Mott the Hoople, quien utiliza sus extravagantes métodos para conjurar una desbordante panoplia de estilos, el album recorre desde el salivazo punk que da título al album hasta el jazz descarado de (¡claro!) Jimmy Jazz. En medio del abanico la querencia de Joe Strummer por España y especialmente por Granada tiene su reflejo en la pegadiza Spanish Bombs, una canción que mezcla el terrorismo de ETA, el asesinato de Federico García Lorca y la Guerra Civil Española. Les aseguro que la mitad de ella está cantada en español, aunque no lo parezca. La relación de Mick Jones con Viv Albertine de las Slits se deteriora y da pie a dos gloriosas canciones: I'm Not Down y, sobretodo, Train in Vain. Esta última, impregnada del sonido Motown, no llega a tiempo para ser incluida en la contraportada del LP y queda como uno de los más fantásticos hidden tracks de la historia y uno de los mejores temas de la banda. Hasta Paul Simonon se arranca con un riff de bajo fronterizo con el reggae y da forma a su primera canción, The Guns of Brixton, una tensa melodía que está a la altura de las composiciones de los dos gigantes que son Strummer y Jones.

Los recuerdos de la infancia de Strummer se traducen en una sencilla y pegadiza canción de pop melódico como es Lost in the Supermarket, que esconde una historia de alienación urbana. El rockabilly de Brand New Cadillac se codea con el ska de Rudie Can't Fail, y el ritmo clásico patentado por Bo Diddley en Hateful se ve acompañado de los toques funk en Clampdown. Hay hasta emulaciones del muro de sonido de Phil Spector con The Card Cheat, versiones insopechadas como Wrong 'em Boyo y eufóricas odas a Montgomery Cliff en The Right Profile. El soul más suave hace su aparición en Lovers Rock al lado del rhythm & blues de Death or Glory, y queda para los anales hasta una insólita incursión en el country que no fue publicada en su momento y que fue recuperada en la edición del 25 aniversario del album.

Es el propio Paul Simonon quien en un momento de frustración destroza su bajo en medio de una actuación en directo. Aquella foto se convertiría en una portada mítica que no se sabe muy bien si homenajea o parodia el primer LP de Elvis Presley, y que luego ha sido infinidad de veces imitada. En un giro final y fieles a su ética punk la banda engaña a su discografica y logra que CBS saque el doble a precio de sencillo aunque ello suponga ingresar menos ganancias por las ventas. A London Calling el grupo había querido llamarlo The Last Testament en un claro indicio de sus intenciones. The Clash dan por finiquitado el punk y construyen con él su manifiesto definitivo, su última llamada a las armas. Su diversidad de géneros, su asombrosa inventiva, su frescura y descaro a la hora de asumir el pasado y regurgitarlo al futuro supuso el último clavo en el ataud del punk. Les invito a celebrar su 30 cumpleaños.

domingo 29 de noviembre de 2009

Se reedita Los Doce Trabajos de Hércules

Hace nada cerraba mi reseña de la reedición Peter Petrake de Miguel Calatayud por parte de El Patito Editorial con el deseo de que alguien se animase con Los Doce Trabajos de Hércules, maravillosa obra también del genial ilustrador alicantino. A través del indipensable blog La Cárcel de Papel me entero de que Edicions de Ponent la tiene prevista para el primer trimestre del año que entra. Y cito: "con la calidad habitual de Edicions de Ponent, tapa dura, nuevo escaneado desde originales y muchos artículos introductorios". Gracias, don Álvaro. Ahora voy a desear que se publique un tomo estilo Marvel Masterworks con la adaptación que hizo Jack Kirby de la película 2001, los diez números de la serie a la que dio lugar y los nueve de su spin-off Machine Man, a ver qué pasa.

Frank Capra y El Secreto de Vivir

Siempre se ha hablado de las dos Españas. También hay dos Américas que la tradición literaria estadounidense se ha encargado de poner de manifiesto. El héroe de la cinematografía de de Frank Capra siempre se ha puesto de parte de una de ellas. Ejemplifica su idea de las buenas características tradicionales del pueblo norteamericano. En El Secreto de Vivir este héroe es Longfellow Deeds, un jovencísimo Gary Cooper, quien hereda una fortuna de un pariente lejano. Deeds vive una vida rural sencilla y feliz en la que no necesita esos millones. La noticia de su herencia le trae sin cuidado y sigue reaccionando con total tranquilidad. Deeds continúa concentrado en su pequeño pueblo y su trabajo como escritor de poesías para postales. Es un hombre calmado y natural al que le gusta tocar el trombón y charlar con sus vecinos. Cooper encarna al hombre bueno, ingenuo e idealista que en tantas veces ha servido de protagonista al imaginario de los Estados Unidos. Longfellow Deeds es el ciudadano medio que vive su vida rodeado de sus allegados, pero que puede ser un héroe si es necesario.

Una gran fortuna supone una gran responsabilidad (perdónenme el chiste) y a Deeds le brota alrededor una jauría que pretende sacar tajada de él. Pero nuestro hombre, con su aparente simpleza, sabe manejar la situación. Tras las sonrisas sarcásticas de los inteligentes abogados acechan burlas ladinas que son acalladas por la aplastante lógica del protagonista. El Secreto de Vivir supone otra faceta del sueño americano, el que acabará con los tiburones financieros de la ciudad por medio de la bondad, el sentido común y la verdad. La clásica contraposición entre lo rural, como natural y auténtico, frente a lo urbano, como corrupto y superficial es constante. No en vano el título original de la película es Mr. Deeds Goes to Town. Así, en una escena llena de símbolos, el protagonista rechaza un frac porque le parece un traje de payaso y desdeña la ayuda de un mayordomo para ponerse los pantalones. Tampoco necesita que nadie se arrodille ante él. Rápidamente se granjeará la admiración del trabajador a su servicio, su hombre para todo, que es el hombre llano del pueblo, y con ello se ganará la complicidad del espectador.

