sábado 31 de octubre de 2009

Llega The Hunter, de Darwyn Cooke

Astiberri publicará en 2010 The Hunter, la última obra de Darwyn Cooke. Se trata de una adaptación al comic del clásico de la Novela Negra original de Donald Westlake que ha sido llevado dos veces al cine, la primera como A Quemarropa y protagonizada por Lee Marvin, y la segunda como Payback con Mel Gibson al frente. The Hunter es una historia de traición y venganza que ha sido recientemente publicada en Estados Unidos por IDW Publishing y que parece que por fin llega a nuestro país de la mano de la editorial bilbaina. Ahora a ver si alguien se atreve con el Asterios Polyp de David Mazzucchelli.

Chris Barron: Pancho & the Kid

Chris Barron fue la cabeza visible de Spin Doctors, aquel grupo que arrasó en medio mundo con su éxito Two Princes. Ahora, y tras superar unos problemas de salud que lo han mantenido alejado del mundillo musical hasta la fecha, regresa con este Pancho & the Kid de indudable sabor Beatle. La música de Barron hace especial hincapié en los sonidos que George Harrison y Bob Dylan acuñaron en los años 70, pero no descuida el recuerdo a su anterior banda ni a la tradición del power pop norteamericano. Melodías exquisitas meticulosamente arregladas en una impecable lección de cómo componer canciones perfectas.

Jet: Shaka Rock

Tercera entrega de estos australianos que mezclan AC/DC con Oasis. Obra muy divertida y bien hecha, esta banda incluye en cada cd un par de canciones que en un futuro construirán un satisfactorio Best Of, pero que no añadirá nada nuevo ni a su colección particular como oyente ni a la historia de la música. Si usted es nuevo en esto de la afición a la música Rock y no conoce mucho de los grupos antes citados, este le parecerá un gran disco. Si le gustan tanto los hermanos Gallagher como los Young, disfrutará absolutamente con Shaka Rock. Pero si ya tiene toda la discografía del combo mancuniano y de los veteranos de Australia, volverá a escuchar Highway to Hell y (What's the Story) Morning Glory? antes que esta rodaja de Jet. Se lo aseguro.

viernes 30 de octubre de 2009

George Sprott

El rostro inerme de George Sprott, como una máscara mortuoria, nos observa desde la portada la edición española de la última obra de Seth. La casa Random House Mondadori ha optado, inexplicablemente (o tal vez, por desgracia, no tanto) por no respetar el magnífico diseño original del libro. El tamaño ha sido reducido, su tapa dura obviada, y el espectacular relieve que replicaba un panteón funerario en la edición americana se ha cambiado por la faz inerte del protagonista. La obra pierde con ello y el aficionado, también. Una pena.

Seth no duda en dejar claras sus intenciones bien desde el inicio del libro. Ya en la misma portada nos anuncia que tenemos entre manos "A Picture Novella", descuidadamente traducido en la copia española como "Una Novella Gráfica". Seth parece pretender incidir con este subtítulo en la naturaleza experimental del molde en que nos va a contar la historia. El autor canadiense sigue obsesionado con jugar con el continente de sus relatos, y aquí la forma que toma la narración resulta decisiva para comprender qué nos quiere decir.

George Sprott transpone el formato del documental al lenguaje del comic. Un documental ilustrado que se compone de retazos de álbumes de familia, retratos promocionales y de empresa, y entrevistas a aquellos que conocieron a Sprott en vida. Como en La vida es buena si no te rindes, Seth escoge la búsqueda de un personaje ficticio, en una suerte de Comic Verité, para hablar de sí mismo, para ofrecernos otro capítulo de su autobiografía por transposición. Exactamente igual que la galería de personajes entrevistados para hablar de George Sprott acaban hablando más sobre sí mismos que sobre quien se les pregunta, Seth, como una constante en su obra, también nos cuenta más de su propia psique que de la del personaje sobre el que escribe.

En La vida es buena si no te rindes, el canadiense imita el estilo de dibujo del objeto de su búsqueda, el inexistente dibujante Kalo para hablar de sí mismo a través de esa investigación. En George Sprott el narrador imita el estilo discursivo del personaje, un presentador de televisión que comenta sus documentales sobre el Ártico canadiense. Si en aquella obra el propio Seth era un personaje más, en esta va más lejos y se disfraza planteando un claro paralelismo entre el Sprott personaje y el narrador autor. A través de la boca de este aparentemente narrador omnisciente, pero poco fiable, reproduce los olvidos y divagaciones de su protagonista con el ritmo pausado que este imprime a las narraciones de sus viajes.

Tras la estructura de un documental, el hilo argumental es la última noche en la vida de George Sprott. En ella se van intercalando episodios de su vida en una serie de flashbacks que saltan en el tiempo formando las piezas de un puzzle que se complementan hasta formar un mosaico de la vida. Seth mueve la cámara con pulso comedido, mostrandonos pequeños retazos de nuestra existencia. Cómo el tiempo y la vida pasan sin apenas darnos cuenta, cómo dejamos nuestra vida correr inadvertidamente. Somos meros espectadores de lo que nos está pasando hasta que morimos y finalmente desaparecemos. La narración fragmentaria, de episodios tanto fundamentales como intrascendentes, lleva a una reflexión sobre la propia existencia, sobre la trascendencia y el olvido de los que el protagonista es una metáfora.

Como es habitual en él, Seth derrama una tierna mirada sobre las pequeñas mezquindades humanas teñida de melancolía y nostalgia por lo que fue y ya no está. Por los lugares, los edificios, las personas. A lo largo de su libro vemos pasar un desfile de personajes olvidados como reliquias del pasado. Gente con rostros anticuados que se convertirán en polvo congelados en un instante remoto. Retales grises que huelen a alcanfor y que miramos del mismo modo que las generaciones futuras mirarán indiferentes nuestros semblantes. Nada permanece, todo es pasajero como si nunca hubiera existido.

Cada página en sí es un espectáculo y el estilo de Seth se ajusta perfectamente al tono de cada escena. El libro, cuadrado como un album de estampas, bien podría ser no sólo la colección de recortes del propio Sprott, sino las últimas imágenes que, según dicen, pasan a toda velocidad por la mente de una persona en el instante de su muerte, justo antes de expirar. Ejemplo paradigmático de ello lo encontramos en las dobles páginas desplegables, aparentemente inconexas, como los pensamientos del protagonista en su agonía. Así, George Sprott se abre estableciendo su objetivo con un bebé en el seno materno que se transmuta en el anciano Sprott, y teje un hilo que enlaza el nacimiento con la muerte. Al final volvemos al lugar de donde partimos. Y concluye, cerrando el círculo, como en una añeja emisión televisiva. Acaba la programación. Despedida y cierre. El alma se serena. Buenas noches y que Dios les bendiga.