Otro enfrentamiento típico en la mentalidad norteamericana es el del hombre de pensamiento contra el de acción. También el ambiente de la cultura pretende ridiculizar al protagonista, imagen del paleto que suele comportarse de una forma tan natural que a veces resulta infantil. La reacción del héroe ante la afrenta se resolverá con los puños, con lo que es calificado por un personaje como una "magnífica escabechina de presuntuosos", y es rematada con una visita a la tumba del General Grant y la Estatua de la Libertad. Representaciones que los más refinados urbanitas ven desde un irónico distanciamiento como despreciables, pero en los que él, un hombre modesto, ve a un granjero que se convierte en general y presidente, y a un pueblo en marcha. El nacimiento de una nación. Para Capra, cosas que sólo pueden ocurrir en America, el verdadero sueño fundacional.

La película plantea también el choque entre modernidad y tradición. La co-protagonista, Jean Arthur, es Babe Bennett una periodista manipuladora y de vuelta de todo. Sin embargo Deeds es capaz de ver más allá y de adivinar una vida vacía tras su ambición, metáfora esta que apunta a la sociedad moderna en general. Significativamente, ella pronto ve en el personaje encarnado por Cooper una figura que le recuerda a su padre y a los buenos y viejos valores tradicionales que se creen anticuados. Surge así la pregunta explícita de por qué a la gente no le importan los sentimientos de los demás, por qué se divierten hiriendo a los demás, por qué no pueden vivir su vida y dejar en paz a los demás. Y eso nos lleva a una crítica totalmente actual. A la denuncia de los periódicos amarillos de la época que cumplen el mismo papel que hoy la telebasura en la que buscamos la evasión de nuestras prosaicas vidas. Longfellow Deeds concluye esclarecedoramente escogiendo una clara figura que revela las intenciones del director: "La gran ciudad es un palacio en el que no habitan caballeros".

El espectador más crítico coincidirá con Babe Bennett, quien no tiene claro si Deeds es el hombre más tonto del mundo o la mejor de las personas. Sus ideas anticuadas e ingenuas son las del héroe sencillo y cotidiano, el hombre tan bueno que llega a parecer tonto. Típico en Capra, la solución llegará de mano de la comunidad, de la unión del pueblo. Como en Qué Bello Es Vivir, debajo de los problemas sentimentales están los verdaderos problemas de la gente que no tiene ni para comer en época de depresión. Será la colectividad la que se levante y se una en un alegato final que viene además, de nuevo contraponiendo la acción a la razón, con un puñetazo final al viscoso villano. Si no fuera porque Frank Capra era un activista anticomunista y ferviente partidario republicano, pensaría que con las palabras finales de Gary Cooper, en las que reparte su fortuna para que cada vecino trabaje su propia tierra, está haciendo una apología del comunismo. Pero no. Lo que el director defiende es al individuo y el esfuerzo personal que consigue que todo el país crezca. El Secreto de Vivir es una película que nos trae la nostalgia de una vida tal vez desaparecida para siempre en la que todo el mundo era educado e ingenioso. Y con el delicioso doblaje de la época.

sábado 28 de noviembre de 2009

Red Rocket 7

Mike Allred combina sus dos obsesiones, la música y los comics de ciencia ficción, para contar su particular historia del Rock and Roll. Red Rocket 7 es una novela gráfica en la más desbocada línea de Jack Kirby. Cuenta un relato de proporciones cósmicas en el que el protagonista, perteneciente a un grupo de clones extraterrestres, es testigo de y partícipe en todos los grandes hitos de la música popular propiciando algunos de sus momentos más destacados. Aunque, oh, el autor oportunamente decide olvidar algunas corrientes y estilos que no deben de gustarle mucho.

Red Rocket es amigo de Little Richard, conoce a Elvis Presley, lleva los primeros discos de Rhythm & Blues a las Islas Británicas, presencia la ascensión de Bob Dylan y la llegada de la Beatlemanía, practica la Meditación Trascendental, influye en el advenimiento de David Bowie y es una estrella de la música por mérito propio. Y mientras todo esto sucede, el protagonista sufrirá por amor, pasará por crisis de identidad, lucirá los diversos peinados de cada época y se enzarzará en cruentas batallas a rayo partido con el grupo de belicosos aliens que le persiguen.

Es tan deslumbrante y divertido el desfile de grandes sucesos referidos a momentos claves del Rock que al final la trama de ciencia ficción queda en segundo plano y casi deja de importar. Eso sí, el comic está repleto de referentes y claves que sólo el buen conocedor de la música del Siglo XX será capaz de descifrar y disfrutar en plenitud. El libro incluye también diversos extras y un CD a guisa de banda sonora compuesta e interpretada por el propio grupo de Allred. ¿Y mercece la pena? Mejor acompáñenlo con Ziggy Stardust y Thirteen Tales of Urban Bohemia.