El bloqueo del escritor

Escribir es como parir. Es un acto perentorio, inevitable, necesario, gratificante. Pero también es doloroso. Al escritor le brotan las frases a borbotones, como en una vomitona por indigestión. Como sarmientos diríamos si quisieramos ponernos poéticos. Las ideas se agolpan confusas queriendo tomar forma, pugnando por salir apelotonadas en la puerta de emergencia. El pulso se le acelera y el escritor nota un nudo en el pecho. Está ahí, está casi ahí. Cada uno tiene su momento, el instante en que la musa decide visitarle, que suele ser el más inoportuno. Pero luego está el pánico ante la página en blanco. Ese primer puerto, la primera palabra que dará pie a tirar de la madeja. El hilillo de agua que le lleva al caudal que desemboca en el mar. Y ese es el punto crítico que le puede tener paralizado durante semanas, con la confusión atenazándole y con el miedo impidiendole hacer nada coherente. Y el escritor símplemente vegetará agarrotado, evitando el acto de enfrentarse de nuevo a esa hoja en blanco. Hasta que un día el tapón se libera, la criatura ha crecido demasiado dentro de él y tiene que romper aguas. Y escribe y escribe y escribe y escribe sin parar porque lo lleva todo dentro. El bloqueo del escritor suele conducir a un parto múltiple.

jueves 29 de octubre de 2009

The Shadow Kingdom

Uno de los mejores proyectos de la editorial norteamericana Dark Horse basado en los personajes creados por el escritor texano Robert E. Howard, autor de (adivinenlo) Conan el Bárbaro. El rey Kull es un claro antecedente del personaje más famoso de Howard y, de hecho, el primer cuento de Conan escrito por el novelista es una reescritura de un relato previo de Kull. Los que no profundicen más allá verán en el monarca de Valusia otro remedo del héroe howardiano: un ser elemental y vital que desdeña toda sofisticación y se bebe la vida a largos tragos. Pero Kull es una interesante rareza dentro del canon que se mantiene a medio camino entre Conan y otra figura básica en la bibliografía de Howard: el puritano Solomon Kane.

Pues este Kull es un hombre que ya en su juventud ha conseguido todo por lo que ha luchado sin saber si realmente lo desea, la corona del reino más poderoso de su tiempo, y que se siente abrumado por el peso de la responsabilidad. Un personaje más próximo a perderse en elevadas meditaciones sobre la condición humana, y en reflexiones metafísicas sobre las clásicas cuestiones de quienes somos, de dónde venimos y a dónde vamos. Kull no desdeña la acción ni soslaya el enfrentamiento entre civilización y barbarie, entre el buen salvaje y el ladino cosmopolita, pero es también un personaje que se cuestiona más allá de lo que ven sus ojos y en cuyo pecho anida un anhelo de trascendencia.

El Reino de las Sombras, la adaptación que ha llevado a cabo Dark Horse del relato de Howard, corre a cargo del guionista Arvid Nelson y del dibujante Will Conrad junto con el colorista José Villarrubia. Y hemos de decir que han hecho un trabajo insuperable que no ha visto una calidad similar desde los extraordinarios episodios dibujados para Marvel por los hermanos John y Marie Severin. El dibujo de Conrad retoma la tradición de los Severin para su Kull y la pone al día recordandonos también episodios clásicos como los que dibujaron Mike Ploog y Jess Jodloman como complemento a The Savage Sword of Conan. Por su parte, el guión de Nelson apasionantemente adapta la historia y la extiende con inteligencia apuntando en nuevas direcciones dirigidas por la sensibilidad y el amor por el personaje.

Se han criticado algunas decisiones de los autores, como el hecho de que muestren a un Kull casado o el aspecto nubio que han dado al personaje de Brule y a los pictos en general. Paparruchas. Cada rasgo está medido, pensado y justificado. La ambientación es exacta, gloriosa y deslumbrante. La caracterización de cada personaje cuidada al detalle y conseguida en todo su esplendor. El mundo precataclísmico de la Era Thuria mezcla el Barroco y el Renacimiento con espectacularidad consiguiendo un escenario mucho más sofisticado que el mundo Hyborio de Conan a la vez que esconde horrores ancestrales propios de una era soñada en los albores de la humanidad. Una gloriosa delicia que, por lo pronto, no tiene visos de aparecer en nuestro país. Pero si tienen ganas de profundizar en el personaje presten atención a las próximas novedades de la editorial La Biblioteca del Laberinto. En breve lanzarán un tomo recopilando todos los relatos que Robert E. Howard escribió sobre Kull de Atlantis, su héroe más enigmático.

La Saga de Conan 29

Planeta DeAgostini encara la recta final de la serie que, en orden cronológico, recoge las mejores andanzas de bárbaro cimmerio. Este volumen 29 se trata de un número muy especial pues comprende la primera parte de la adaptación de La Hora del Dragón, novela original de Robert E. Howard, el creador de Conan. Estos episodios fueron originalmente publicados en la colección Giant Size Conan y fueron dibujados por un autor atípico dentro del personaje. Estamos hablando de Gil Kane, un artísta espléndido que, si bien, siempre necesitó dentro del método Marvel de un entintador que diese lustre a sus lápices. Esta nueva edición mejora con mucho la reproducción anteriormente vista en España en Super Conan, pero sigue sin ser la versión original en color que publicara la Casa de las Ideas en su momento. Esperamos que el relato completo, tanto las páginas en color como las en blanco y negro, vea algún día la luz en nuestro país recopilado en un tomo formato Absolute como ya hiciera Planeta con la magnífica Clavos Rojos.

Fanfarlo: Reservoir

Dice David Bowie que Fanfarlo son la última pera limonera. Y no le falta razón, el Duque Blanco siempre ha sido un tipo con buen gusto y fino olfato hasta para perder el rumbo. Fanfarlo muestran un catálogo de canciones emocionantes y melódicas próximas a los inevitables Arcade Fire, pero también a Echo & The Bunnymen y, por momentos, hasta a Clap Your Hands and Say Yeah. A la nueva generación de músicos como Sufjan Stevens y Beirut le ha dado por hacer gloriosas exploraciones en el folklore, en los sonidos alternativos en los que las trompetas y las campanillas se mezclan con las madolinas y las guitarras para dar lugar a paisajes sensibles, pasionales y frescos. A ellos se unen ahora los londinenses Fanfarlo con su propuesta de indie bonito y orquestado para gente que está harta de tararear siempre el mismo tipo de música. Reservoir, otro candidato a los favoritos del año.

miércoles 28 de octubre de 2009

Los Muertos Vivientes

No desvelo nada nuevo si digo que The Walking Dead es una de las mejores series que se están publicando en en panorama del comic actual. Tampoco levantaré rugidos de sorpresa si afirmo que el gran mérito de la colección reside en el buen hacer de su guionista, Robert Kirkman. Publicado en Estados Unidos por Image, y en España por Planeta DeAgostini, Los Muertos Vivientes no es un comic de terror. Es un comic de horror. El horror al que asiste el lector y que le invade arrastrado por su profundidad psicológica y su análisis de la parte más negra del alma del ser humano. Porque, al igual que Watchmen, lo diré una vez más, no es un comic de superhéroes, sino con superhéroes, la obra de Kirkman no es un comic de zombies, sino con zombies. La presencia de muertos vivientes es la percha de la que se cuelga su autor para mostrar la verdadera tragedia, la degradación moral en la que puede caer una persona llevada a una situación límite. La miseria de la que podemos hacer gala a poco que se nos dé la oportunidad.

El hilo conductor de la serie es Rick Grimes, un policía de una pequeña localidad provinciana que despierta en un hospital después de ser herido en un tiroteo. Tras su convalecencia, Rick se encuentra con un mundo devastado e infestado por zombies hambrientos de carne humana. No sabe qué ha pasado, cómo se ha llegado a esta situación. Su único objetivo es localizar a su familia. A partir de aquí se desencadenan una serie de acontecimientos totalmente imprevisibles y que no se rigen por los parámetros a los que el lector habitual se encuentra acostumbrado. Robert Kirkman, a pesar de lo fantástico del tema, se ciñe a unos presupuestos absolutamente realistas e imagina cómo el mundo y la vida cambiarían radicalmente en una situación semejante. Nada ni nadie está seguro en su historia. Los personajes son mutilados y torturados, sufren pérdidas, se degradan, se corrompen y mueren. Y la mayor parte de las veces a manos de sus congéneres, no de la amenaza de los zombies. Pronto el lector se da cuenta de que no puede tener ninguna presunción porque Kirkman lo va a sorprender una y otra vez.

Aunque no faltan las escenas de acción, no es este un comic de persecuciones y peleas. Aunque los destripamientos son mostrados sin recato, no es tampoco un comic gore. La sangre y las vísceras se muestran en tanto en cuanto resultado lógico e inevitable de la montaña rusa en la que los personajes se ven envueltos. Lo que interesa en el relato es la evolución de los caracteres en su día a día, sus cambios físicos y la transformación gradual y muy medida de su personalidad. Sin embargo, The Walking Dead consigue mantenerte en suspense contínuamente, obligándote a aguantar la respiración, acelerando la lectura, en perpétua fascinación y tensión, dejando no ya cada número, sino cada página en un perpetuo cliffhanger. Aquí nada es blanco ni negro, este es un comic plagado de matices de gris, como lo es su dibujo, en un principio a cargo de Tony Moore y más tarde reemplazado por un Charlie Adlard cada vez más sombrío. Artistas ambos que ejercen una labor muy competente, pero que si no estuvieran sustentados por una historia tan espectacularmente urdida, no brillarían de forma tan ajustada.

Universalmente aclamada desde su inicio, últimamente se alzan algunas voces que reclaman mayores niveles de acción y se quejan de que la historia sea demasiado reflexiva. Probablemente estos descontentos no han entendido el propósito de Kirkman. El guionista estadounidense no pretende escribir un comic de superhéroes que lancen rayos esparciendo intestinos a las cuatro esquinas de la viñeta. Está revelando nuestra propia naturaleza bestial y, muy al contrario de lo que apuntan las críticas, en los últimos números está yendo cada vez más lejos mostrando unas cotas de espanto difícilmente superables y que están dejando el listón muy alto. Tristemente, parece que tardaremos bastante en ver estos episodios por nuestros lares. Mientras que en Estados Unidos ya se han publicado 66 números de la colección mensual, y el volumen que recoge los últimos 6, el tomo 11, está pronto a aparecer, en España, Planeta está estancada en el libro 8 y no ha avanzado más allá del episodio 48. Dejen que los fans de la pirotecnia y la caña más trillada se alivien con el último macro-timo-crossover de Marvel y, mientras aguantamos la espera, no se pierdan este comic imprescindible que nos señala con el dedo para recordarnos la máxima de Hobbes: El hombre es un lobo para el hombre. O un muerto viviente.

Facebook

Estoy en Facebook. No sé muy bien porqué. Nunca me gustaron ese tipo de cosas, no soy en absoluto asociacionista. Pero ahí estoy. Un tipo huraño y asocial como yo, un perro que vagabundea a su aire por la orilla de la playa. Y ahí estoy. Con mi foto, con mis datos meticulosamente anotados, expuesto, exhibiendome. A los cinco minutos estoy atrapado hasta las cejas. Facebook es un instrumento del diablo absolutamente adictivo. Uno empieza escribiendo el nombre de amigos y familiares, curioseando en sus vidas, preguntándose qué demonios pretenden decir con esas fotos que cuelgan, maravillandose de que alguien pueda tener 3.451 supuestos amigos y esperando que le caiga al menos un amigo cibernético del cielo, casi suplicandolo. De pronto está recordando nombres de su infancia, compañeros de colegio, antiguas novias y amores soñados, intentando reconocer caras que hace 25 años que no ve, refunfuñando porque haya perfiles sin foto. Ya está disparado. Salta a amigos de amigos de amigos. Mirando la cara de gente que no conoce, escribiendo nombres al azar, tecleando palabras absurdas. Mierdecilla. Está. Pene. Está. Chochito. Está. Y las horas te pasan absorto y fascinado metiendo la nariz en los anhelos y miserias de gente que no conoces, que jamás conocerás. Convertido en un voyeur. Sin eufemismos, en un cotilla que espia a su vecino a través de los visillos. Imaginando vidas y situaciones. Esta se ha hecho una foto en bikini. Este prefiere poner una caricatura. Otro que cree que es irresistible. Y entonces comprendes el éxito de programas como Gran Hermano. Facebook es el instrumento del diablo.

sábado 17 de octubre de 2009

The Crying Light

Emborrachado de su propia voz, Antony Hegarty entrega un disco excesivo que no está a la altura de anterior y rompedor trabajo I Am a Bird Now. Pero ¿cómo podría estarlo? El segundo trabajo de Antony & The Johnsons fue una obra grandiosa, magnificente y genial. En The Crying Light siguen presentes la atmósfera, el sentimiento y la emoción, pero no las canciones. No es un mal disco en absoluto, pero es imposible destacar ningún elemento concreto dentro de su linealidad, a la que no ayuda una producción demasiado desnuda.

Elvis Perkins In Dearland

El hijo de Anthony Perkins entrega su segundo larga duración. Un disco variado y entretenido que empieza con una canción demoledora, pero que ha perdido el factor sorpresa de su primer trabajo, Ash Wednesday. Este In Dearland es un trabajo más efervescente. Perkins ha limpiado el polvo y se ha sacudido las telarañas, pero sólo en ocasiones consigue meternos burbujas en el corazón. Nuestro hombre un día escribirá una obra maestra, por ahora lleva camino de hacer un decente grandes éxitos.

miércoles 14 de octubre de 2009

Monsters of Folk

Tras este nombre autoparódico acecha la intelligentsia del nuevo Folk y el Alt-Country Americanos. M. Ward, Jim James de My Morning Jacket, y Conor Oberst y Mike Mogis de Bright Eyes, se han reunido para tocar hombro con hombro en un sabroso disco en el que se dejan de lado los egos. Supergrupo à la Crosby, Stills, Nash & Young, a los que a veces recuerdan, Monsters of Folk tocan todos los palos. Abren fuego con un pastiche soul, concitan baladas tradicionales y saltean pop-rock crujiente, para dar pie a una deliciosa rodaja trufada de genuino sabor americano. Un album dulce y vitamínico que mantiene la compostura sin agriarse hasta el final.

Dickie Peterson (1948 - 2009)

Dickie Peterson, bajista y cantante de Blue Cheer, ha fallecido de cáncer de hígado a la edad de 61 años. Con su banda, Peterson sentó las bases del Heavy Metal, lució las melenas más bonitas de San Francisco y llevó todos los potenciometros al rojo entre pilas de amplificadores. Comenzaron como un grupo de blues psicodélico a un volumen brutal y alcanzaron la fama con su primer single, una bastardización del Summertime Blues de Eddie Cochran. Los contínuos cambios de formación y estilo minaron a la banda, que siguió disolviendose y reuniéndose entre discos en solitario hasta nuestros días. Recuerdenlos por su debut, Vincebus Eruptum, y su clásico Outsideinside, ambos de 1968.

martes 13 de octubre de 2009

Distrito 9

Dicen los más exaltados que esta es una de las mejores películas de ciencia ficción de todos los tiempos. Sin duda, este film de Neill Blomkamp refleja una mirada original y diferente al género, y presenta un punto de partida harto interesante. Sin embargo desemboca, como pasa con Abierto hasta el Amanecer, la película de Robert Rodríguez, en algo muy distinto. Sin llegar a los extremos de aquella, esta es una película en dos partes, con una ambientación ciertamente conseguida y una interpretación soberbia por parte de su protagonista, Sharlto Copley, coronada por una acertadísima banda sonora.