viernes 27 de noviembre de 2009

Peter Petrake, al fin recuperado

Peter Petrake es un clásico rotundo e indiscutible de Miguel Calatayud publicado en la revista Trinca entre 1970 y 1973. Una magistral creación que casa la estética de Yellow Submarine, aquella película de dibujos animados de The Beatles, con la aventura en estado puro, en contínuo movimiento y con deslumbrante colorido. El artista alicantino da vida a un James Bond psicodélico ejemplo del Pop-Art aplicado al comic en suelo patrio. Una contrapartida masculina e ingenua a Jodelle y Pravda de Guy Peellaert. La primera sensación que embarga al cronista al hojear esta recopilación recientemente editada por El Patito Editorial es agridulce. Por un lado la tremenda alegría de que por fin se reconozca esta inmensa obra del reciente Premio Nacional de Ilustración. Por otro, la impresión de que se podría haber hecho mejor. Evidentemente El Patito es una casa modesta, y aún así la reproducción es inmejorable y los textos introductorios (excepto por el hecho de calificar de estatal a la editorial Doncel, como si se dedicase a publicar el B.O.E.) esclarecedores. Pero Peter Petrake merecía más. Papel más grueso, tamaño algo mayor, tapa dura. Aún así una adquisición inexcusable. En caso de que no lo conozcan, no sé a qué esperan. Y ahora, a por Los Doce Trabajos de Hércules.

jueves 26 de noviembre de 2009

Godland

¿Echan de menos de menos aquellos comics de Jack Kirby que en los 60's y 70's desbordaban imaginación? ¿Están hartos de superhéroes ultraviolentos y postureros? ¿Creen que nadie es capaz hoy en día de acercarse una saga cósmica de proporciones épicas a la vieja usanza? Están de enhorabuena. Joe Casey y Tom Scioli han concebido con Godland unas páginas con el espíritu de aventura dentro de la tradición del Rey y han sido capaces de recrear una historia centrada y adulta sin perder el sentido del disparate y la maravilla. Y todo ello aderezado con un personal y novedoso sentido del humor que le da un particular giro al género.

Adam Archer es un astronauta, único superviviente de una misión a Marte donde un encuentro con una entidad alienígena le otorga superpoderes. Años más tarde, Archer es un superhéroe que, junto con sus hermanas, está al servicio del ejército. La opinión pública desconfía de él y adora a Crashman, una especie de Capitán América pomposo y un tanto patoso. Dentro de la tradición de superhéroes con superproblemas, Archer tiene una relación muy competitiva y llena de tensiones y celos con sus hermanas. En mitad de una crisis de identidad Maxim, un perro gigante extraterrestre, inteligente y bondadoso que recuerda a Lockjaw de Los Inhumanos, será su guía.

Redondean este comic un plantel de divertidísimos villanos como el parlanchín Basil Cronus, una especie de Doctor Muerte pasado de rosca cuyo cráneo flota en una pecera sobre sus hombros, o como Nickelhead, cuyo aspecto cromado y su cínica y elegante presencia conjugan también al monarca de Latveria con 007. La presumiblemente difunta editorial Saturno publicó hace ya tiempo el volumen 1 de la colección, pero en Estados Unidos Image lleva ya editados cuatro tomos con tentadores y sugestivos títulos. Si no tienen bastante Kirby en sus estanterías y les apetece recuperar su estilo de dibujo y escritura con una personalidad propia y actual, esta serie es la suya.

miércoles 25 de noviembre de 2009

Microreseñas Vs Macroreseñas

Procuro que mis reseñas sean breves, exactas, concisas. A pesar de mi proverbial verbosidad, de mi irrefrenable tendencia al barroquismo, de no ser capaz de desdeñar un adjetivo, de edificar subordinada sobre subordinada, (y esta frase es un ejemplo paradigmático), intento que mis posts vayan de forma consciente al grano. No es mi propósito escribir largos artículos sobre un tema si no es porque el mismo asunto lo exige y se hace imprescindible. Y aún así intento desmontarlo en párrafos no muy extensos y autoconclusivos, salpicarlos de imágenes que alivien el peso del texto. No me gusta leer artículos largos en los blogs de otros. Acabo leyendo en diagonal, dirigiendome a la frase final en busca de una conclusión. En estos tiempos acelerados y enloquecidos ya no tenemos ni tiempo ni ganas de sumergirnos en lecturas extenuantes o en sinfonías de 70 minutos. Lo queremos todo y lo queremos ya. Es evidente que una reseña larga permite un análisis en profundidad, pero en muchas ocasiones ofrece más paja que chicha, da más vueltas sobre sí misma que disparos a la diana. Y uno cuando escribe algo, al fin y al cabo lo que quiere es que lo lean. No me gustan esas reseñas que dicen sin más "he leído esto y me ha gustado", pero prefiero que mis reseñas sean cortas y concretas. Y prefiero darles a ustedes la opción a que las lean antes de que les cansen o les aburran. Lean una frase. Y si les gusta, lean la siguiente. Y luego otra. Y otra. Cada palabra cuenta. Cada una está escrita con un propósito. Por cierto, ¿siguen ustedes ahí?

Conan the Cimmerian 16

Un nuevo episodio de relleno por parte de Dark Horse que completa algunas lagunas en la biografía del cimmerio. Un descanso también que permite al equipo artístico un tiempo para preparar la siguiente adaptación centrada en otro cuento de Robert E. Howard, Iron Shadows in the Moon. Conan the Cimmerian 16 se basa en un pequeño párrafo de esta historia y tiende un puente con el texto de Howard al explicar los acontecimientos que dan lugar al relato original.