Por un lado tenemos el planteamiento inicial: La llegada al cielo de Johannesburgo de una nave extraterretre con unos tripulantes de aspecto insectoide totalmente desvalidos que pronto son recluidos en ghettos. No olvidemos que la localización de este rodaje en Sudáfrica no es en absoluto aleatoria. Filmado como un falso documental cámara al hombro y con guiños a La Mosca, la película de David Cronenberg que protagonizase Jeff Goldblum, se parte de esta premisa para escribir una alegoría sobre el racismo y el apartheid en la que hasta los mismos negros reproducen los roles que antaño caracterizaran a sus opresores blancos, llegando a denominar a los extraterrestres con términos despectivos similares.
Por otro lado, y una vez establecida la trama principal, la película se convierte en un film de acción en la que el único interés parece ser ver cómo los buenos consiguen sus objetivos y derrotan a los malos entre explosiones de vísceras que salpican a la cámara. En esta segunda parte se da la paradoja de que los humanos, sutil y paulatinamente, se van haciendo cada vez más repugnantes al espectador en tanto que los aliens se ganan las simpatías del público mostrando en sus facciones y reacciones mayor gama de emociones propias de lo que se considera el ser "humano".

Porque, en definitiva, la filosofía que alimenta este Distrito 9 refleja una amarga mirada a la condición humana. Una galería de personajes que, sin excepción, se mueven por intereses económicos y que no dudan en destruir la reputación del protagonista como traidor a su raza. El director sabiamente contrapone los sentimientos pretendidamente humanos (el amor que siente, paradójicamente, un extraterrestre por su hijo) con los que al final resultan ser los propios de la humanidad: la ambición y el egoismo. Y por eso no duda en explicitar sus intenciones en boca de uno de los personajes: "Lo que le ocurra no es importante, lo importante es lo que podamos extraer de él".

Truelove's Gutter

A Richard Hawley le llaman el Sinatra de Sheffield, aunque también se le podría equiparar a Roy Orbison, Scott Walker e, incluso, Neil Diamond. Él dice, cómo no, que este es el mejor disco de su carrera, pero no es sino otro trabajo terriblemente romántico conducido por unas orquestaciones cinematográficas dignas de John 007 Barry. Yo digo que esta es una obra sin sobresaltos, enmarcarda dentro de una carrera sin altibajos, en la que se dan cita los arpegios de Robbie Krieger y la melancolía de Chris Isaak con suaves toques western.

domingo 11 de octubre de 2009

Novedades musicales: Breves

Regina Spektor: Far. La Spektor parece cada vez más enamorada de sí misma y se dedica a divagar con su piano mientras describe meandros con la voz en un disco monótono que no añade nada nuevo al definitivo Begin to Hope de hace 3 años.

Ray Davies: The Kinks Choral Collection. El capricho de un genio en horas bajas que parece que ya no sabe hacer otra cosa más que reciclar su catálogo clásico. Una relectura muy diferente para sus fans, pero a años luz del excelente Workingman's Café de 2007.

Nouvelle Vague: 3. Mayor presupuesto para gastar en producción y colaboraciones de lujo en la última entrega de este colectivo francés, pero el chiste ha dejado de tener gracia y sus versiones en clave lounge han perdido toda originalidad y frescura.

The Mummers: Tale To Tell. Como si Bjork se pusiese al frente de su propia orquesta dispuesta a hacer una música más orgánica y menos electrónica, pero igualmente onírica y llena de nutritivas melodías. Alicia en el País de las Maravillas. Muy recomendable.

V de Vendetta, la película

Seguimos con las adaptaciones al celuloide de comics de Alan Moore. Una vez más, V de Vendetta está basada en un guión del geniecillo británico, pero se desarrolla por derroteros muy diferentes, con una lectura más sencilla e ingenua destinada al consumo masivo. De nuevo, lo que nos interesa es si este film se sostiene como obra cinematográfica en sí, obviando su origen. Y hemos de concluir que, al contrario que con Watchmen, y dejando de lado su calidad artística, la respuesta es sí. Aquí el personaje de V es menos inquietante y más transparente. Del mismo modo, la historia que nos cuenta la película, con un ojo puesto en el gran público, resulta en una puesta en escena más espectacular que el comic, con los hermanos Wachowski, guionistas de la misma, optando por descubrir menos capas de lectura y dirigir la interpretación de su mensaje. Solución narrativa esta que tiene su reflejo en la evitación de toda ambigüedad y en una fotografía luminosa muy apartada de la ambientación tenebrista que dieran al comic los sombríos dibujos de David Lloyd. Con todo, los matices que esta adaptación pierde por un lado, los gana por otro. El film acentúa los paralelismos con El Conde de Montecristo, el clásico de Alejandro Dumas. Un relato, como este, guiado por un encierro, un retorno y una venganza. Y llega a su desenlace con una cita explícita a la adaptación cinematográfica de la obra de Dumas: "un final feliz como sólo es posible en el cine". Esto es, una conclusión al estilo Hollywood tamizado por unos Wachowski pasados de vueltas. ¿Habrá leído alguien el comic tras haber visto la película? La respuesta es probablemente no, pero esta parábola sobre la libertad y la manipulación sí nos alcanza con su mensaje definitivo: Vive sin miedo. Con eso me identifico.

sábado 10 de octubre de 2009

Déjame Entrar

Si ustedes no vieron en su momento esta película sueca basada en la novela homónima de John Ajvide Lindqvist, ahora tienen la oportunidad con su reciente edición en DVD. En un tiempo en que los vampiros han dejado de ser oscuros seres escalofriantes para convertirse en objeto de deseo de adolescentes con ínfulas de Victoria Francés, este film nos llega como un resfrescante soplo de aire limpio sobre el género vampírico. A través de los ojos de un niño, Tomas Alfredson dirige esta historia intimista con tempo pausado que tiene más que ver la crítica social que con el cine de terror. Al igual que las novelas de Stieg Larsson denuncian los males de la sociedad occidental actual bajo la capa de la novela negra, Déjame Entrar incide en temas como el acoso escolar, el alcoholismo, la soledad, la marginación y la inadaptación con formato de película de vampiros. Ambientada en los años ochenta, el film da lugar a un relato mil veces contado que podría estar lleno de tópicos manidos, pero que es conducido por caminos más naturalistas que los habituales en el cine de Hollywood. Se así aleja del modelo atractivo y seductor establecido por El Ansia, película de 1983 dirigida por Tony Scott y protagonizada por Catherine Deneuve, Susan Sarandon y David Bowie, para mostrar la irrefrenable necesidad de la bestia.
En Déjame Entrar, Oskar es un niño que sufre torturas y humillaciones a manos de los matones de su clase y que sueña con violentas venganzas. Eli es una niña solitaria que llega nueva al vecindario al cuidado de un inquietante adulto y que esconde un terrible secreto. Poco a poco ambos niños se van haciendo amigos y apoyandose el uno en el otro. Dos personajes totalmente alejados de lo usual, excelentemente interpretados por los jóvenes protagonistas, que transmiten sentimientos con miradas y emociones con monosílabos. La trágica figura del cuidador de Eli es un hermoso canto a su relación con ella, un reflejo del futuro de Oskar, así como éste es reflejo del pasado del cuidador, en una secuencia que el espectador sabe infinita en la que sucesivos cuidadores se tomarán contínuos relevos para ser más tarde será relevados también. Una película que no necesita de pirotecnias ni de secuencias de acción para contar su cruda historia y que, aún manteniendo las convenciones del género, supone un giro copernicano a la temática del cine de vampiros. En definitiva, un visionado recomendable al que, tal vez, le sobra un poco de minutaje, pero que gana en profundidad y matices con sucesivos pases.

viernes 9 de octubre de 2009

Trilogía Millenium

Ahora que la trilogía de Stieg Larsson ha sido publicada en su integridad en España, no me resisto a echar mi cuarto a espadas al respecto. Digamos desde un principio lo que ya todo el mundo acepta: la carta ganadora de Millenium reside en la capacidad de Larsson para haber creado un personaje protagonista atractivo, seductor e imbatible: Lisbeth Salander. Su personalidad y su peculiar aspecto salvan una trama que a veces se alarga en exceso perdiéndose en vericuetos rocambolescos. De otro modo las novelas de Larsson no serían más que otro best-seller de intrigas internacionales cruzado con complicadas redes familiares. Sin embargo, y de forma más importante, lo que subyace debajo de toda la obra del escritor sueco es su obsesión por denunciar el abuso sobre las mujeres en una sociedad presuntamente civilizada y avanzada. La constante en los tres libros es el menosprecio del hombre para con el sexo femenino, la forma en que se ignora a la mujer y finalmente la violencia en todas sus manifestaciones que se ejerce sobre ella.