En esta ocasión las tareas de dibujo están compartidas entre el guionista y el ilustrador oficial de la serie. Tomás Giorello sólo se encarga de las páginas marco, lo que le permite un respiro antes del próximo arco argumental. Timothy Truman, marcado por su chapucera Las Canciones de los Muertos, además de escribir dibuja el extenso flashback central con su habitual torpeza. Una historia bien ejecutada, pero un tanto artificiosa y prescindible después de la definitiva aventura vista en el número anterior, The Sorrow of Akivasha.

martes 24 de noviembre de 2009

Días de Vino y Rosas

Blake Edwards dirigió este drama en 1962, uno de los primeros films que narra, con permiso de Días sin Huella, el problema del alcoholismo en toda su crudeza. El poético título hace aparición con un engañoso comienzo en el que los créditos se sustentan en la placentera música compuesta por Henry Mancini. Pero fíjense en que las rosas que nos enseñan están llenas de espinas. Jack Lemmon es Joe, un relaciones públicas al que la presión del trabajo, el estress y los compromisos sociales llevan sin darse cuenta, pero inexorablemente, a la bebida. Su esposa, Kirsten, interpretada por una jovencísima y guapísima Lee Remick, en un principio abstemia, se ve arrastrada con él. A partir de aquí Edwards nos mostrará las consecuencias que la adicción tiene en sus vidas y su lucha por salir de ella.

Días de Vino y Rosas se sustenta en el duelo interpretativo de sus dos protagonistas. Jack Lemmon, el prototipo del hombre corriente, el tipo simpático y gracioso, encarna ahora un papel dramático que le muestra como el gigante interpretativo que es. Pero también pone de manifiesto cómo el problema del alcoholismo es el del hombre de la calle. Una tragedia que no está reservada exclusivamente para el lumpen. Por su parte Lee Remick ejecuta un papel impresionante en una actuación llena de matices y registros que también quiere significar cómo la adicción a la bebida puede afectar a quien menos se sospecha. Ambos actores saben pasar de las escenas más ligeras a mostrar los efectos del delirium tremens completamente fuera de sí.

El ambiente glamuroso de los cocteles que siempre ha mostrado en el cine de Hollywood en multitud de películas elegantes en las que todo el mundo bebe constantemente, se transforma aquí en sórdidos parajes de bares y moteles. El borracho ya no es el contrapunto divertido ni el cínico que hace agudas observaciones. Es un personaje ridículo, más tarde ruín y finalmente un patético desgraciado para el que todos los aspectos de la vida están vehiculados a través de la botella. Una botella omnipresente en todos los planos de este celuloide.

La película desemboca en una apología de Alcohólicos Anónimos, tal vez porque tantos miembros del Star System han acabado recurriendo a esta asociación, tal vez porque Blake Edwards necesita mostrar algo de esperanza. También es una denuncia del estilo de vida en las ciudades, en las que la frustración lleva a buscar una forma de evasión. Está socialmente aceptado que al salir del trabajo muchos vayan a tomar unas copas o beban en su casa hasta caer redondos sin que nadie se extrañe por ello. Será el personaje del padre de Kirsten quien ponga de manifiesto estas contradicciones frente a las tradicionales costumbres rurales. Pero serán las palabras de la propia Kirsten las que sentencien un final sin salida: "El mundo me parece tan sucio cuando no estoy bebida (...) quiero ver las cosas mejores de lo que son".

lunes 23 de noviembre de 2009

The Surrogates 1 & 2

Hay un hervidero de ideas realmente buenas en el mundo del comic independiente actual. Por eso Hollywood tiene la vista puesta en él y por eso se adaptan tantas novelas gráficas a la gran pantalla hoy en día. Los guionistas son las nuevas estrellas. Autores imaginativos y bien articulados que crean mundos alternativos pero muy posibles. Lástima que muchos dibujantes, aún siendo creativos y con ganas de experimentar, no estén a la altura de tan buenas historias. Los dos tomos que componen la saga de The Surrogates es otro de estos relatos maduros, escritos para un público adulto, y del que hay por ahí una peli protagonizada por Bruce Willis que me da mucho yuyu ver. El dibujo, a cargo de Brett Weldele, si bien encaja a la perfección con la ambientación de la trama, acaba haciendose aburrido y repetitivo. La técnica mixta que emplea se revela como acertadamente apropiada. Por novedosa en The Surrogates se hace sumamente interesante, pero llega a cansar en su casi prescindible precuela, Los Sustitutos, relato este último que se esfuerza por profundizar en los orígenes de la historia y atar algunos cabos sueltos.

El guión de Robert Venditti presenta una trama bien estructurada y lo suficientemente compleja. Se aleja de la acción y se interna en la intriga psicológica aproximándose al territorio de Blade Runner en numerosas ocasiones. Venditti emplea esa clase de añadidos al estilo Alan Moore que han creado escuela y que sitúan la obra en su contexto, la enriquecen y le otorgan profundidad y matices. Los Sutitutos, al fin y al cabo, no es más que un argumento clásico traspuesto a un futuro próximo. Una trama policial, un asesinato y una compleja maraña detectivesca y legal con pirueta final. The Surrogates, sin embargo, plantea algunas cuestiones mucho más interesantes como la insatisfacción con la imagen personal, la manera en que maltratamos nuestro envoltorio físico y, en un mundo dominado por chats, redes sociales y realidades virtuales, la foma en que nos creamos personalidades ficticias con las que nos sentimos mucho más cómodos y que nos permiten huir de nuestra triste realidad. Una lente de aumento sobre nuestro disgusto con una vida prosaica y la necesidad de vivir otras vidas a través de un ordenador.