La prematura muerte de Larsson dejó en proyecto la idea original de hacer de Millenium una saga compuesta de diez libros. Según parece, en el momento de su fallecimiento Larsson ya había comenzado a escribir la cuarta entrega y había dejado sinopsis de la quinta y la sexta. No me cabe la menor duda de que con el tiempo y tras las pertinentes pugnas por parte de sus herederos, los lectores tendremos acceso a esas partes inéditas de la historia. Pero uno no puede por menos que sentir una pequeña punzada al leer estas novelas sabiendo que nunca llegará a descubrir el desenlace final. Porque, en el fondo, lo que nuestro corazoncito sentimental quiere es conocer qué pasa definitivamente con Lisbeth y si el pichabrava de Mikael Blomkvist sienta de una vez la cabeza y con quien. Mientras tanto, disfruten del legado de este autor que ha significado un nuevo enfoque dentro de las restricciones del género negro. Que su carácter de saga inacabada no haga que dejen caer estas espléndidas novelas en saco roto.

Estamos rodeados

Escucho las noticias en la radio mientras preparo un chili con carne. Barack Obama acaba de ser canonizado con la concesión del Premio Nobel de la Paz. En España, el gobierno de Cataluña propone cambiar el nombre de las vacaciones de Navidad a vacaciones de invierno, y las de Semana Santa a vacaciones de primavera. Decido abrirme una Chimay.

Novedades musicales de la semana

Richmond Fontaine: We Used To Think The Freeway Sounded Like A River
El octavo album del cuarteto liderado por Willy Vlautin. Richmond Fontaine han conseguido las alabanzas de la crítica aunque no el reconocimiento de ventas de otros artistas encuadrados en el movimiento Alt-Country con los que se les podría comparar como Ryan Adams y Wilco. Desde Oregon, Vlautin nos cuenta historias de la vida en el filo de la gente corriente con la destreza de un narrador que ya tiene una novela publicada en su haber y una probable adaptación cinematográfica en ciernes. Canciones musitadas o atronadas con la garganta rota que dejan cicatrices en el corazón como el Springsteen de Nebraska y Tom Joad, o los últimos trabajos de Steve Earle. Un gran disco que corta como una sierra oxidada con descargas eléctricas, guitarras profundas, baterías exactas y acústicas cálidas.

Lisa Hannigan: Sea Sew
Tras este juego de palabras se esconde la voz femenina que ha acompañado a Daniel Rice en dos albumes tremendos. Un debut cargado de canciones acústicas sensibles y ricas acompañadas de una instrumentación sorprendente. Ráfagas de cello y de trompa en un disco gozoso de Neo-Folk británico. Hannigan es una cantautora en absoluto lánguida ni aburrida, sino una compositora gloriosa de música delicada y cristalina como agua pura.

The Low Anthem: Oh My God Charlie Darwin
La nueva música americana retoma ecos de Crosby Stills & Nash y Simon & Garfunkel. Canciones delicadas e instrumentación de ensueño en la línea de Bright Eyes, Elvis Perkins y, sobre todo, Fleet Foxes. Pero este trío de Rhode Island no se queda ahí y cuando se endurece remite al Tom Waits de Raindogs versioneando al Dylan más anfetamínico. Por otro lado, su vena más festiva se da la mano con el Springsteen que grabó el album de versiones de Pete Seeger con toda su parafernalia irlandesa. En su tercer trabajo The Low Anthem nos ofrecen un disco hermoso que se alza magnificente entre sus pares.

miércoles 7 de octubre de 2009

Las tiras diarias de Tarzan por fin editadas

La noticia del año. El nunca suficientemente bien ponderado editor Manuel Caldas me escribe desde Portugal para anunciarme que ya ha salido de la imprenta su libro Tarzan dos Macacos. Se trata, nada más y nada menos, que de la edición de las primeras tiras diarias en blanco y negro que dibujara Harold Foster en 1929 del personaje de Edgar Rice Burroughs, restauradas con todo el mimo que pone Caldas en cada trabajo suyo. Una oportunidad única para el buen aficionado de conseguir esta obra fundamental y con una calidad extraordinaria. La primera incursión de Foster en el comic, antes que Príncipe Valiente y previo al Tarzan dominical en color. Una maravilla inencontrable jamás publicada en el mercado español que adapta la primera novela del personaje. Libro en rústica de 72 páginas en blanco y negro, 23 x 21,5 cm. La edición es exclusivamente en portugués y vale 12.50 Euros + 2.50 de gastos de envío. El pago puede efectuarse bien por giro postal, bien por transferencia bancaria. Más información en la web del editor http://www.manuelcaldas.com/

Tamara Drewe de Posy Simmonds

Todo es muy bonito en Tamara Drewe. El dibujo de Posy Simmonds es suave; su paleta de colores, delicada; sus personajes, guapos; sus trabajos, glamurosos; su historia, amable. Uno se la puede imaginar perfectamente como una comedia romántica protagonizada por Hugh Grant, Julia Roberts y John Cusack al estilo de Cuatro Bodas y un Funeral. Demasiado bonito. Toda esa belleza gira en torno al personaje de Tamara Drewe y el terremoto que con su presencia sacude al resto de los habitantes de este comic nacido en las páginas del diario británico The Guardian y ahora publicado por Sins Entido en nuestro país. Una adaptación actualizada en forma y contenido de Lejos del Mundanal Ruido, novela de Thomas Hardy.

Tamara, detonante de la acción de esta obra coral, no sólo fascina a la pequeña comunidad en la que se introduce como un elefante en una cacharerría, sino también al propio lector. Se trata de una mujer joven, atractiva, que lleva las riendas de su vida, que hace con ella y con los que la rodean lo que le viene en gana. Ese es uno de los principales atractivos de la historia. Que la protagoniza, una mujer moderna, lejos de la típica segundona o de la compañera del protagonista. Una mujer que vive su vida sin tener que responder a nadie por ella y que sorprende muchas veces al lector por sus reacciones. Sin embargo todo resulta terriblemente conservador. Las relaciones amorosas son el motor de la historia, y la consecución de una pareja estable se ve como la solución a toda infelicidad. El objetivo supremo y único a través del cual se puede alcanzar la realización como persona. De este modo, lo que comienza como un fino estudio sobre la mentalidad de los hombres y los anhelos de las mujeres, con una gran caracterización de personajes, va derivando hacia la comedia de enredo folletinesca.

Formalmente, Simmonds se sirve de todo lo que encuentra a mano para conseguir su objetivo. Lo que quiere es, sin más, contarnos una historia y para ello se vale de cualquier método narrativo, desde el monólogo interior y los largos fragmentos escritos, hasta fórmulas diversas que profundizan en el origen literario de su obra disfrazadas de e-mails, artículos periodísticos, columnas, recortes y portadas de prensa. En cierto modo, sigue el precedente de mezcla de géneros que sentara Gil Kane con su Blackmark, pero en este caso se percibe más nítidamente que este comic está concebido para ser serializado en la página dominical de un periódico. En función de esa premisa todo encaja y funciona con plena brillantez.

El reverso de la trama principal reside en el grupo de adolescentes que la autora introduce como reflejo del lector. Al igual que este, ellos observan y son testigos de todo lo que sucede. Son el ancla en tierra con la que identificarse. El resto de personajes delata su origen en la novela victoriana y resultan demasiado elitistas. Estos chiquillos, pertenecientes a una clase mucho menos favorecida, contemplan atónitos los banales problemas de Tamara y sus amigos, y asisten en la distancia a las miserias de un mundo al que nunca pertenecerán, sin importarles realmente lo que les pasa y cómo lo van a resolver. Al final, los que de verdad dejan de importar son precisamente estos chicos. No importan en el muy presumible desenlace, no importan al resto de personajes, no importan a la autora y casi ni siquiera importan al lector, arrastrado sólo por saber si por fin el-chico-consigue-a-la-chica.

Porque esta es definitivamente la cuestión final. Si te importa lo que Posy Simmonds te ha contado. Por mucha dureza que se esconda debajo de la superficie dulzona de la historia y la forma en que está contada (en este melodrama hay varias tragedias, amigos), esa dureza sólo repercute en los que no son los protagonistas de la misma, sino en los figurantes. En la carne de cañón que rellena su mundo de ficción y nuestro mundo real. Los privilegiados actúan movidos por sus propios deseos sin reparar en las consecuencias de sus actos. Pero el lector, seducido por Tamara también quiere ver un final feliz, un fin sin preocuparse a través de qué medio llega. Vive en el espejismo de que la historia acaba como debe acabar. El lector quiere ver cómo los elegantes residentes en el mundo de Tamara Drewe consiguen finalmente el amor. Los pobres, los desclasados, los exiliados, siguen hundidos en su miseria, atascados cada vez más profundamente en la porquería. La sociedad de Tamara Drewe sigue lejos del mundanal ruido en todos los aspectos. Vive en un ambiente de celos y conspiraciones amorosas y culturales, y queda como un mundo de filigrana que se contempla en la lejanía como una reliquia. Todo es tan bonito que no es difícil imaginarle un puñetero final feliz idílico. Tan conservador como predecible.

Segunda miniserie de Solomon Kane

Sigue la buena salud de las adaptaciones al comic de las obras de Robert E. Howard. Tras el logrado The Castle of The Devil, Dark Horse anuncia una nueva miniserie de Solomon Kane para principios de 2010. Esta vez se adaptan otro fragmento inacabado del creador de Conan, Death's Black Riders, y el relato completo Rattle of Bones. Siguen pilotando la colección los competentes Scott Allie y Mario Guevara. El argumento de esta segunda miniserie supone la continuación cronológica de la anterior colección y ofrece de nuevo la ración de horror gótico, amenazas terrenales y criaturas del averno habituales en las historias del puritano Kane. La portada de adelanto, a cargo de Darick Robertson, tiene todo el sabor añejo marveliano. Si aguantan el nivel del anterior The Castle of the Devil, con este Death's Black Riders la calidad argumental y la brillantez visual están aseguradas. A la venta en los USA el 13 de enero. En España aún se espera la publicación de la primera miniserie, tal vez la veamos con el estreno de la película.

FlashForward, sobrevivir al hype

No veo la televisión. Jamás. Hace años que no encuentro en ella nada que me interese. ¿Recuerdan aquella escena de Cocodrilo Dundee? Mick Dundee llega a la civilización tras toda una vida en la más salvaje Australia. En la habitación de su lujoso hotel encuentra un televisor. "Oh, una televisión", dice "una vez vi una de estas". La enciende. "Sí", concluye, "esto es lo que vi". Y la apaga. El chiste hace referencia a la permanencia de la sit-com I Love You, Lucy en la programación norteamericana, pero a mí siempre me ha gustado interpretarlo desde mi óptica: cada vez que he encendido la televisión me he encontrado con la misma basura insoportable e indistinguible una de otra. Mis reacciones recorren una limitada gama que va del rechazo a la indiferencia. No soporto supuestos graciosos, no soporto tertulianos gritones, no soporto sesiones contínuas de anuncios, no soporto la exposición de intimidades de gente que ni conozco ni quiero conocer. Y me da cien patadas que se enriquezcan a costa de mi propia estupidez.

Lo último que vi en televisión (y antes de eso ni recuerdo qué fue lo anterior) fue el primer capítulo de Dexter atraído por el revuelo que levantó esta serie en la red. El presupuesto del que partía la historia parecía interesante. Pero se me hizo eterno. Olvidé ver el segundo capítulo. Recordé el tercero, pero no lo encontré, no sé si me equivoqué de día, de canal, o símplemente, no lo hicieron. Acabé por leerme los dos primeros libros de Dexter. A mi ritmo. Eso encaja mejor con mi forma de ser. Hoy volví a picar. FlashForward se presenta como un producto que puede enganchar al espectador, que hace que la imaginación se desboque, con un planteamiento que se puede disparar en mil direcciones posibles. Clásico en mí, he buscado la novela en la que está basada, Recuerdos del Futuro de Robert J. Sawyer. "La leo y en paz", pensé. Pero no he conseguido encontrarlo. Apuesto a que a raíz de su pase por la pequeña pantalla la reeditan.

De modo que ahí estaba yo esta noche, incómodamente sentado ante el televisor. Por si no lo saben ya, esta serie parte de una premisa inquietante: durante algo más de dos minutos toda la población de La Tierra sufre un desmayo colectivo durante el cual ven cómo será su vida al cabo de medio año. Con una estética fílmica típicamente americana, además de un misterio FlashForward plantea un abanico de preguntas existenciales: cómo viviríamos nuestra vida si supieramos lo que nos depara el futuro y en qué punto de ella vamos a estar en un tiempo, y la irremediabilidad del destino y si podemos luchar contra un camino predeterminado que sabemos a dónde va. No se trata más que una metáfora de nuestra propia cotidianeidad. Todos sabemos que vamos a morir tarde o temprano, todos sabemos lo que podemos conseguir con esfuerzo, todos sabemos que podemos recaer en errores del pasado y que podemos superarlos con voluntad, todos sabemos que en cualquier momento nos puede partir un rayo. En definitiva, que lo que hoy parece una catástrofe puede que a la larga sea para bien y viceversa.

En este primer capítulo apenas se plantea la trama y te deja con la intriga en los labios. Nos presenta a los protagonistas para que nos identifiquemos con ellos, un plantel de personajes lo suficientemente atractivos como para que nos preocupe su desenlace, y remata la faena con el tradicional cliffhanger. Dentro de la eventual sorpresa, todo bastante predecible. Un entretenimiento menor al que intentaré dar una oportunidad en el capítulo 2 si no me harto antes del bombardeo de publicidad desde el Canal Cuatro, la casa que emite la serie. Pero de aquí al martes que viene puede pasar que A) No recuerde que tengo que seguirla, o B) Consiga encontrar el libro de Sawyer. En todo caso, FlashForward no es motivo suficiente para volver a ver la tele. Pero seguro que ustedes sí que la ven. Así que, si después de cenar lo que les gusta hacer en su casa es sentarse delante de una pantalla que no sea la del ordenador, tienen peores opciones que esta. Mucho peores.