En un futuro cercano, el electrodoméstico más usado es el Sustituto. Un cuerpo artificial indistinguible de un ser humano real. Te puedes comprar un Surrogate que vaya a trabajar por ti o salga de juerga por ti mientras tú te quedas conectado a él desde tu casa. Un Sustituto de uno mismo que hace sentir todos los estímulos y ninguna de sus consecuencias. El Surrogate puede beber, fumar, sufrir accidentes, pelearse... El dueño nunca sufrirá ningún daño. Ya nadie sale de casa, pero tampoco nadie se acepta a sí mismo. La vida sustituta se ha convertido en única y exclusiva. Es una vida artifiical, con un cuerpo que no es el propio, pero que gusta más. Que permite una satisfacción y felicidad irreales. Un mundo en el que para evadirse ya no son necesarias las drogas. The Surrogates plantea así una reflexión sobre los límites de la ciencia. Hasta qué punto es legítimo realizar todo lo que es posible y cómo las buenas ideas son aplicadas a fines equivocados. Un comic de ciencia ficción inteligente y sin rayos cósmicos.

domingo 22 de noviembre de 2009

La Orquesta Mondragón

No se lo creerán, pero hubo una época en la que la Orquesta Mondragón importaba. Una época en la que los músicos eran jóvenes rebeldes y provocadores que se inspiraban en The Rolling Stones, David Bowie, el Rock and Roll de los años 50's, el Punk y el cabaret. Artistas como Ramoncín, Alaska y Javier Gurruchaga. Gentes que cuando se convirtieron en ubicuos de los programas de televisión se alinearon con el poder. Que engordaron, cuya peluca ya no era para reirse en una parodia, sino para ocultar un complejo del que se avergonzaban. Famosillos que acabaron como siempre habían deseado en secreto. Absorbidos por el sistema como felices burgueses capitalistas. La Gauche Divine, la nueva Gente Guapa.

La Orquesta Mondragón nació en 1976 y se componía básicamente del showman Javier Gurruchaga rodeado de un plantel de eficientes mercenarios de estudio. No menos decisivas en esa primera época eran las gloriosas letras satíricas que le escribía Eduardo Haro Ibars, creador de himnos que han quedado en el imaginario popular con sus imágenes subversivas y gamberras que tan bien encajaban en el sonido primerizo de los Mondragón. Su primer disco, Muñeca Hinchable, producido por Julián Ruíz en 1979, presentaba a un grupo de guitarras ruidosas deudoras de Lou Reed y la Velvet Underground cruzado con el jazz de Nueva Orleans y el Rhythm & Blues, aderezado con un saludable toque de crooner de combo para bodas. La Orquesta Mondragón de los comienzos jugaba a parecer un puñado de pervertidos que hacían gala de sus ganas de escandalizar. Sus conciertos eran una verbena celebrada por el elenco de Feria de Monstruos. Toda ese espíritu provocador lo perdieron pronto a favor de un efímero éxito comercial.

Su segundo album, Bon Voyage, de 1980, presenta un perfil más evolucionado, con composiciones más cuidadas. Javier Gurruchaga canta mejor, todo está más centrado, más pulido, más brillante, mejor producido, mejor escrito, con mejor sonido. Su vertiente rockanrolera sucia que a veces recordaba a Tequila casi ha desaparecido, pero con el gran Jaime Stinus a la guitarra, es su obra maestra. Dos años después, en la cresta de la ola, aparece su tercer trabajo. Bésame Tonta fue la inavitable banda sonora de una pésima película a mayor gloria del cantante y marcó tanto su momento de mayor popularidad como el comienzo de un declive acelerado que acabó en unos discos penosos. Su música avanza a pasos agigantados hacia los sonidos más digeribles y flirtea más con el jazz y el swing. Gurruchaga se suaviza y comienza a repetir todos sus guiños. La parodia de música de película de los años 40 comienza a ser también una parodia de sí mismo, de todos esos tics que luego prevalecerían mortalmente aburridos.

Cumpleaños Feliz, de 1983 no funcionó. Guitarras AOR, producción moderna, momentos verdaderamente insoportables. La Orquesta Mondragón había perdido toda la personalidad, nada quedaba ya de aquel espíritu transgresor que parecía salido de los comics underground, de las portadas de Nazario y El Víbora, y del circo más esperpéntico. Sus letras pierden gracia y su música pretende fallidamente ser graciosa. Sólo son una malograda máquina con la mirada puesta en la comercialidad y no saben hacerlo. Se quedan a medio camino entre un deslavazado estilo anterior y una aún más anodina modernidad. Se ha perdido todo aquel ambiente de fiesta de feria. Suenan a Miguel Ríos. Son pasto del público que asiste a conciertos de Víctor Manuel y Ana Belén. Dejan de ser peligrosos para ser para un divertimento para todos los públicos. El épater le bourgeois aceptado. Los bufones del Felipismo.

Queda la peculiar visión del espectáculo de Javier Gurruchaga y una interpretación fiera que, maldita sea, dio lugar a todo un catálogo de cargantes manierismos que lo conviertieron en una sosa caricatura de la propia caricatura despatarrante que hacía en un principio. Su versátil voz se convirtió en un puro amaneramiento irritante que repetía los mismos trucos una y otra vez. Pero cuando el rock urbano comenzaba a balbucear en el suelo patrio, Gurruchaga estuvo en primera fila haciendo de rompehielos. Con el tiempo, como siempre, el underground se convirtió en mainstream. Es el precio de coquetear con los gobernantes y que te seduzca el brillo de sus salones, de ponerse a la cabeza de la manifestación en defensa del vencedor. Qué pena. Conserven un buen puñado de canciones de sus dos o tres primeros discos. De antes de que, como tantos otros, pasaran a ser acólitos de la clase dirigente y nos traicionaran a todos. Si no los conocen, recupérenlos. Les sorprenderán.

sábado 21 de noviembre de 2009

The Ultimates 1, Superhumanos

Muy bien. Pongamos que usted no ha leído nunca un comic de superhéroes. ¿Llegaría a saber de qué va esta historia? Más o menos. ¿La entendería? Probablemente no. The Ultimates es un nuevo intento por parte de Marvel de ofrecer comida recalentada. Otro esfuerzo más por poner al día su material clásico para venderselo a las nuevas generaciones. Pero en este caso queda más bien como un tochazo dirigido a gente que ya sabe de qué va la cosa, público con cierto background. The Ultimates se ofrece tanto a cuarentones que crecieron con Kirby y que tienen ganas de ver contada la misma historia con un aire realista y actual, como a frikis de los pijameros que se llevan cada semana sus buenas 200 grapas a casa.

Mark Millar y Bryan Hitch nos cuentan una historia de carácter cinematográfico en la que hasta los rostros de los personajes tienen los rasgos de actores de Hollywood de primera línea. Es fácil imaginar este comic llevado a la pantalla grande, si es que no se escribió ya con un ojo puesto en esa futura adaptación. La Casa de las Ideas y La Meca del Cine parecen retroalimentarse y modelarse basandose la una en la otra. La acción se sitúa en los tiempos actuales y es una explicación del origen de Los Vengadores como creación de los científicos militares (o viceversa) para que lleven a cabo funciones de protección y defensa en las que el ejército no basta. En una época en la que la editorial norteamericana recicla contínuamente los orígenes de sus personajes más emblemáticos para ofrecerlos remozados a las nuevas generaciones, y presenta futuros dispares con los que liquida a su plantilla y la vuelve a resucitar, Millar y Hitch han dado con una fórmula válida y atractiva.

La historia que guioniza Millar está extraordinariamente bien narrada, con un nudo que engancha, personajes complejos y subtramas enriquecedoras. El dibujo de Hitch no le queda a la zaga y resulta espectacular, dinámico, y lleno de matices. The Ultimates es, en suma, un comic de adolescentes contado a los adultos. No esperen la imaginación desbordada de la Marvel clásica, pero sí un relato realista, totalmente maduro y casi creíble. Planeta DeAgostini ya ha editado estas mismas páginas en diversos formatos hasta la saciedad, pero ésta última promete ser la versión definitiva. Ahora a por el segundo tomo antes de que la serie, como todas, se malogre con el tiempo y acabe por corromperse, tornarse previsible y aburrida, hasta morir de éxito.

Nick Garrie, el viejo desconocido

Nick Garrie ha grabado cinco discos en cuarenta años. Sólo el primero y el último llevan su nombre en la portada y parece, sin embargo, que apenas hayan pasado unos meses entre ellos. Mr. Garrie sigue viviendo en una fecha indefinida entre 1966 y 1968, y escribe hermosas canciones encuadradas dentro de aquello que se llamó Pop Barroco junto con gente como Left Banke y Honeybus. Su debut de 1969, The Nightmare of J.B. Stanislas, fue grabado con una orquesta de 56 miembros y siempre ha sido considerado una pieza de culto entre los coleccionistas. Su obra es la de un Nick Drake no tan depresivo y más psicodélico, o un Donovan menos lisérgico y egocéntrico. Si conocen el trabajo de Michael Brown, Pete Dello, Donovan Leitch o Nick Drake, y les apetece algo más en esa misma vena, les recomiendo que busquen ese hermoso primer disco o se agencien su no menos cautivadora ofrenda de este año, 49 Arlington Gardens, y dispónganse a sumergirse plácidamente en su ensueño.

The Gossip pasan la audición

Otro hype que da miedito y que parece fundamentarse exclusivamente en el aspecto excesivo de su cantante, Beth Ditto. Hemos de admitir, sin embargo, que la última entrega de The Gossip es muy buena. Music for Men enraiza en la música de baile alternativa y ofrece una muy digna mezcla de pop, rock y hasta blues. Su estilo tiene unas muy satisfactorias reminiscencias de docenas de bandas de la New Wave entre las que destacan New Order y Siouxie & The Banshees. Esas guitarras fracturadas son lo que me gustaría oir en el garito de turno si alguna vez se me ocurriese la descabellada idea de salir de fiesta una noche.

viernes 20 de noviembre de 2009

Brick

Brick es la película de debut del director norteamericano Rian Johnson. Hecha con cuatro cuartos fue estrenada y premiada en 2005 en el festival de Sundance. Pueden conseguirla en DVD ya mismo en cualquier comercio del ramo. Aparte de todo ese aroma a film independiente que destila, la mayor originalidad de Brick, y por ende su mayor interés, reside en que se trata de una película de detectives desarrollada en el ambiente de un instituto norteamericano actual. Johnson crea una película con auténtico sabor a clásico del cine negro, en la que se dan todos los convencionalismos del género, y que sin embargo sorprende absolutamente al espectador por la deslocalización a la que le somete.

Utiliza así al típico detective duro y descreído al que tarde o temprano partirán la cara y las inevitables mujeres fatales peligrosas. No desdeña tampoco un argumento tan enrevesado como el de L.A. Confidential, con un guión repleto de frases cínicas, y en el que hasta la banda sonora tiene ese color ahumado del jazz nocturno. Pero todo encarnado por adolescentes. No esperen, a pesar de ello, un remedo de Bugsy Malone. En Brick la historia es tan dura y descarnada como en cualquier buen clásico de Jimmy Cagney o Richard Widmark.

El protagonista, Brendan, es un misántropo (seguro que es un gran tipo) que detesta a todo el mundo y que comete el pecado mortal en un instituto americano, donde prima la popularidad, de comer a solas. Es la encarnación del perdedor del que huye la chica porque necesita integrarse en el grupo. Ese deseo de ser como los demás será lo que la lleve a la muerte. Comienza entonces la persecución de Brendan en busca del asesino. Se introduce en el círculo de camellos de instituto, que es un remedo de bajos fondos mafiosos, con un padrino que, en lugar de ser fanático de la ópera, lo es de Tolkien. También se enfrenta al subdirector del colegio, que hace las veces de policía con malas pulgas que acosa al detective privado.