martes 6 de octubre de 2009

Watchmen, el DVD

Acaba de editarse en DVD y Blu-Ray Watchmen, la película que supone la traslación a imágenes reales de uno de los mejores comics de la historia. Eso es algo que ya sabe todo buen aficionado y no es este el momento de añadir nada más a la glosa de la obra de Alan Moore y Dave Gibbons, labor a estas alturas innecesaria por redundante. Esta edición viene con el muy cacareado montaje del director, es decir, añade a lo ya visto en la gran pantalla escenas no vistas que se supone arrojan nueva luz sobre el filme originalmente estrenado en cines. Utilizando el comic original como storyboard, Watchmen pronto se revela como una labor de adaptación imposible de una obra maestra del noveno arte laberíntica e inagotable.
El director, Zack Snyder, emplea encuadres y movimientos de cámara extraídos directamente de las viñetas de Watchmen, la profusión de fotogramas que replican los dibujos de Gibbons y el intercalado de las imágenes subliminales que introdujera Moore como mensajes complementarios a la narración, conducen toda la puesta en escena. Pero lo que nos debería interesar es si este Watchmen en celuloide se sustenta como película en sí, independientemente de su origen como historieta serializada, y sin compararla con el comic en el que se basa ni en forma, ni en resultado, ni en intenciones. Visualmente espectacular, pero oscura en su desarrollo y finalmente anticlimática, la cuestión termina siendo si esta película le interesa a alguien que no sea lector de comics y si la entenderá alguien que no haya leido el trabajo de Alan Moore y Dave Gibbons.

lunes 5 de octubre de 2009

La Leyenda de las Cuatro Sombras

Fernando Fernández es un ilustrador excepcional. Tristemente, el nivel de los guiones sobre los que ha trabajado nunca ha estado a la altura de su producción. A la vista de que a cargo de esta La Leyenda de las Cuatro Sombras estaba el excelente guionista argentino Carlos Trillo uno podría pensar que al fin Fernández había encontrado un script digno sobre el que lucirse. Por desgracia, no es este uno de los mejores guiones de Trillo. Típico producto del tiempo en que fue originalmente publicado, La Leyenda de las Cuatro Sombras es un comic con un dibujo maravilloso de técnica primorosa aguantado sobre un relato endeble que busca y encuentra todas las excusas posibles para mostrar tetas y culos. Se trata de una alegoría en clave de cuento tradicional plagado de personajes metafóricos y arquetípicos del género: un plantel de juglares, reyes, damas y brujas con caldero salen directamente del Macbeth de Shakespeare para convertirse en la comparsa de la Blancanieves de Leone Frollo. Realizado poco antes de que el ilustrador barcelonés dejase el mundo de la historieta para dedicarse plenamente a la pintura, La Leyenda de las Cuatro Sombras es su última obra extensa. Después de Zora y los Hibernautas y de Drácula, Glénat sigue recuperando el corpus de este clásico español a todo lujo y en gran tamaño. Si Fernando Fernández es su hombre, ya saben, este es el momento de completar su colección.

domingo 4 de octubre de 2009

Lobos de Donato Carrisi

En el mundo de la novela policiaca con psicópata asesino post- Millenium irrumpe este Lobos de Donato Carrisi con un título en español menos revelador que su original en italiano. El descubrimiento de seis brazos de niña enterrados en un bosque lleva al equipo liderado por el criminólogo Goran Gavila a solicitar la ayuda de la agente Mila Vasquez, especializada en encontrar niños desaparecidos. Cinco niñas han sido secuestradas, pero el hecho de que aparezca un sexto brazo y no haya habido una sexta denuncia por desaparición les lleva a pensar que la niña está viva. Comienza así una carrera contrarreloj por encontrar a la niña y descubrir al asesino. El lector encontrará puntos en común con El Silencio de los Corderos, a veces demasiado frecuentes, aunque no haya aquí un Hannibal Lecter y sí un ambiente más próximo al megaéxito Dexter.

Uno de los atractivos de esta novela es lo atípico de sus personajes, el tandem protagonista Gavila / Vasquez, que también remite en momentos a Millenium, y el ir descubriendo poco a poco que todos los caracteres envueltos en la trama esconden un secreto. Se aleja así Carrisi de la elaboración de la típica historia de psicópata asesino en serie, aunque toda la acción se encuentra salpicada de crímenes especialmente horrendos, para reflexionar sobre el bien y el mal, las figuras del autor material y del autor intelectual, y de aquellos que, conociendo los hechos, guardan silencio porque obtienen un beneficio de ello. El autor realiza agudas observaciones sobre el dolor y la pérdida a través de las carencias de sus personajes protagonistas, pues el transfondo de estos personajes es tan importante para el suspense como el misterio que esconde el asesino en sí.

A pesar de todo, algunos pasajes no quedan lo suficientemente bien argumentados y resultan poco convincentes, pero a la larga es este un pecado menor. En su desarrollo, la novela va dando mil piruetas que se multiplican según se alcanza el desenlace para incidir en la dicotomía entre los medios y los fines, con la continua paradoja de cómo a través del mal se consigue un bien y cómo de un bien deviene el mal. A lo largo de toda la novela se tienden hilos dispares y aparentemente inconexos que se entrecruzan y acaban convergiendo en un relato que mantiene al lector en tensión y en contínua sorpresa hasta el punto de hacerle aguantar la respiración y acelerar la lectura en ocasiones. Lobos es una lectura entretenida y que va al grano, llena de acción y sorpresas sin paja que distraigan del trasunto principal: quién es el psicópata, porqué hace lo que hace y qué esconde cada uno de los miembros del equipo de investigadores.

viernes 2 de octubre de 2009

Del Tebeo al Manga, 6

Por fin el esperadisimo tomo 6 de la Historia de los Comics coordinada por Antoni Guiral está en las librerías. Se trata del volumen dedicado al Comix Underground y Alternativo, un capítulo, me consta, especialmente anhelado por muchos aficionados. Se da un repaso a los primeros comics satíricos, desde las Tijuana Bibles y la revista Mad, hasta publicaciones de Rick Griffin, Victor Moscoso y Robert Crumb. Aparecen así los Freak Brothers de Shelton, la Anarcoma de Nazario y los trabajos underground del grandísimo Richard Corben. Hay ocasión para recordar revistas como Star, Creepy, El Víbora y Metal Hurlant. Se estudian obras esenciales como el Maus de Art Spiegelman, Love and Rockets de los hermanos Hernández y la producción de nuestro Max. No faltan ni Peter Bagge, ni Scott McCloud, ni Chris Ware. Hay una mirada para los primeros pasos de Alan Moore y los últimos de Daniel Clowes y Charles Burns. Una visión completísima que alcanza hasta los recientes Posy Simmonds, Seth y Ralf König. En definitiva, una enciclopedia fundamental, imprescindible para todo aficionado que desee profundizar. A disfrutarlo.

Novedades Musicales

7 Worlds Collide: The Sun Came Out
Neil Finn
se ha rodeado de un grupo de amigos para grabar otra joyita pop. Junto a gente de Radiohead y Wilco, sus hermanos Tim y Liam, Johnny Marr, Lisa Germano y KT Tunstall, entre otros, ha reformado el colectivo 7 Worlds Collide, con los que ya publicó un album en directo en 2001. En su aventura de estudio, en la que todos los participantes tienen su parcela para lucirse, suenan como si Crowded House se hubieran reunido para homenajear los grandes éxitos de George Harrison, Paul McCartney y John Lennon en solitario. Después de tantos años en primera línea, Finn sigue en forma y con ganas de experimentar sin anquilosarse. Un músico genial e infravalorado. El Sir Macca neozelandés.

Edward Sharpe & The Magnetic Zeros: Up from Below
Los Arcade Fire de esta semana. Sí, las voces son parecidas, las composiciones similares, los arreglos muchas veces idénticos ¿y qué? Este disco está muy bien hecho y tiene más ímpetu que el, por otro lado absolutamente espléndido, Funeral de los de Quebec. Otras veces recuerdan a Polyphonic Spree y rellenan su trabajo de melodías exultantes como Steve Harley & Cockney Rebel en sus momentos más ampulosos. Así que ya saben, si les gustan los Arcade Fire más eufóricos y los echan de menos...