Los homenajes al cine detectivesco y su estructura formal son contínuos. Desde los habituales planos de los zapatos del investigador siguiendo a sus sospechosos, hasta la manera en la que el protagonista camina con las manos en los bolsillos de su chaqueta, tal y como Humphrey Bogart los hundía en el fondo de su gabardina. Brick no es ni una obra maestra ni un visionado indispensable, pero sí es una originalísima película para los amantes del género negro en la que al final te importa menos lo que te cuenta y más cómo te lo cuenta.

La Saga de Conan 30

La impactante portada de Boris Vallejo, una de las mejores publicadas en The Savage Sword of Conan, es la puerta de entrada a uno de los números más interesantes de la colección. Por un lado tenemos el final de la adaptación de La Hora del Dragón, uno de los relatos favoritos de los fieles. Por otra, las muy estimables secuelas pergeñadas por Roy Thomas y que fueron originalmente publicadas en color en los anuales 4 y 5 de Conan the Barbarian. Según la serie se aproxima a su final, la máxima expectación reside en el siguiente movimiento de Planeta, pues está claro que el próximo volumen beberá directamente de las fuentes de Conan Rey. La respuesta, el próximo mes.

jueves 19 de noviembre de 2009

La Grimbergen o la metáfora del partisano

Me gusta beber. Me bebería hasta el aguarrás. Pero apenas bebo. Soy un tipo blando, un flojo. Los dulces, el alcohol, trasnochar, comer demasiado... cualquier exceso me pasa factura y me deja destrozado. Cuando era un crío podía hacer cualquier burrada y al día siguiente estaba nuevo. Hoy me paso un poquito y estoy una semana hecho un cadáver. Me he acostumbrado a mi rutina, a mi linealidad cotidiana. Si me salgo de mi camino estoy más perdido que Raymond Babbitt. Pero, ya saben, de vez en cuando me permito un brandy, un vino. O una cerveza.

Mi cerveza favorita es la Grimbergen, seguro que la habrán visto por ahí. Una cerveza belga de abadía con un bonito color tostado y un sabor redondo, mantecoso, un puntín dulce, que te llena la boca y perdura cálida y agradablemente en todo tu interior. Hay cinco variedades: Blond, Dubbel, Tripel, Optimo Bruno y Cuvée de l'Ermitage. No se les ocurra probarlas todas de una sentada para diferenciarlas. Para apreciar mejor su sabor, hay una para cada momento y cada situación.

El ceremonial del trasegador de, digamos, Mahou es simple. Consiste en agarrar una botella bien fría, mediarla de un trago directamente de la botella, vaciarla en el siguiente y seguir así ad nauseam. Literalmente. Lo único que cuenta es que esté bien fría y que tenga gas. A partir de la tercera uno es feliz y le importa todo un bledo. Mi ritual consiste en no tener prisa, asociar siempre una cerveza a una comida (antes, durante o después, eso depende de mí y de la cerveza) y escanciarla en su copa con forma de cáliz. Tomar un trago y llenarme la boca con ella, paladearla casi con adoración, con una lagrimilla de delectación, y hacer que el líquido pase por toda la cavidad bucal antes de dejarlo bajar por la garganta.

En fin, manías. Soy un tipo muy maniático. No se me entienda mal, sé que la inmensa mayoría del aficionado cervecero es devoto de la Mahou. Sólo estoy haciendo una parodia. He llegado a un momento en mi vida en que no critico lo que haga nadie si le hace sentir bien. Cuantas menos obligaciones nos impongamos, mejor. Cada quien es cada cual y baja las escaleras como quiere, que dijo Serrat. Si a usted la cerveza que más le gusta es la Mahou, entonces esa es la mejor cerveza del mundo. A mí me produce escalofríos, pongamos por caso, una buena canción de Richard Thompson. Me emociona, me hace sentir, me llena de chisporroteos la epidermis. Pero hay mucha gente a la que no. A otros es Shakira quien les produce esas sensaciones. Hablo de su música, no me sean cochones.

A lo que iba, estoy convencido de que no todo el mundo tiene que sentirse conmovido por lo que consideramos "de calidad". No creo que todo el mundo tenga que gustar de la lectura, ni que apreciar la música. No todos tienen porqué practicar un deporte. No creo que sea obligatorio que te guste la cultura, no creo que sea indispensable tener buen gusto. No entiendo la universalización de la intelectualidad. Igual que los gustos de la mayoría no están hechos para mí, comprendo que lo que a mí me gusta no le interese más que a un puñado de irreductibles. Cada uno es feliz con lo que escoge o con lo que tiene delante. O será que soy un elitista.

Sandokán de Hugo Pratt

La conjunción de dos titanes. Para varias generaciones de niños, Emilio Salgari supuso un sinónimo de aventura, fantasía, exotismo y sueños salvajes. Sus historias estaban repletas de personajes magnéticos y ambientes fabulosos que alimentaban horas de juegos infantiles. Antes de que Hugo Pratt creara su primer relato de Corto Maltés, La Balada del Mar Salado, comenzó a adaptar con la ayuda del guionista Mino Milani la que probablemente fuera la mejor novela del novelista italiano. Sandokán.

El libro de Salgari, en el más puro estilo del folletín de aventuras, cuenta cómo un famoso pirata es en realidad un príncipe derrocado de Borneo que odia a los británicos, de quienes ha jurado vengarse por arrebatarle su trono y asesinar a toda su familia. Sandokán, conocido como El Tigre de Malasia, se enamora apasionadamente de la sobrina de su mayor enemigo y la tragedia está servida.

La versión de Hugo Pratt es incompleta y está inacabada, pero sus dibujos recogen toda la fuerza y la violencia de la maestría narrativa de Salgari. Con ritmo vivísimo y excitante, su trazo enfebrecido y poseído, como el mismo personaje de Sandokán, se desliza sobre el papel lleno de dinamismo y orgullo. El estilo rícamente descriptivo y cinético, pura acción desbocada, es una réplica de las páginas imaginadas por Salgari, y la historia, absolutamente romántica, está llena de furiosos sentimientos y pasiones desbordadas.

Es una pena que Pratt abandonase el trabajo. A medio camino el dibujante italiano, tal vez influído por su trabajo en Sandokán, de donde parece tomar muchos rasgos, descubre su inmortal invención, Corto Maltés, y pierde el interés. La edición de Norma es bonita y muy cuidada, con excelente papel y reproducción, tapa dura y estuche protector, e interesantes artículos introductorios. Así que no esperen nada de Kabir Bedi y sí mucho de las novelas del maestro italiano. El Sandokán de Hugo Pratt es un documento histórico para coleccionistas adultos que soñaron leyendo de niños.

miércoles 18 de noviembre de 2009

Las Serpientes Ciegas

Llego tarde a este excelente comic. Debo confesar que lo he leido a raíz de su reciente Premio Nacional y movido por las muy positivas reseñas que he podido leer en la blogosfera. Felipe Hernández Cava y Bartolomé Seguí nos cuentan una historia con sabor a clásico del cine negro y con evidentes referencias a El Corazón del Ángel, aquella película de Alan Parker basada en una novela aparentemente detectivesca y protagonizada por Mickey Rourke y Robert De Niro.

Todo el relato está salpicado de pequeños guiños que van dando claves de a dónde irá a desembocar. Un juego con el que el lector avisado puede divertirse. A este respecto presten atención al monólogo interior del supuesto investigador y a su aspecto. Cava y Seguí desentrañan la historia de Ben, quien arriba a Nueva York procedente de Detroit con una cuenta pendiente con la policía. El protagonista mantiene también una innombrada deuda con un misterioso personaje que años después llega a la ciudad en su busca.

Los autores construyen un sólido argumento desgranado de forma fragmentaria. Una intriga que vamos conociendo a base de flashbacks y líneas paralelas que al final confluyen. Dibujado con trazo expresivo, y diestro y significativo uso del color, Ben se introducirá en los incipientes círculos comunistas norteamericanos y acabará sin desearlo como voluntario en la Guerra Civil Española. Un transfondo inquietante para un comic en la que todo el mundo oculta algo y todo lo que cuentan parecen mentiras. Una trama endiablada para un comic verdaderamente diabólico.

martes 17 de noviembre de 2009

El Curioso Incidente del Perro a Medianoche

Es difícil encuadrar esta novela en la categoría de clásico o en la de novedades. No es una publicación lo suficientemente reciente como para ser considerada una novedad, pero tampoco lleva tanto tiempo en el mercado como para situarla entre los clásicos. En todo caso este libro está llamado a ser un clásico moderno que bebe de las mismas fuentes que El Guardián entre el Centeno y que, a pesar de las apariencias, camina en un sentido y una estructura paralelos a la gran obra de J.D. Salinger. Su autor, Mark Haddon, es un talentoso escritor que ha pasado de escribir libros para niños a recrear su mundo para los adultos. El protagonista de El Curioso Incidente del Perro a Medianoche es Christopher, un muchacho de 15 años que vive en una pequeña localidad inglesa y que padece síndrome de Asperger, una especie de autismo. Christopher vive con su padre separado, es extremadamente inteligente y asiste a una escuela especial para niños con minusvalías mentales.

El problema con Christopher es que es un ser absolutamente racional, que necesita una vida totalmente ordenada y sin cambios, que no soporta el contacto físico ni aparenta ninguna emoción, y que vive su vida encerrado en su propio mundo de manías absurdas y obsesiones. Con este improbable y fascinante protagonista Haddon construye una novela detectivesca que no es sino una excusa para mostrar el mundo de los autistas y penetrar en su mente en un acertado y profundo retrato psicológico. El asesinato que investiga Christopher es casi absurdo. En la primera página del libro el perro de la vecina aparece ensartado en una horca de jardinero. El muchacho, desde sus limitaciones para relacionarse con la gente y su entorno, se propone investigar quién ha matado al perro y porqué. A partir de esa pequeña anécdota Haddon nos muestra cómo el reducido mundo de su protagonista se convulsiona. No sólo nos enseña cómo piensa y reacciona un autista, también vemos cómo actuamos el resto de las personas a su alrededor y cómo es el papel de unos padres cuyo matrimonio se desmorona. Gente corriente de barrios trabajadores que apenas comprenden qué les está pasando, que se esfuerzan por dar a su hijo lo que necesita y seguir con sus vidas y sus problemas cotidianos.

Casi inadvertidamente, la mayor tragedia recae sobre Christopher, quien por esa racionalidad extrema y la observación implacable de sus reglas autoimpuestas comete el error de acercarse más a quien no se interesa por él y temer a quien le ama. El pequeño Christopher no es tan extraño, a pesar de su diferencia, a pesar de su gran coeficiente intelectual, a pesar de ser capaz de abstraerse de las emociones, comete los mismos errores que el común de los mortales y acaba al lado de quien no debe y rechazando a quien le ama. Hay toda una lección en eso, amigos. El Curioso Incidente del Perro a Medianoche es una atractiva y originalísima novela que sorprende al lector contínuamente con la forma en que su protagonista lo racionaliza todo y cómo explica el mundo con una lógica demoledora desde su perspectiva. Un personaje tan maravilloso y carismático como Holden Caulfield. No se lo pierdan.