Melody Gardot: My One and Only Thrill
Melody Gardot
fue atropellada por un Jeep cuando paseaba en bicicleta por las calles de su Filadelfia natal. El accidente la dejó con la pelvis destrozada y daños en la columna vertebral que la confinaron en un hospital durante un año. Su médico le recomendó que hiciera terapia musical para ayudar en la rehabilitación de las funciones dañadas de su cerebro. Fuera lo que fuera eso, La Gardot comenzó a componer música en la vena de las grandes divas del jazz vocal. Como consecuencia, nos llega ahora su segundo larga duración repleto de melodías aterciopeladas a medio camino entre el primer disco de Norah Jones y el penúltimo de Madeleine Peyroux. Nunca será de consumo de masas, pero es un secreto a voces para paladares exquisitos y oídos afilados. Para fans de Peggy Lee y/o las tardes lluviosas.

Múm: Sing Along to Songs You Don't Know
Otro combo que llega desde Islandia dispuesto a demostrarnos que en el país ártico sólo se hace música para duendecillos y seres encantados. Canciones que nos recuerdan a las de Isobel Campell en Belle & Sebastian, coqueteando con los experimentos sonoros de The Flaming Lips y los momentos más etéreos de Sigur Ros. La electrónica, los arreglos orquestales y los delicados juegos vocales se dan cita en un disco exultante y ensoñador que, ay, acaba haciéndose demasiado largo.

Prefab Sprout: Let's Change the World with Music
A Paddy McAloon su discográfica le rechazó esta colección de canciones cuando se la presentó hace unos años y no es difícil adivinar porqué. Le'ts Change the World with Music ofrece más de lo mismo. Buenas melodías clásicas, una producción cuidada y cristalina, un ambiente sedoso y relajado. Y ni un hit en potencia. Ya no hay más Cars and Girls ni más King of Rock 'n' Roll. Si en su momento sus ventas ya iban cuesta abajo, este disco no las iba a hacer remontar. Ahora que por fín se han decidido a lanzarlo, es seguro que no conseguirá nuevos adeptos. Pero si es usted un convencido, también es seguro que ya lo tiene en sus manos. Para su audiencia de siempre.

jueves 1 de octubre de 2009

Corrección política y papanatismo

- Has estado unos días sin actualizar el blog.
- Oh, me he ido de viaje a Gerona.
- Querrás decir Girona.
- No. Quiero decir Gerona. Si hubiera dicho "M'en anat de viatge a Gerona" lo estaría diciendo mal. Pero no estaba hablando catalán, estaba hablando en castellano. No entiendo esa absurda costumbre de hablar la mitad de una frase en un idioma y la mitad en otro.
- Es que su nombre es Girona.
- Es probable. Pero insisto en que es surrealista decir "El Rey se ha reunido con el President del Govern de la Generalitat". Jamás se nos ocurriría decir "El Rey se ha reunido con el President de los United States".
- No es lo mismo, en España hay varios idiomas y no respetar cómo se llama un lugar en su lengua propia es imperialista y fascista.
- Pero es que todos los paises y ciudades importantes tienen su traducción a cualquier idioma. Lo contrario es aldeanismo. En español no dices London, sino Londres, no dices New York, sino Nueva York, y ni mucho menos dices Deutschland, sino Alemania. Los topónimos se llaman de una forma en la lengua que se habla en ese sitio, pero tienen su traducción a otros idiomas. Jamás dirías München, ni Milano, ¿Cómo llamarán a Egipto los egipcios? ¿Y cómo se dice Rusia en ruso? ¿Dicen Marruecos los marroquíes? Hasta La Tierra se llama así en español, pero en inglés es The Earth, en francés La Terre, a saber cómo se dirá en japonés, cómo la llamaran en Madagascar... es absurdo que digamos Ourense si no hablamos en gallego, o que digamos Donostia si no hablamos vascuence. Es ridículo.
- Pero es que su nombre es Girona.
- ¿Sabías que Rafael Sánchez Ferlosio dijo que nunca se convence a nadie de nada?

Nuevos discos de Sidonie y de Pereza

Sidonie: El Incendio
Sidonie
se han hecho adultos. Siguen con sus influencias sixties, pero esta vez nos llegan menos psicodélicos aunque igualmente interesantes. La banda ha declarado que no quisieron escuchar nada de música mientras duraba el proceso de creación de su nueva obra para no sentirse influídos en absoluto, pero todo el disco destila un tufillo que les aproxima a The Last Shadow Puppets, el grupo paralelo que se montó Alex Turner de Arctic Monkeys con Miles Kane, su socio de The Rascals. Melodías que van desde el Country-Rock más anglófilo hasta un saqueo descarado del Dylan clásico del 65. En la onda de The Beatles de Magical Mystery Tour despojados del trip y los Badfinger de No Dice menos power y más pop. Unos Sidonie sin complejos cantando canciones de amor. Pónganse el cd en el coche y acabarán cantando con ellos antes de llegar a casa.

Pereza: Aviones
Los madrileños siguen distanciándose de sus tendencias a ser un cruce entre Hombres G y Tequila para niñas pijas a las que les van los chicos malotes. Aunque en sus momentos más comerciales puedan pasar por un Canto del Loco más canallas y con mejores letras, en esta nueva entrega nos ofrecen un rotundo disco de Country-Rock californiano dominado por los tiempos medios y suaves baladas inteligentes y sin babas. Todo ello escarchado con una producción que les acerca a Jackson Browne, James Taylor, The Eagles, Roger McGuinn, Los Secretos, Andrés Calamaro y (¡pásmense!) The Traveling Wilburys. Buena compañía para un disco de pop español muy digno.

Big Star ya tienen su Boxset

Hace unos años, Big Star eran el Santo Grial del connoisseur, el nombre que había que mencionar para ser hip, esa banda reservada sólo a enteradillos e inquietos. De un tiempo a esta parte Big Star, como Nick Drake, se han convertido en otro clásico asumido, parte de la Sagrada Trinidad de la B junto a The Beatles y The Byrds.

Keep an Eye on the Sky es una espléndida caja de 4 cd's que recoge toda la trayectoria de la banda, desde sus primeros pasos por separado hasta su disolución definitiva en 1974. Quedan excluídas las andanzas sesenteras de Alex Chilton al frente de los resultones Box Tops, los trabajos registrados por el propio Chilton antes de unirse a Big Star, recopilados en un cd de difícil localización llamado 1970, y la posterior y errática carrera en solitario de éste.

Tenemos así los tres trabajos oficiales del grupo de Memphis, canciones grabadas por Chris Bell antes de comenzar su andadura al frente de Big Star y retazos de su disco en solitario, I Am the Cosmos, en el que colaboró Chilton a la vez que se peleaba con el tercer disco de Big Star ya sin Bell. Lo mejor del lote queda para la cosecha de tomas alternativas e inéditos, como la demo de Downs, la canción que Chilton se dedicó metódicamente a sabotear en su edición oficial después de que un ejecutivo de su discográfica, al escuchar esta demo, dijese que el tema demostraba un gran potencial comercial.

Completa la caja un concierto de la desastrosamente planeada gira de 1973 como teloneros de Archie Bell & The Drells ante una audiencia entre desconcertada e indiferente, que revela un sonido engrasado y un sólido repertorio interpretado por una banda en plenas facultades pero humilde y titubeante ante la frialdad de un público que no deja de chismorrear. Big Star eran un grupo de máximos: las canciones más tristes, la más emocionantes, las más tiernas, las más rockeras. Si no los conocen, esta es una inmejorable oportunidad. Si ya los aman, no querrán dejar pasar de largo el yacimiento de rarezas que arrojan nueva luz sobre una banda que estaba destinada a ser una Gran Estrella, pero que lució demasiado pronto y ardió demasiado rápido.